Lebrija es una gran opción siempre para quien quiera vivir el flamenco de una forma solemne y emotiva. Este territorio histórico sigue contando con una gran actividad y, sobre todo, con un colectivo de aficionados numeroso y representativo, desde los veteranos a los más jóvenes. Un pulmón para este arte en este pueblo es la Peña Pepe Montaraz, cuyo titular falleció el pasado mes de febrero, por lo que es la primera Giraldilla Flamenca que se celebra sin su presencia.
Muy agradable la temperatura, las terrazas de los bares llenas y un partido de fútbol con el Real Madrid a la misma hora del recital de Jesús Méndez, quien inauguró la 36ª edición del ciclo. El propio cantaor me comentó que dudaba del respaldo con el que contaría en esta ocasión, porque ante estos partidos tan importantes se paraliza todo. Por suerte, sus presagios no se cumplieron y la céntrica entidad lebrijana se llenó hasta la bandera. No se cabía en el amplio salón de actos. Y el cantaor jerezano contó con el abrazo de Lebrija con Inés Bacán como principal invitada por el reconocimiento que recibirá el próximo domingo.
«Jesús Méndez es infalible aunque no se acomoda, mide su garganta y medita sus intervenciones, siempre con su bravura de casta que es incontrolable y que lo hace especial. Con la soleá demostró tener poso en conocimientos y dominio de los altos y bajos del metal»

Otros compañeros fueron a darle calorcito como el propio José Valencia, Anabel Valencia, Isabel Malena, Curro Vargas, Juan Diego Valencia, Manuel Valencia, la joven bailaora Paula Vargas… Tampoco faltó el delegado de Cultura, Pepe Martínez. Antes del recital, el patio de geranios servía de espacio de encuentro y tapeo previo, reconociendo lo agradable que se está allí. Arriba, en la azotea donde en verano se llevan a cabo numerosas actividades de la Caracolá, los artistas esperando el aviso del presentador. «Esto está lleno, Jesús», le dije para que se olvidara de sus pronósticos.
El cantaor, entrando en su perfil, es una primera figura que habitualmente es admirado por donde pasa y en Lebrija no iba a ser menos. «Me voy a dejar la voz», afirmó después de iniciar por toná. Es infalible aunque no se acomoda, mide su garganta y medita sus intervenciones, siempre con su bravura de casta que es incontrolable y que lo hace especial. Con la soleá demostró tener poso en conocimientos y dominio de los altos y bajos del metal. Ya ahí el público notó la temperatura. Emocionó con la malagueña del Mellizo y por tientos y tangos, con esas inspiradoras letras de Luis de la Pica o La Paquera.
Se adentró en la seguiriya, donde se terminó de romper con la cabal del Sernita: «desde la Porverita…». Tanda por bulerías que es buque insignia de la casa y motor del ánimo de la vida. Vicente Santiago estuvo acompañándolo a la guitarra, cada vez más seguro, convincente, certero y libre. Compás a raudales con Tate Núñez y Diego Montoya. «¡Otra!», le pidieron. Pues dos fandangazos acholataos para poner una nota altísima al comienzo de un ciclo que contará con grandes voces hasta el sábado. Jesus está en un momento cumbre, hay que reconocerlo. ♦



























































































