Su nombre es leyenda en el rock andaluz. Pocos pueden presumir de una carrera de seis décadas como la que ostenta Manuel Rodríguez (Sevilla, 1954), y seguir en permanente ebullición creativa y plena forma sobre el escenario. Lo demostrará en la Bienal de Sevilla con un concierto el domingo 20 de septiembre en el Espacio Turina compartido con el onubense Manuel de la Luz, que llevará por título Manos que hablan.
¿Cómo se siente un rockero en la Bienal de Flamenco de Sevilla? ¿Se encuentra a gusto?
La verdad es que ya estuve tocando en la Bienal de 2008, en el Auditorio Rocío Jurado. Fue un día dedicado al rock andaluz y coincidimos con varios grupos: Guadalquivir, Alameda, Lole Montoya por un lado y Manuel Molina con los Smash…
Y fueron muy bien recibidos, ¿verdad?
Sí. El flamenco, además, cada vez tiene más fusión. Es inevitable. Quiero decir que yo no me siento extraño para nada, porque siempre hay momentos de innovación que están ya colindantes con otras fronteras. Eso también es bonito, ir descubriendo y haciendo un poco de flamenco psicodélico, que es lo que llevaremos esta vez a la Bienal.
En este caso también es distinto de aquella actuación del 2008 porque viene con Manuel de la Luz. ¿Qué le conecta con él?
Fue una propuesta que nos hizo el director de la Bienal. Y, bueno, por circunstancias no hemos tenido tiempo de estar mucho juntos, pero sí el suficiente para haber quedado en ensayar algunos temas. Y la verdad es que con él muy bien, es una persona muy sensible. Él por su lado también quería presentar un disco suyo que va a salir ahora. Yo le respeto ese espacio. Y yo tengo colaboradores como Juanito Campos de la guitarra flamenca, Cristian de Moret al cante, más algún teclado, algún ingenio, como le llamo. Y Fernando Maya tocando percusión. Y estamos ahí preparando y ultimando los detalles. Yo voy a tocar la guitarra española y la guitarra eléctrica también.
Recientemente fallecieron Antonio Smash y Rafael Amador, y meses después se nos fue también Ricardo Pachón. Gente que ha sido muy importante en todo el movimiento de la fusión y del rock andaluz. ¿Se siente uno de los últimos supervivientes de una generación, de los testigos de aquel tiempo?
Bueno, hay músicos mayores que yo que todavía están vivos y tocando. Pepe Sancho, por ejemplo. O Rafael Marinelli. Sí, se van yendo. Yo estuve en el escenario con Antonio justamente dos días antes de su fallecimiento, haciéndole un homenaje a Pedro Mauricio. La vida es así: empieza, se vive y se acaba. Y a todos nos llega el momento. Y, bueno, lo que tenemos que hacer es disfrutar la vida como se merece y como nos merecemos nosotros. Con conciencia y con alegría.
¿Se ha exagerado la idea de que en el rock andaluz todos estuvieran conectados con el flamenco? ¿Eran tan aficionados?
Aquí hay una historia. Porque cuando surgió este término de rock andaluz, el rock andaluz en principio se asociaba con grupos como Triana, que era el exponente más popular, y Alameda. Pero dentro de eso había también muchos distintos estilos, distintas direcciones. Guadalquivir era más jazzístico, pero también hacían bulerías por jazz. Nosotros también tenemos bulerías dentro de nuestros discos de Imán, Califato Independiente. Y también pertenecían a lo que es rock andaluz genéricamente grupos, digamos, que hacían rock duro, como los Storm, por ejemplo. Era algo muy diverso. Rock andaluz ahora mismo es Kiko Veneno o Pata Negra, pero en aquella época estaba circunscrito de otra manera, dentro de una lírica de jazmines y azucenas que a mí nunca me convenció.
«Yo no sentía que formaba parte del rock andaluz como tal, porque en realidad el rock andaluz era una etiqueta que pusieron las discográficas para tener un nicho ahí muy concreto en las tiendas de discos. Ahora, con el paso del tiempo, todo es rock andaluz. Unos habrán estado más identificados con el flamenco y otros un poco menos, pero a todos nos resulta familiar»
¿Usted dónde se hallaba?
Yo no sentía que formaba parte del rock andaluz como tal, porque en realidad el rock andaluz era una etiqueta que pusieron las discográficas para tener un nicho ahí muy concreto en las tiendas de discos, cuando todavía las tiendas de discos vendían discos. De modo que ahora, con el paso del tiempo, todo es rock andaluz. Con lo cual, unos habrán estado más identificados con el flamenco y otros un poco menos, pero a todos nos resulta familiar. Yo al menos lo he escuchado desde chico en mi casa, quiero decir.
¿Quiénes han sido los flamencos que más le han interesado, que más le han llegado?
Hombre, yo de chico escuchaba a la Niña de los Peines. Escuchaba a Manolo Caracol. Y escuchaba, no sé, a Niño Ricardo, por ejemplo, acompañando a Chocolate. Hay tantísimos, tantísimos guitarristas. Pero tanto Paco de Lucía como ese otro gran maestro que fue Manolo Sanlúcar han hecho una labor de divulgación y una labor de construir y, al mismo tiempo, un periodo de innovación del flamenco, que ha ido repercutiendo en los siguientes guitarristas.
Usted trabajó con Pepe de Lucía, ¿no? ¿No llegó a coincidir con Paco en persona?
¡Sí, sí, con Paco coincidí varias veces! De hecho, además, el disco de Pepe de Lucía estaba producido por Paco y coincidimos en el estudio, claro. Es más, en algunos temas él grabó la guitarra flamenca y yo grababa las guitarras acústicas y las eléctricas en el disco de Pepe. Así que sí, hicimos algún tipo de interacción.
¿Le imponía compartir el estudio con él?
Yo en esa época hacía muchas grabaciones de estudio en Madrid y, bueno, para mí era, por supuesto, un honor conocer en directo ahí en el estudio a Paco. Y sí, con respeto a todos, claro.
Ha trabajado con más flamencos, ¿no? Con Remedios Amaya, por ejemplo…
Sí, con El Yunque, bueno, no me puedo acordar de todos… Incluso grabé con Los Amayas, que hacían ese tipo de rumba catalana, ¿no? Con Los Chunguitos, y Los del Río. Con Lole y Manuel hicimos el Cabalgando, el Tierra que canta…
¿Y era muy diferente trabajar con flamencos o con rockeros?
Cada uno tiene su propio carácter. Incluso entre los mismos rockeros y entre los mismos flamencos, quiero decirte. Hay gente con la que enseguida te relacionas más rápidamente. Pero, vamos, yo no diferencio entre rockeros o flamencos, sinceramente. Somos todos iguales, somos todas personas.
«El flamenco cada vez tiene más fusión. Es inevitable. Quiero decir que yo no me siento extraño para nada, porque siempre hay momentos de innovación que están ya colindantes con otras fronteras. Eso también es bonito, ir descubriendo y haciendo un poco de flamenco psicodélico, que es lo que llevaremos esta vez a la Bienal»
Hubo un momento en la música andaluza, y sevillana en concreto, en que parecía que el blues iba a ser la llave para conectar con el flamenco, pero al final parece que eso se desinfló un poco, ¿no?
Hay mundos que son más abiertos y otros que son más cerrados, pero también eso depende de los músicos. Pero aquí ha habido muchos, y sigue habiendo, grupos y músicos que tocan blues. Igual que también hay muchos músicos de jazz. Y hay músicos de jazz que tocan blues y hay músicos de blues que también tocan algo de jazz. Son polivalentes. El blues es como la madre de muchas músicas. Y el jazz viene del blues. Cuando los esclavos estaban en las plantaciones, lo único que podían hacer era cantar y después hacer un poco de compás. No había instrumentos. Igual que en los tiempos, digamos, ancestrales. Eso es aplicable a la música africana, al flamenco y a cualquier música autóctona, porque eso es lo que había: ponerte a bailar y ponerte a cantar y ponerte a hacer compás dándole, yo qué sé, golpes a un tronco de un árbol hueco.
Usted estuvo unos años viviendo fuera, en Estados Unidos. ¿Cuánto de positivo tiene para un músico salir del terruño y darse una vuelta por esos mundos?
Bueno, California ya es como un país en sí mismo. Además, tiene su propia autonomía. Leí en un artículo que es la sexta potencia económica mundial, separándolo de Estados Unidos. Y la naturaleza es increíble. Allí he conocido a gente maravillosa, a músicos maravillosos. Tengo buenos recuerdos de California, por supuesto. Y la naturaleza es asombrosa también, maravillosa. Cuando sales de Europa, que todo está pequeñito… Allí te encuentras de pronto con unos espacios inmensos. Eso se transmite también como una comunión mucho más fácil con la naturaleza, pero casi instantánea.
¿Dónde vivió, en Los Ángeles?
Yo estuve viviendo once años en Malibú y después por la zona, por allí cerca también, pero en el condado de Los Ángeles.
Como Antonio Smash, usted no dejó de trabajar en todo este tiempo. Después de haber tocado con tantísima gente y de haber grabado ya un montón de discos, ¿qué le gustaría hacer, por dónde le gustaría tirar ahora?
Pues mira, yo ahora mismo voy por ciclos, porque resulta que este verano he preparado un repertorio, un concierto de algo que me apetecía desde hace mucho tiempo hacer, que es cantar, como un crooner. Preparé un concierto para hacer un par de conciertos en el Alcázar, en un estilo colindante con el jazz. Por otro lado, he estado tocando cosas portuguesas, ahora estoy con el tema de la Bienal, o sea, son todos como repertorios distintos. Y cuando termine la Bienal, estoy preparando una fiesta de mi cumpleaños que voy a celebrar en Asejazz, con insignes músicos. Y después, cuando descanse un poquito, ya me sigo planteando cosas.
Pero sin ningún miedo ni sujeción a las etiquetas, ¿no?
Yo soy músico, y como decía Duke Ellington, solamente hay dos músicas: la buena y la mala. Eso es aplicable a todos los géneros y a todos los estilos.
Nos quedamos con esa idea. ¿Nos vemos en la Bienal?
Os invito a que vengáis porque, desde luego, creo que nos vamos a divertir todos. Yo espero divertirme. Si yo me divierto, creo que también se divierten los demás. Yo soy muy autocrítico, pero en los ensayos he estado disfrutando, con lo cual para mí eso es una buena señal. De modo que invito a todos porque vais a escuchar un poco, por un lado, de flamenco y, por otro lado, vais a escuchar flamenco psicodélico, una mezcla. Estáis todos invitados. ♦















