El profesor sevillano Antonio Plaza Orellana es licenciado en Ciencias biológicas por la Universidad de Sevilla y titulado superior en el Conservatorio de Música Manuel Castillo. Cursó el programa de doctorado Estudios avanzados de Flamenco y tras defender con éxito su tesis ha publicado numerosos artículos sobre la relación entre la lírica flamenca, la lírica popular y la culta poesía de cantares. Desarrolla su labor profesional como docente en enseñanza secundaria.
Me acerco a su libro con comentarios propios y algunas respuestas del autor a preguntas relacionadas con el mismo y con su afición al flamenco. Personalmente, tengo la suerte de haber seguido este trabajo, a través de mi participación como profesor en el citado programa de doctorado de la Universidad de Sevilla, ya desaparecido hace unos años y del que llegué a ser coordinador. Una etapa en que aprendí mucho de los doctorandos y de los compañeros doctores.
Considero que es una magna obra su tesis doctoral, amplia de páginas y de contenidos necesarios para conocer mejor el surgimiento y desarrollo del flamenco en su aspecto literario, del soporte lírico del cante. Grande, pues, en lo físico, de extensión, y en el contenido, una obra de consulta fundamental. Fue dirigida por los profesores David Florido del Corral y Rocío Plaza Orellana.
Mi enhorabuena y quedamos a la espera de la publicación de los siguientes tomos en la colección de flamenco de la citada universidad, cuyo enlace pueden consultar aquí.
La idea de la obra surgió a partir del consejo orientador del tribunal de tesis, que, tras su defensa, consideró oportuno la publicación de la misma. Comenta el autor: «Dada la extensión del trabajo de investigación consensué con los directores la publicación fragmentada en tres volúmenes, que siguen un orden cronológico, y este es el primero».
Destaca y es patente la riqueza literaria que tenemos en este campo literario de los cantares, de los cancioneros. Resume Plaza: «Aunque el flamenco se ciña a poco más de dos siglos, cuando una cantaora o un cantaor apunta un cante, está expresando ideas ancestrales. Analizar las pequeñas variaciones de una misma copla que ha sido a lo largo de los siglos mote, folia, tirana, malagueña o rumba, aporta mucha información simbólica del nuevo contexto estético que la cobija, y a partir de esas adaptaciones a los estilos flamencos, he tratado de perfilar algunos elementos de su universo».
«La relación que existe entre la lírica popular, las coplas y los orígenes históricos del flamenco está aquí estudiada con detalle y con actitud científica sin olvidar la parte divulgativa, a lo que ayuda la constante presencia de letras comparando su presencia en cancioneros y flamenco o diversos esquemas y cuadros de resumen»
Es difícil resumir cómo se produjo el trasvase de los cancioneros al repertorio de letras flamencas. Es no solo necesario para la investigación del flamenco, pues no olvidemos que la lírica que contienen las letras son un aporte básico y rico en matices, sino que, como indica el investigador, «el flamenco como vemos es parte de un continuo. La oralidad es la premisa que enarbolan muchos de los cancioneros, principalmente los del XIX, que quieren reivindicar el concepto romántico de “popular”. Los importantes estudios pioneros de Demófilo mantienen la transmisión oral, pero se desmarcan hacia un contenido exclusiva o pretendidamente “flamenco” o “gitano”. La investigación demuestra que la mayoría de los cancioneros es cierto que tienen un desarrollo memorístico, pero también son refundiciones de un material que fluctúa de un cancionero a otro, es decir, es literario, y que en ocasiones llega a mantener vivas coplas que nunca fueron populares. Luego está el cancionero como fuente directa para facilitar la inspiración de intérpretes, motivación principal que expresó Don Preciso en su colección, y que tiene esa validez desde 1799 hasta Enrique Morente, de ahí las reediciones continuas de la obra. La búsqueda de nuevos horizontes en el flamenco renueva continuamente este material antiguo a partir de los cancioneros, como te comentó Antonio Mairena, y además han sido una herramienta indispensable siempre, como comprobamos en las producciones de Blas Vega, Grande, Murciano, Caballero Bonald, Domínguez, etc.».
Por la alusión, de Enrique les dejo este cante por malagueñas con Pepe Habichuela, jóvenes los dos aquí:
La relación que existe entre la lírica popular, las coplas y los orígenes históricos del flamenco está aquí estudiada con detalle y con actitud científica sin olvidar la parte divulgativa, a lo que ayuda la constante presencia de letras comparando su presencia en cancioneros y flamenco o diversos esquemas y cuadros de resumen. Comenta Antonio Plaza: «Es difícil precisar cuándo estas piezas de metro breve se interpretarían con una intención artística parecida al actual flamenco, concepto que por ahora se reconoce en la década de 1840, periodo que abarco en el segundo volumen. En este primer volumen dieciochesco reconocemos seguidillas, tiranas, caballos, malagueñas o polos, pero desconocemos lo más importante: su contexto interpretativo. En este primer volumen no apreciamos el calificativo “popular”, prima el estilo musical, el metro y el carácter, triste o alegre».
Al autor le viene la afición al flamenco de la presencia en su familia, aparte de que su hermana Rocío ha desarrollado una gran labor en la investigación, siendo referente en este campo, y lo animó a seguir sus pasos. Sigue siendo, nos dice, «consumidor» del cante, y lo abarca en los nuevos formatos digitales. Y concluye sobre su barrio sevillano: «Además, tengo la suerte de vivir en un barrio con numerosas peñas y tertulias que me permiten disfrutar en vivo de los artistas consagrados, las nuevas generaciones, y los inclasificables».
No se pierdan, pues, este libro. Sean investigadores y/o aficionados gozarán de estos profundos análisis interdisciplinares y disfrutarán con lo que en realidad es también una amplia y amena antología de cantares, cantos y cantes. Y sabrán mucho más sobre ese proceso, general en el flamenco, de la gestación y desarrollo de las letras de los cantes a partir de aportaciones de otros ámbitos.
→ Antonio Plaza Orellana, El legado en el flamenco de los cancioneros de tipo tradicional desde 1761 a 1808, Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2026.





















































































