El Arranque Roteño es un festival y un plato típico de la Villa de Rota, localidad de la costa noroeste de Cádiz. Es el paso antes de llegar al gazpacho, es decir, los ingredientes típicos como el tomate, el pimiento, el aceite, el pan… se encuentran en un estado más sólido aunque machacados. Un buen hombre me lo dio a probar a eso de la 1 de la madrugada y me sentó a gloria bendita. Justamente iba a salir al escenario Juan Tomás de la Molía, que eso sí que derrama sal bailando.
Cuarenta y tres años de certamen, bajo la organización de la Tertulia Flamenca El Viejo Agujetas y con la imprescindible colaboración del Ayuntamiento del pueblo. Unas 700 personas se dieron cita en el patio del Colegio Eduardo Lobillo para vivir una velada llenita de matices, porque, es importante destacar, el cartel combinaba la infalible presencia de un clásico como Antonio Reyes como la de Rosario La Tremendita, cuya concurrencia es bastante discreta en estos formatos. Así, habría que resaltar la actuación de José Canela, un perfil cuanto menos interesante de conocer para esas generaciones actuales de aficionados que aún no están del todo familiarizados con nombres tan jugosos como el del hijo de Canela de San Roque. Y el baile de Juan Tomás estuvo, como viene siendo habitual, de sombrerazo.
Casi a las diez y media de la noche dio comienzo esta edición, que he tenido el placer de presentar. En la presente sección #DesdeDentro, insistimos, no hacemos una crítica artística de lo acontecido. Es un comentario sobre lo ocurrido incluso fuera del escenario. Me llamó la atención la gran asistencia de artistas que allí estaban y que no estaban convocados a actuar: Antonio Rey, María Terremoto, Águeda Saavedra, Manuel Monje, y el veterano Gómez de Jerez. Había otro festival debajo de las tablas.
«Juan Tomás de la Molía hizo alegrías y soleá con bulerías. El de Trebujena coge el reloj, la medida del tiempo y la baña en cloroformo. Él es quien manda y domina sin rival, sus quiebros, sonrisas y su cintura juegan en el precipicio»

Canela se mostró solemne, serio, con un mensaje añejo, de culto, como el cante que ha escuchado en su casa desde siempre. Por soleá, una vez más, llamó a los recuerdos más sensibles. Alegrías, tangos y bulerías salieron de su metal tan singular que fue acompañado por Juan Benjumea, muy a la altura y digno de tener en cuenta. Palmas de Luis Pijote y Manuel Soler para rematar una comparecencia rica y necesaria. La siguiente en salir fue Rosario La Tremendita, sorpresa de muchos, victoria de alguno. Fue una apuesta personal por la cúpula de la organización y salieron victoriosos por la respuesta del respetable, en pie para despedirla. José Acedo fue su sonanta, sus pies y sus manos, y Tremendo Hijo y Miguel Fernández estuvieron a las palmas. Rosario es libre, su mensaje lo refrenda, su estilo. Embarazada de su Estrella, que si Dios quiere estará aquí el 25 de diciembre, se dejó la garganta preciosa en seguiriyas, alegrías, bamberas, tangos y bulerías, y una milonga de ensueño. Sus letras son propias de la época. Toca el bajo, la percusión, se expresa de una forma única.
Juan Tomás hizo alegrías y soleá con bulerías. El de Trebujena coge el reloj, la medida del tiempo y la baña en cloroformo. Él es quien manda y domina sin rival, sus quiebros, sonrisas y su cintura juegan en el precipicio, juerga de la que participan los fenómenos Pechuguita y Manuel de la Nina, al cante, y Jesús Rodríguez, a la guitarra. Este grupo puede regalar noches de gloria, no le sobra nada, no le falta nada. Es el disfrute por el disfrute, el bailar para ser feliz.
Y cierre de maestría con Antonio Reyes, bien despachado con un recital amplio y sosegado, con una parsimonia idónea para el que sabe escuchar. Manuel Vinaza y Ramón Reyes, al compás. Vicente Santiago, a la guitarra, con sabor a Jerez en sus cuerdas. Tientos, soleá, seguiriya, bulerías, fandangos … Antonio no tiene prisas y quiere darle a su público lo que buscan en él. Es un artista admirado y está teniendo un verano impecable. Y eso que venía con un cansancio acumulado de Corral de Calatrava, un asuntillo dental que lo tenía frito toda la semana y el coche en el taller.
Fin de fiesta, prescindible para mí, para cerrar una gran velada cuando el reloj se acercaba a las tres de la mañana. En los últimos instantes comprobamos que la familia Reyes seguirá creciendo en lo artístico con un jovencito (niño) Juan Ramón que sueña con su guitarra y su estampa de torero. ♦





























































































