Muchos guitarristas nos hemos preguntado por qué Manuel de Falla solo escribió una pieza para guitarra en toda su producción musical. Conociendo su amor por la música española, se echa de menos más presencia de la guitarra en la obra del genio gaditano. Lo mismo podemos decir de Albéniz, o Granados, quienes no escribieron un solo compás de música para guitarra, a pesar de inspirarse en ella.
Menos mal que grandes guitarristas se han encargado de llevar a las seis cuerdas muchas de las obras de estos grandes compositores, donde suena de maravilla. En algunos casos, incluso adquieren un carácter más auténtico, ya que muchas de ellas están inspiradas en la guitarra, y en músicas que se tocaban con la guitarra, como es el caso del flamenco y músicas tradicionales como seguidillas, jotas y fandangos. Cañizares se atreve con una de las obras más emblemáticas de Manuel de Falla: Noches en los Jardines de España. Y lo hace con nota.
Concebida inicialmente en 1909 como una serie de cuatro nocturnos para piano, le llevaría al maestro seis años de trabajo, concluyéndola en 1915. El afán de perfeccionismo de Falla era tal, que le obligaba a estar continuamente revisando sus creaciones, incorporando retoques de última hora, incluso el día del estreno en algunas ocasiones. La obra Noche en los Jardines de España incorporará finalmente orquesta y la estrenaría su amigo, el pianista José Cubiles, en el Teatro Real de Madrid el 9 de abril de 1916. La forma final tendría tres movimientos, eliminándose algunas partes que se integrarían en otras obras, como el Nocturno de Cádiz, que formaría parte de El Amor Brujo, estrenada en 1915, y de Atlántida, siendo Noches más bien una especie de poema sinfónico, que un concierto para piano y orquesta propiamente dicho.
«Cañizares adorna el discurso musical de Manuel de Falla con colores nunca escuchados. Igualmente acentúa las partes inspiradas en zambras dando un protagonismo necesario al ritmo, y canta con la guitarra las melodías que el piano evoca desde la inspiración del cante flamenco de la malagueña»

Adaptar esta obra a un instrumento como la guitarra es un asunto complejo y muy delicado. La guitarra no tiene el volumen sonoro del piano y, por ello, debe amplificarse si se quieren tener garantías de que pueda escucharse con claridad. Esto podría suponer un cambio en el timbre natural de la guitarra, siempre a la expectativa, además, de contar con un buen técnico de sonido, claro, en ocasiones difícil de conseguir. Por otro lado están las técnicas propias del instrumento, que no siempre pueden llevarse de uno a otro. A la inversa ocurre lo mismo, la técnica propia de la guitarra impide lograr los mismos efectos sonoros en otros instrumentos, pongamos por ejemplo el famoso rasgueado de las cuerdas de la guitarra, imposible de realizar en un piano. La audacia del transcriptor o arreglista, que no puede simplemente reducirse a solo transportar la música a otro instrumento, será la característica de mayor valor en este proceso y, por ello, lo más importante. Esa será la parte que permitirá disfrutar de la belleza de la composición original en un instrumento no concebido inicialmente para su interpretación.
Hay que decir que Juan Manuel Cañizares (Sabadell, 1966), premio nacional de música 2023, ha realizado una adaptación magistral. Sacándole partido a la guitarra por medio de técnicas del flamenco, como el rasgueado o aplicando sonoridades de estilos como la taranta, que incorpora a una parte de la obra que está compuesta en modo de fa# frigio, añadiendo las disonancias típicas del estilo, surgidas de las cuerdas al aire de la guitarra. Cañizares adorna el discurso musical de Manuel de Falla con colores nunca escuchados. Igualmente acentúa las partes inspiradas en zambras dando un protagonismo necesario al ritmo, y canta con la guitarra las melodías que el piano evoca desde la inspiración del cante flamenco de la malagueña.
La obra está llena de citas a músicas que nos recuerdan por ejemplo al zorongo, las estructuras rítmicas de los fandangos, el modo frigio de los cantes flamencos y populares, cantos de jota; pero también incorpora elementos de la llamada música impresionista, en el color orquestal, la escala de tonos enteros, escalas cromáticas. Todo está recogido por la guitarra de Juan Manuel Cañizares, que interpretó de forma magistral en su instrumento el espíritu de la obra de Falla, sin que pierda un ápice de carácter. La Orquesta dirigida por Salvador Vázquez arropó con gusto la guitarra de Juan Manuel, completando el concierto con una segunda parte en la que se interpretaron fragmentos de obras de Manuel de Falla, Interludio y danza de La vida breve, donde destacó el solo de castañuelas del bailarín del Teatro de la Zarzuela de Madrid José Rabasco Aguilar, con gran dominio rítmico y expresivo, y Suites nº 1 y nº 2 de El sombrero de tres picos.
Una delicia de concierto el del miércoles 8 de julio, y un gran acierto por parte del Festival de la guitarra de Córdoba, que en su 45 edición arriesga con propuestas de este tipo, muy necesarias por cierto, para no caer en la monotonía de lo de siempre.
Ficha artística
Manuel de Falla. 150 Aniversario (1876- 1946) – Noches en los jardines de España
Juan Manuel Cañizares y la Orquesta de Córdoba
XLV Festival de la Guitarra de Córdoba
Gran Teatro de Córdoba
8 de julio de 2026
Transcripción para guitarra: Juan Manuel Cañizares
Dirección Musical: Salvador Vázquez
Solista de castañuelas: José Rabasco




















































































