Que nadie me ha regalao na,
tengo to lo que yo he ganao
que nadie regala na,
he llegao donde he llegao
y quiero llegar a más,
por mi mare lo he jurao.
(Fandango)
Son veinte años de su ausencia y es de justicia recordar a la Rocío Jurado (Chipiona, Cádiz, 1943 – Alcobendas, Madrid, 2006), y especialmente a la mujer cantaora de sus inicios. Con algunos premios de concursos flamencos en el bolsillo, como el que ganó en Jerez de la Frontera cuando solo tenía 16 años. La adolescente se marcha a Madrid, de la mano de su madre, con algunos cantes aprendidos en su garganta y mucha vida por descubrir. La muerte de su padre la impulsó por aquellos entonces a buscar el sustento de la familia y, a la vez, su salto al estrellato, en la capital de España donde tantos cantaores y aficionados emigraron a buscar fortuna.
¿Cómo serían aquellos años de la joven Rocío en el tablao de El Duende, regentado por Pastora Imperio? Rocío Jurado empezó trabajando como palmera en ese tablao, demasiado niña, teniendo que esconder su verdadera edad para evitar el peso de la justicia. No tardaría en estrenarse como cantaora, pues difícilmente pasaría desapercibida la belleza de su voz, con palos clásicos del flamenco como los tientos, tangos y bulerías, que combinaría con cuplés y copla, a veces del repertorio de la misma Pastora Imperio. Como compañera en aquellos inicios tenía a la festera, cantaora y bailaora La Cañeta de Málaga.
Su paso al espacio mucho más comercial de la copla tampoco tardaría en llegar, para alejarla del tablao y del flamenco, y para iniciar una fulgurante carrera y el reconocimiento internacional. Sin embargo, en el corazón de Rocío Jurado siempre se mantuvo encendida la llama del flamenco aprendido en su infancia, aquel que mamó en el seno familiar, y que llevó consigo hasta sus últimos suspiros. Así nació el disco Por derecho, editado por el sello discográfico RCA, originalmente en el año 1979 y presentado en el seno de la Cátedra de Flamencología de Jerez, siendo ya la artista una voz internacionalmente reconocida en la copla, además de en otros estilos musicales como los boleros y las baladas, tan de moda y tan comerciales en aquellos momentos. Rocío fue esa gran cantaora y cantante capaz de fusionar las corrientes musicales contemporáneas gracias a sus portentosas capacidades y aptitudes.
Grabar el disco Por derecho fue una necesidad de reafirmación de la artista flamenca y una prueba para la historia de sus capacidades cantaoras clásicas, por si hubiera alguna duda de su conocimiento y del dominio de los estilos tradicionales del flamenco, pues la más grande nunca olvidó sus raíces, su esencia y, lo más importante, las capacidades de una mujer que hacía vibrar al mundo con el poderío de su voz y sus maneras interpretativas. Con este disco dejaba dentro de su amplia discografía una prueba irrefutable de ser una cantaora por derecho propio, además de una artista completísima que la vida llevó a otros escenarios y otros públicos para el disfrute de sus millones de seguidores en todo el mundo.
«Grabar el disco ‘Por derecho’ (1979) fue una necesidad de reafirmación de la artista flamenca y una prueba para la historia de sus capacidades cantaoras clásicas, por si hubiera alguna duda de su conocimiento y del dominio de los estilos tradicionales del flamenco. La más grande nunca olvidó sus raíces, su esencia y, lo más importante, las capacidades de una mujer que hacía vibrar al mundo con el poderío de su voz y sus maneras interpretativas»
Por derecho contiene 19 pistas con cantes por alegrías, bulerías del Piliya, tarantos de Jaén y Almería, fandangos, tientos, bamberas, sevillanas, romeras, media granaína, tangos de Triana, livianas y seguiriyas de María Borrico. Una selección de palos hábilmente ilustrados con letras del magnífico Antonio Murciano, quien no solo llenó de poesía el disco, sino que diseñó a la medida de Rocío Jurado letras propias para que ella las luciera. A la guitarra, contó con grandes nombres de la sonanta que no harían otra cosa que engrandecer aún más su cante, como Enrique de Melchor, Niño Ricardo, Paco Cepero y el propio Melchor de Marchena.
Con ese disco, dejaría Rocío Jurado más de una crítica silenciada, pues su sentimiento en el cante, su capacidad de transmisión pura y sus hechuras tan flamencas quedaron impresas para la historia. Es indudable que las grandes dotes musicales de Rocío Jurado y su facilidad para hacer propios los cantes solo podían dar de sí 19 piezas flamencas de magnífica ejecución, claridad vocal, dominio del compás, capacidad expresiva, afinación exquisita e interpretación de las letras como ella hacía siempre, dando todo de sí misma, hasta hacer que el público sintiera con tanta intensidad como ella lo hacía. Es indiscutible que era la gran señora de la expresividad emocional en la copla, y con la misma generosidad lo imprimía en sus cantes.
Años más tarde decide grabar un doble LP bajo el título Mi cante flamenco. Compuesto por 39 pistas que albergarían alegrías (1), tientos (5), fandangos (7), rumbas (2), guaracha flamenca (1), malagueña (1), sevillanas (4), jabera (1), zambra (1), villancicos (3), saetas (4), rock flamenco (1), tonadilla (1), pasodoble (1), cantos Romeros (2), lamento (1), canción (1) y carnavalito (1). Un disco recopilatorio en el que Rocío, la Jurado, nos dejaba prueba de cuanto ella había producido, de su diversidad y de sus orígenes, de su alma y de su realidad, de quien fue y hacia dónde se encaminaba.
El mercado comercial de la época, las grandes discográficas, los grandes escenarios, el cine, la televisión y las grandes giras por el mundo alejaron a Rocío Jurado de los escenarios flamencos en el más estricto sentido, para convertirla definitivamente en una reina de la copla, y de otras fórmulas musicales mucho más comerciales que ella supo fusionar prodigiosamente en sus repertorios, privándonos así de una cantaora de excepcionales facultades que nunca pudo llegar a alcanzar el gran recorrido que hubiera sido deseable en largura de palos, de estilos y de letras. Pero que vivió sintiendo y conmoviéndose con el flamenco como pocas artistas y que siempre aceptó un envite para cantar flamenco en cuantas ocasiones se presentaron, para deleite de quienes estuvieron cerca de ella.
El fandango de Antonio Murciano, que inicia y culmina este breve homenaje a una inmensa estrella de la música española, resume con clarividencia y las palabras justas quién fue la Rocío Jurado cantaora, la gran profesional y reina de la copla. Una artista hecha a sí misma e idolatrada por el mundo, que a nadie le debió nunca na.
Para triunfar en esta vía
no es necesario envidiar
para triunfar en esta vía
lo que hace falta es reaños
y ganas de tragar
y vengan años y años.






















































































