Decíamos en nuestra entrega anterior que revisar el pasado es considerar la semilla que fructificó en el terreno presente, la que nos permite procesar las experiencias vividas y las que, en realidad, nos definen como territorio flamenco.
Construir nuestra identidad personal nos retrotrae, pues, a reforzar las conexiones con el ayer y construir la identidad personal, conjunto de atributos que asignamos en la jornada del jueves, día 2 de julio, a Enrique el Gandinga, probablemente el cantaor más óptimo que haya dado la ciudad de Écija.
Así surgió La noche de Enrique el Gandinga, acto que se celebró con motivo del centenario de su nacimiento y en el que se dieron detalles acerca de su biografía, como que fue el cuarto hijo varón del matrimonio formado por José García Villasanta y Carmen Rodríguez Fernández, y que se formó en las tres tabernas que regentó el padre, hasta que cambió la profesión por la de carnicero, de ahí el remoquete de nuestro protagonista.
Debutó como saetero en la Semana Santa y a los 11 años de edad, en 1937, ya se había dado a conocer en las ferias de Córdoba y Lora del Río, hasta que, aun siendo adolescente, cogió rumbo al Campo de Gibraltar, donde se codeó con Rafael el Tuerto, Antonio Sánchez, padre de Paco y Pepe de Lucía, Pastora Pavón, Antonio Mairena y sus íntimos amigos Los Gaditanos, Manuel Molina y Juan el Chiquetete.
De La Línea de la Concepción a Granada. En las ventas del Camino del Sacromonte forjó el resto de su carrera aunando el cante –soleares, tangos, seguiriyas, saetas o fandangos– con el baile por bulerías, hasta finales de 1946 en que fue visitando Écija cada vez más asiduamente, sobre todo desde que contrajo una enfermedad infecciosa con la que se despediría de este mundo el 1 de julio de 1948, a causa de una tuberculosis pulmonar.
El bloque ilustrativo quedó reservado al guitarrista local Antonio García, hijo de Antonio de las Palomas, que debutó como concertista haciendo que la vidalita tuviera vida y verdad, acompañando más tarde a La Yiya, cantaora que se presentó a modo de mezcla de sinceridad absoluta y emocional por farruca y calentando con calma por malagueña con fandango del Albaicín, donde repasó pasajes tan esquematizados como delicados.
La morisca abordó, igualmente, los tientos-tangos con la rutina de este tiempo, y vocalizó sin prisas y bien concentrada por seguiriyas, coronando con la ulterior bulería una actuación muy notable que destacaríamos por el diálogo firme con Antonio García.
Sin perder la faceta de la instrumentación, la clausura de la XLVI Noche Flamenca Ecijana fue la única jornada con una entrada simbólica a beneficio de Cruz Roja, y estuvo dedicada Con nombre de mujer, en desagravio de aquel mal gesto que el 12 de octubre de 1926 tuvo el público con la guitarrista madrileña Victoria de Miguel, que fue abucheada cuando iba a ejecutar una pieza de concierto en el Teatro Custodio.
«Al cierre, el baile según la estética sevillana, que es lo que propugna Luisa Palicio, ajustando todas las piezas de las alegrías, pero sin florituras atléticas, sin innecesarias vueltas de tuerca ni zapateados machacantes, todo femineidad y elegancia ataviada de blanco con el mantón, y revelando una evidente calidad suprema»

La apertura correspondió a Eles Bellido, violinista cordobesa que, de entrada, dejó algo claro: la técnica es imprescindible porque es el suelo sobre el que camina el artista. Y lo evidenció por zambra y con temas como Orobroy, de Dorantes, y Dame la libertad, de El Lebrijano, escoltada por Alba Espert, para a continuación exhibirse sobrada de amor sobre la farruca de Fosforito y absorbiendo los valores que el Réquiem, de Vicente Amigo, puede ofrecer al instrumento cordófono.
De otra parte, la gaditana Encarna Anillo presentó un discurso cantaor personal, muy apropiado a su tierra, pero también al tiempo presente, entonando con rigor por alegrías y dejándose oír con placer con las malagueñas de El Canario, La Trini y Juan Breva, poniendo de manifiesto, además, sus cualidades expresivas, templadas y de compendioso volumen.
Anillo supone un soplo de aire fresco frente a lo convencional, sin obviar su dicción en las soleares de Cádiz, o la corrección en el aprendizaje de las bulerías de su tierra, con atractivas caídas de tercios entre contundentes y refinados, con sumo gusto interpretativo, elegante, serio y equilibrado, manteniendo una perfecta unión sonora con el grupo acompañante que dirigía Pituquete.
El segundo bloque cantaor correspondió a Alicia Gil, sevillana que vive la cima de su madurez, pues sacó su dulzor y capacidad discursiva no más presentarse por nana, con una singularidad extraordinaria, y redondeando con carácter y solvencia la calidez de los tientos-tangos, tanta que fue vivida por el público con gran emotividad.
Alicia, bien escoltada por el grupo familiar, demostró a lo largo de su actuación seguridad escénica, dominio tipológico y calidad expresiva, comunicando de manera dúctil y administrando los tercios a su antojo, como hizo en las soleares de Triana, o cuando persistió en complacer a los asistentes con unas bulerías dotadas de franqueza y sonido, con matices muy regulares y emisión complaciente.
Y al cierre, el baile según la estética sevillana, que es lo que propugna Luisa Palicio, ajustando todas las piezas de las alegrías, pero sin florituras atléticas, sin innecesarias vueltas de tuerca ni zapateados machacantes, todo femineidad y elegancia ataviada de blanco con el mantón, y revelando una evidente calidad suprema.
Palicio ofreció, mismamente, una soleá con bata de cola –¡a ver si nos enteramos!–, que es el modo de sentar magisterio, revisando los contenidos de la esencia sevillana y proponiendo esos momentos para el disfrute de preciosismo escénico que, por impresionantes, quedaron grabados en la retina como una de las obras más hondas y bellas del baile flamenco.
No habíamos llegado aún a la una de la madrugada y concluía así la XLVI Noche Flamenca Ecijana, edición que ha marcado una trayectoria excepcional, proyectando la pluralidad más conjuntada en todos los parámetros que conciernen a 2026, e interconectando la historia con la variedad, esto es, situando la memoria en contextos de identidad local a fin de que no se olviden los recuerdos.
Ficha artística
XLVI Noche Flamenca Ecijana (IV)
La noche de Enrique el Gandinga
Palacio de los Marqueses de Peñaflor, Écija (Sevilla)
2 de julio de 2026
Concierto guitarra: Antonio García Hijo
Cante: La Yiya
Viola: Rosa Escobar
Palmas: Manuel Barba y Manuel Bellido
XLVI Noche Flamenca Ecijana (y V)
Con nombre de mujer
Palacio de Peñaflor esquina Palacio de Valdehermoso, Écija
3 de julio de 2026
Cante:
Alicia Gil, con Lito Espinosa (guitarra) y Bebé y Carmela (palmas)
Encarna Anillo, con Pituquete (guitarra) y Jorge Bautista y Diego Montoya (palmas)
Concierto instrumental: Eles Bellido (violín), con Alba Espert (guitarra)
Baile: Luisa Palicio, con Joselito Pérez (guitarra) y José Pechuguita y Juan de la María (cante y palmas)





















































































