Vuelvo de nuevo a La Puebla de Cazalla (Sevilla) con la ilusión del reencuentro con lo jondo, con el arte que habita en el Flamenco, con los amigos de tantos años y la misma felicidad instalada en el alma. Hay lugares que parecen no cambiar nunca pero, a poco que te vas aproximando, te das cuenta de cuánto has cambiado tú misma y, por tanto, el entorno que te acoge. Nada es inamovible, nada vive en la mirada eterna. Todo muta y avanza sin esperar a nadie, por eso es tan necesario seguir el compás de los tiempos para avanzar con él sin perder el paso.
En esta ocasión llego días antes de lo acostumbrado. Es que ya hace algunos años que la Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla es una suerte de actos que se entrelazan y encadenan unos con otros para tornarse en un acontecimiento cultural que abarca desde el 3 hasta el 11 de julio, en esta LVII edición del año 2026. Muy distinta de aquella idea inicial de 1967 cuando, con mil temores, un grupo de aficionados de la localidad decidieron echarle valor y poner en marcha un festival diferente en la campiña sevillana. La idea surgió de José Menese viendo otros festivales que se iban desarrollando por las cercanías como el Concurso de Cante Jondo de Mairena del Alcor, el Gazpacho de Morón, la Caracolá de Lebrija o el Potaje de Utrera. Convencer a Francisco Moreno Galván de diseñar un formato específico, y proponérselo al resto de compañeros y amigos de tertulias fue todo lo necesario. Entre ellos hay que citar a Salvador Marín, Miguel Núñez y Martín Valero; pero también es necesario nombrar a Juan Riveri, José y Rafael Perry, Fernando el del Central y Pepe el Cachas. Y creer, sobre todo creer con toda las fuerzas en un proyecto que se convertiría desde sus inicios en un gran acierto.
La Puebla de Cazalla es localidad de emigrantes que han buscado su sustento en otros lugares, preferentemente a Ibiza o Cataluña, abarcando temporadas de trabajo fuera del pueblo. Así fue que el festival debía ser una reunión de aficionados al Flamenco, propios y de otras tierras. Un encuentro fraternal que culminaba con las actuaciones de los artistas que se prolongaban hasta bien avanzada la madrugada. Un acto cuasi litúrgico de aquellas noches cálidas y estrelladas de luna clara que se desarrollaban hasta que se despertaba el lubricán. De aquellos organizadores pioneros de la Reunión de Cante Jondo pocos quedan entre nosotros, muy a mi pesar, porque las ausencias han construido una situación que duele. Así, la Reunión se llegó a convertir en eso, en una gran fiesta, el acontecimiento del verano en La Puebla, donde amigos, vecinos, parientes y forasteros compartían un espacio de hermandad en las fechas que devolvían a los emigrantes a sus hogares.
Atraídos por la vis intelectual y artística y unidos por el pensamiento social y político que compartían con Francisco Moreno Galván, así como por la fama que José Menese construía en los escenarios flamencos, la Puebla se convirtió, además, en lugar de encuentro con la intelectualidad del momento. Personalidades de la importancia de Rafael Alberti, Blas de Otero, Fernando Quiñones, Antonio Gala, Félix Grande, José Lamarca o Ramón Chao tenían en sus agendas la cita morisca, a la que acudían con la trascendencia que el acto exigía, para compartir amistad y disfrutar del cante jondo que se daba en La Puebla de Cazalla con una seriedad y rigor admirables. Por aquellos entonces los encuentros antes del festival se celebraban en el Bar Central regentado por Fernando Guerrero Andrade, cuartel general de Francisco Moreno Galván –y posteriormente de Pepe el Cachas– y lugar que fue testigo mudo de tantas conversaciones y confidencias, en ocasiones clandestinas. Puedo afirmar sin miedo a equivocarme que pocos lugares han albergado tantos protagonistas de nuestra historia cultural en tan poco espacio físico.
La pandemia de 2019 asestó un duro golpe en el Bar Central, pues su actual y ya nonagenario propietario cerró sus puertas con el compromiso de no volverlo a abrir. Pero así como la vida no se detiene por nada ni por nadie, así mismo el Flamenco tampoco. Hace décadas que el festival está bajo la dirección del consistorio municipal, a través de su Concejalía de Cultura –el actual concejal es Miguel Ángel Martín, quien sustituyó a Miguel Angel Rivero– y su grupo de técnicos, quienes deciden, diseñan y organizan toda la programación del Festival que culmina con las Reuniones de Cante Jondo. Para todo ello, cuentan con una comisión asesora que la conforman además de las personas designadas por el ayuntamiento, Pepe Santos, Manuel Catato, Miguel Ángel Rivero y Patricio Hidalgo Morán.
«Nos falta la presencia de Francisco Moreno Galván y su ejercito de seguidores, pero él nos ha dejado la herencia de su escuela, de su exquisita elegancia, del gusto por lo auténtico, de su filosofía para entender el Flamenco y de su paladar estético en lo arquitectónico y lo visual. La ética y la estética galvaniana está impresa en los corazones de los moriscos»
Actualmente, en las exigencias de las ayudas públicas para los festivales flamencos de Andalucía priman las programaciones que ocupan varios días. La Puebla de Cazalla siempre alcanza una alta valoración por la administración andaluza gracias a una variadísima programación que abarca desde presentaciones de libros, conferencias, flamenco inclusivo, recitales en las plazas, flamenco en la prisión, flamenco para niños, cursos para estudiantes nacionales y extranjeros, rutas guiadas flash mob, reconocimientos, la Reunión como día grande y un dj flamenco que cierra el espacio de ocio tras terminar las actuaciones de los artistas. Por poner algunos ejemplos, el martes se presentó el libro de fotografías de José Lamarca –uno de los veteranos que aún forman parte del paisaje de la Puebla– a cargo de Elvira López y Patricio Hidalgo; los recitales de Aroa de Bastián y Consuelo Haldón, ejemplo de flamenco emergente joven, o la entrega del galardón como embajador de La Puebla de Cazalla al magnífico guitarrista Antonio Carrión, a quien acompañarán al cante Manuel Cástulo y Francisco El Perrete.
Ya no está el Bar Central y el cuartel general se ha trasladado a distintos bares del pueblo, en un recorrido que se ha hecho costumbre y que va dando la bienvenida a todos los que llegan de los más variados lugares de procedencia. Nos falta la presencia de Francisco Moreno Galván y su ejercito de seguidores, pero él nos ha dejado la herencia de su escuela, de su exquisita elegancia, del gusto por lo auténtico, de su filosofía para entender el Flamenco y de su paladar estético en lo arquitectónico y lo visual. La ética y la estética galvaniana está impresa en las casas, en los hogares, en los corazones de los moriscos y moriscas y de algunas otras muchas personas que también lo admiramos en toda su grandeza.
La ausencias han cedido su lugar a nuevos visitantes, algunos atraídos por su afición flamenca y otros atraídos por la curiosidad de asistir a un encuentro de amplísimas dimensiones. Hoy son otros los intelectuales y artistas que acuden a vivir en su propia experiencia la programación de las reuniones de cante jondo moriscas, buscando esas sensaciones de las que oyeron hablar y que ansían sentir y compartir. Otras personas siguen manteniendo viva la llama de tantos recuerdos atesorados a lo largo de los años. Son estas personas que sostienen y protegen el legado, la tradición, la celebración de la fiesta ritual. Se trata de espectadores y testigos de la mudanza de los tiempos.
Esta semana las calles de La Puebla de Cazalla vuelven a sentirse embriagadas de cultura, de arte y artistas, de mezcla de expresiones y sensibilidades, de sentimientos y de emociones, de alegrías y fiestas que se dan cita al calor de las Reuniones de Cante Jondo de la Puebla de Cazalla. ♦




















































































