El Festival Guirijondo, la cita con los flamencos del mundo de Palomares del Río (Sevilla), avanzó este jueves en su cuarta edición con una jornada que dejó momentos de gran flamencura y, sobre todo, un estupendo ambiente de convivencia sana y desenfadada. Los flamencos del mundo no vienen a esta localidad con la angustia propia de quien va a pasar un examen, con el manido hándicap de no llevar la jondura en la masa de la sangre, sino dispuestos a disfrutar y a hacer disfrutar compartiendo su arte. Saben que el trabajo más duro, el aprendizaje y el perfeccionamiento, ya lo han hecho, y que sus avales son la honestidad y el amor por esta música universal.
Tyler Barbour
El encargado de abrir la tarde fue Tyler Barbour, estudioso californiano y colaborador de ExpoFlamenco, que presentó en el marco del festival su libro Los escritores y el flamenco. La lucha antifranquista (1967-1978), publicado por la Universidad de Cádiz. El salón de plenos acogió esta charla en la que Barbour explicó que “la idea de escribir este libro partió de la siguiente hipótesis: la contribución de los artistas flamencos a la construcción de la democracia ha sido insuficientemente abordada desde un punto de vista académico. Por tanto, he intentado subsanar en parte esta carencia y demostrar que los escritores fueron imprescindibles para llevar al flamenco por el camino de la lucha antifranquista”.
“En primer lugar, las coplas que he tratado fueron escritas por disidentes políticos y cantadas en lugares especialmente problemáticos para los altos cargos del régimen franquista, como el ambiente universitario de Madrid”, prosiguió. En segundo lugar, hubo varias obras de teatro con un marcado compromiso ideológico en las que el flamenco se estableció como el núcleo de su lenguaje escénico, y las letras cantadas en estos espectáculos también fueron concebidas sobre un soporte escrito. Y en tercer lugar, la trayectoria de esas letras se vio engrandecida gracias a la cobertura periodística de una de las revistas más emblemáticas de la lucha antifranquista: Triunfo”.
“No quiero exagerar, por eso mismo debemos aclararlo desde el inicio: estamos hablando de una minoría de artistas del flamenco y de una minoría de escritores”, concluyó. Como guinda al acto, el autor sacó la guitarra, delante incluso de un maestro como Paco Peña, y se atrevió a dar unas pinceladas de su toque flamenco para acabar invitando a los asistentes a cantar con él el Blowin’ in the wind de Bob Dylan.

Paco Peña, el pionero en Róterdam
La siguiente convocatoria de la tarde se desplazó al Teatro Municipal Carlos Álvarez-Nóvoa, donde el director de Guirjondo, Manuel Bohórquez, mantuvo una animada conversación con el guitarrista Paco Peña, toda una leyenda de la bajañí en Europa. Cordobés de 1942, a finales de los años sesenta se trasladó a Londres, donde consolidó su carrera y se convirtió en una figura internacional del flamenco. A partir de 1970 forma su propia compañía de danza y flamenco con la que actúa en todo el mundo, y en 1985, tras conquistar el premio Ramón Montoya en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, aceptó la oferta sin precedentes de crear y dirigir una cátedra de flamenco en el Conservatorio de Música de Róterdam.
“Que te aplaudan en todas partes del mundo haciendo lo que haces es una maravilla”, confesó el tocaor, quien evocó la aventura de Róterdam así: “Ya me conocían en Holanda, y quisieron invitar al flamenco al conservatorio, diciendo que sus cursos de guitarra podían beneficiarse mucho. Al principio me asusté y les dije que no, pero al final nos pusimos manos a la obra”.
Peña reconoció no sentirse especialmente valorado en España, aunque nunca ha perdido el contacto con su Córdoba natal ni con el país. Por último, sobre la importancia del conocimiento del flamenco en el mundo. “Estoy muy comprometido con eso, me llena de gratitud y orgullo si el público me escucha en silencio absoluto. Yo no hago el flamenco bonito, trato de que duela como siempre nos ha dolido. Y encuentro mucho respeto. Sigo en activo y viviendo en Londres, aunque esté aquí cada dos por tres… Todavía no me ha llegado el momento de escoger dónde vivir”.

Lola Yang, el ‘aje’ de la China
Tratándose Guirijondo de una cita tan flamenca como internacional, pocos recitales tan mestizos y sugestivos como el de la guitarrista china Lola Yang y el cantaor Manuel de la China, acompañados de la bailaora Malena Alba Kuroiwa, mitad japonesa y mitad española, y el bailaor griego Antonio Andreu, bajo el elocuente título Guiris con aje.
Criada en Shanghai, hija de un padre filósofo y una madre pianista, se graduó en el conservatorio de Toulon (Francia) para sumergirse de lleno en la cultura flamenca. Desde entonces, ha acompañado a múltiples artistas y se ha embarcado en todo tipo de proyectos, además de ser profesora en el colegio San Francisco de Paula. Hace poco la veíamos en el Festival de Esch (Luxemburgo) acompañando con una acentuada vis cómica a José Galán e Inma La Carbonera en el espectáculo El jorobado de Sevilla.
Pero esta vez le tocaba estar en el centro, bajo el foco. Dos piezas de guitarra y baile inspiradas, según la propia Lola Yang, en antiguos maestros como Dolores Vargas y Melchor de Marchena, dieron paso a una zambra de cosecha propia y una seguiriya que de nuevo se miraba en el espejo del citado dúo, para concluir con la sorpresa de la noche, Lola arrancándose a bailar el cante de Manuel de la China y el toque de Javi Gómez, para rematar con un fin de fiesta lleno de energía y buen humor.
El baile desnudo María La Serrana
Nacida en el Líbano, recriada en un pueblo de los Países Bajos, María La Serrana vio como el flamenco se cruzaba en su vida cuando contaba solo tres años, durante unas vacaciones con su familia. Desde entonces, todo su sueño fue convertirse en bailaora, para lo cual hubo de completar una larga formación que comenzó con el ballet clásico. Con 24 años se mudó a Sevilla, donde bajo la tutela de los Farrucos acabó de confirmar su vocación y de dar forma a su baile.
La artista, que actualmente gestiona el tablao Flamenco Esencia de Triana, trajo a Guirojondo su propuesta Desnuda, título que –bromeaba en petit comité– esperaba que no indujera a engaño, porque no pensaba mostrar un centímetro de su piel. Sí despojó su alma de todo artificio en una puesta en escena en la que se lució por taranto por zambra y por soleá, y en la que se hizo acompañar de Luis Amador, su mano derecha habitual, y dos cantaores sobresalientes como Juan José Amador y Pepe de Pura que la llevaron en volandas. ♦




























































































