Es tiempo de tarantas. Lo ha sido en Lo Ferro y lo es en La Unión y Linares, donde en su memoria resuena el cincuentenario de la fundación de la Peña Flamenca El Cabrerillo de Linares, entidad que se dispuso a reconocer y valorar a su cantaor local desde que fijó su primera sede en el Bar La Fuente, y luego en el Bar La Victoria, de donde pasaría en estos inicios a la calle La Virgen, siendo sus primeros responsables Antonio Aguilera Galisteo (presidente), Rafael Charquero (secretario) y Antonio la Torre (tesorero).
Con esta intencionalidad, los aficionados linarenses mostraban su reconocimiento a Luis Soriano Cabrera, El Cabrerillo de Linares (Linares, 1892-1938), del que precisamos las fechas exactas de nacimiento –calle Bailén– y defunción –calle Glorieta– a través de las investigaciones de José Ramón Checa Medina.
Como cantaor que podríamos etiquetar más como amateur consagrado que como profesional, no son muchos los datos que podemos aportar del titular de la peña de Linares, salvo que fue cabrero –de ahí el apodo– y minero, por más que destacara en el decenio de los veinte del pasado siglo al quedar para la historia, sobre todo, como un dominador de la taranta local, a la que aportó giros tan singulares que influirían en su amigo Niño de Marchena.
De su trayectoria profesional reseñemos que en 1922 participó en el Concurso de Cante Jondo celebrado en Linares, donde logró el segundo premio tras Juan Soler, alias Niño de Linares, y que en julio de 1926 lo encontramos en Málaga en un cartel encabezado por don Antonio Chacón y junto a Manuel Escaena o Niño de Marchena, entre otros varios.
No sé si como creador absoluto, pero, a tenor de mis conversaciones con Pepe Marchena y Juan Valderrama, sí le atribuimos dos estilos de taranta que ya fueron sometidos al análisis de Rafael Chaves Arcos y Norman Paul Kliman en su recomendable obra Los Cantes Mineros a través de los registros de pizarra y cilindros (2013). A saber.
El primer estilo linarense apareció en la discografía el año 1923 y detenta un posible predominio de El Tonto de Linares, que tanto pudo haber influido en lo que conocemos como la taranta del Personita. Esta taranta de El Cabrerillo la identificaron con la letra Que al momentito lo hiciera voces como La Trinitaria (1923), Niño de Marchena (1924), Niño de Utrera (1926) y El Pena Hijo (1928), sin olvidar a La Niña de Linares (Yo he visto un bicho correor, 1928).
Por lo que hace a la segunda taranta de Linares señalada, ésta quedó registrada en las gargantas de Niño de Marchena (Que con las dos rayaba, 1925), Guerrita (A Borrull el tocaor, 1929), Niño de Utrera (Que es la mejor de Cartagena, 1940) o mi admirada Gracia de Triana (Pa tenerte yo afición, 1946).
«Los aficionados linarenses mostraban su reconocimiento a Luis Soriano Cabrera, El Cabrerillo de Linares (Linares, 1892-1938), que destacó en el decenio de los veinte del pasado siglo al quedar para la historia, sobre todo, como un dominador de la taranta local, a la que aportó giros tan singulares que influirían en su amigo Niño de Marchena»
Justo es significar que estos cantes fueron el modelo en que se reflejaban los participantes del Concurso Nacional de Taranta de Linares, y que quien firma, como se constata en la hemeroteca, atribuía a Niño de Marchena, que encontró su origen, obviamente, en El Cabrerillo de Linares, cantaor al que se le tributó un homenaje en el Teatro Cervantes de su ciudad natal, en mayo de 1970, con la presencia de destacados poetas como Federico Muelas, Luis López Anglada, Eladio Cabañero, Antonio Murciano, Manuel Alcántara y Manuel Ríos Ruiz.
La identificación popular vendría, empero, con la fundación de la Peña Flamenca El Cabrerillo de Linares. Corría el 2 de junio de 1976 cuando un grupo de aficionados cabales conformaron una entidad social que no sólo valorizó las contribuciones del titular, sino que llegó a organizar el XIX Congreso Nacional de Actividades Flamencas en octubre de 1991, donde ennoblecieron a los cantaores y guitarristas locales con las publicaciones que recibimos los asistentes.
Aunque en los ochenta del pasado siglo la directiva la conformaban Herminio López (presidente), Miguel Hernández y Rafael Lara (tesoreros) y Pedro Lázaro (secretario), es a raíz de que asumiera la presidencia Fernando Medina de la Rosa, cuando la entidad toma un impulso que le llevaría a ser modelo de planificación, dirección y gestión de recursos, como lo confirma el que fuese, ya en el decenio de los noventa, elegido presidente de la Federación Provincial de Peña Flamencas de Jaén.
Recordemos, igualmente, que en 1992 Medina y su directiva trasladaron la sede a la calle Sagunto con una captación de socios que sobrepasó el centenar, con el añadido de recitales, acercamiento del flamenco a los niños, conferencias, la implicación total en el concurso de tarantas y la creación del I Festival Flamenco, celebrado el 27 de agosto de 1994 en la Hacienda El Campero, encuentro que en su cuarta edición –agosto de 1998–, dedicaron a su titular, en la creencia de que se celebraba el centenario de su nacimiento, sin olvidar el estreno de la nueva sede en la calle Ventanas a finales de 1995.
Por los distintos domicilios sociales pasaron las grandes figuras de la época, así como los artistas locales, a los que sumamos la Semana Cultural, creada en 1995, jornadas que fueron suspendidas en 1997 por el fallecimiento inesperado de Fernando Medina a consecuencia de un derrame cerebral.
Al bueno de Medina le sucedió en la presidencia Joaquín Seco, pero en octubre de ese mismo año asumió el cargo Francisca García Herrera, viuda de Fernando Medina, dedicando la cuarta Semana Cultural a Fernando Medina (1998), rindiendo homenaje meses después al titular de la peña y organizando la V Semana Cultural (2000), además de celebrar las bodas de plata de la peña un año después en la sede de la calle Pontón, quedando la presidencia en 2004 a manos de Rafael Jiménez, aparte de homenajes como los ofrecidos a Carmen Linares, a la que nombraron madrina, Joselete de Linares (1992), Juan Récola Elova, Fernando Lastra y Gonzalo Rojo (1996), Francisco Moyano (1997) o nombrando socia de honor a la Virgen de Linarejos (2006), en un acto en que fueron reconocidos los presidentes que dirigieron la sociedad.
Son los datos que podemos aportar de la Peña Flamenca El Cabrerillo de Linares, entidad que en sus días de gloria integró liderazgo y visión estratégica y que, generó, por tanto, un impacto muy positivo en la vida cultural de los linarenses y riqueza a nuestra sociedad contemporánea. ♦


















































































