Juan y Bernardo Parrilla presentan el espectáculo Herencia en la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla, en cuya intención se trasluce agradecimiento y admiración por tanta sabiduría flamenca como han recibido y que viven desde un absoluto respeto. Un brillante homenaje que llenó de compás y soniquete flamenco el Teatro Alameda, en una de las mejores noches de la cita sevillana.
Es también agradecimiento el sentimiento que despierta en el público poder disfrutar de propuestas instrumentales que dan forma a los sonidos flamencos sin ceder espacio a otras expresiones del panorama musical internacional, y con tanta esencia. Como el mismo Juan Parrilla dijo, «no somos músicos que tocan flamenco» sino «flamencos que tocamos el violín y la flauta… Vivimos como flamencos las veinticuatro horas del día». Por eso su música suena con tanta sinceridad. Por eso entendemos lo que escuchamos.
Fue el mismo Juan quien ejerció de maestro de ceremonias y de director de orquesta con absoluta eficacia. Nada escapó a su control, incluidos los mínimos fallos que pudieron ocurrrir (que se cruzara un técnico cuando estaban tocando). Juan Parrilla es un perfeccionista cuya presencia en el escenario y su sencillez comunicativa nos llevó a lo largo del espectáculo con eficacia sorprendende. No sólo explicó qué pretende el trabajo que presentan, sino que introdujo cada pieza que había sido compuesta con intención para alguien concreto. “No se compone porque sí, todo tiene un motivo”. Bernardo, junto a su hermano a lo largo de la actuación, es más reservado, él habla a través de la música del violín. Desde luego, es un lujo poder disfrutar de esto dos flamencos juntos y de la cómplice versatilidad de sus toques.
Y como de Jerez que son, una carta de presentación infalible, bulerías de su tierra, para iniciar con una explosión de acordes que estaban dedicados a Moraíto Chico, espejo cristalino en el que mirarse para tirar por esos derroteros del compás y la vanguardia. En el escenario está completa la banda, compuesta, además de la flauta y el violín, por percusión, teclados, guitarra flamenca y guitarra eléctrica. Una gran familia, porque hay que hablar de saga cuando se habla de los Parrilla junto con otros artistas que los acompañan en esta aventura.
El Rubio de Pruna, cantaor de gran destreza que merece mucho más reconocimiento del que ya atesora, puso la voz en el conjunto. Una voz gitana, rozá, melosa y valiente que debutó en la noche con los tangos compuestos para el tío Parrilla, gran guitarrista y patriarca de esta saga que de seguro aprobaría las aportaciones atrevidas de sus sobrinos.
Nos lleva Juan a lo cotidiano con un poco de humor sobre su vida doméstica para dedicar la soleá a todas las mujeres “que nos bajan de las nubes y nos ponen los pies en el suelo”. Al estilo de Alcalá en el violín y al estilo de Cádiz en la flauta. Sobria, elegante, sentía, nos envuelve la soleá con los ancestrales ayeos del Rubio de Pruna. Tengo que decirlo: cuando suena este palo todos los astros se alinean en una conjunción perfecta.
«Juan y Bernardo Parrilla presentan el espectáculo ‘Herencia’ en la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla, en cuya intención se trasluce agradecimiento y admiración por tanta sabiduría flamenca como han recibido y que viven desde un absoluto respeto. Un brillante homenaje que llenó de compás y soniquete flamenco el Teatro Alameda, en una de las mejores noches de la cita sevillana»

Y nos vamos por tanguillos de Cádiz, con todo su aroma a Caleta y salinas. Esta vez la batuta la tiene que coger Bernardo Parrilla, pero su discurso se oye bajo el arco de su violín. Cuanta sonoridad y qué manera de llevar cada género a su sitio. Casi estuvimos a punto de ir a coger monedas antiguas de a duro en la playa.
Entra Diego Carrasco, una de las colaboraciones ilustres de la noche, siempre ansiado. Diego es compás puro. Es Jerez sin tamizar. Es lo de siempre y lo por venir al mismo tiempo. Es el camino que explorar. En definitiva, es leyenda viva. Él se lleva el compás y las coplas a donde quiere, enriqueciendo las posibilidades de expresar, y nos arrastra a todos con él a su mundo de locura flamenca. Los músicos sonríen ante su presencia y el público también. Cinco toreros toreaban al toro de los recuerdos, silencio y oro, oro y albero, y todos los alfileres de colores hincados en el morlaco del cante. ¡Qué tendrá la cosa que nadie sabe explicar!
Y con todo eso, nos meten en unas alegrías que exhala la flauta vertiginosa de Juan Parrilla, que parece estar cantándonos para ir a darle una vueltecita a la muralla real. Y de las alegrías a la calma gallega de la farruca que dedica a su hija y a sus nietos. Esta vez es su propio hijo, Manu Fernández, a la guitarra eléctrica quien nos cautiva con los graves sonidos de su instrumento, para invitar al resto del grupo a que lo sigan. La elegancia de la farruca me trae inevitablemente al recuerdo la estampa de Antonio Gades.
Con la seriedad y el rigor que exige, llega el momento de la seguiriya, para explicar el flautista que cuentan con orgullo en su casa cinco generaciones de flamencos, ahondando en la antigüedad de su saga para clavar la primera chincheta en el estilo de cierre de Juanichi el Manijero, Comparito mío Cuco, joya indiscutible de la familia, y acordarse de tío Parrilla, de Sabicas y de Arturo Pavón. Con una falseta de entrada muy musical y adornada, lejos de la tristeza plañidera, dan entrada de nuevo a la voz del Rubio en los tercios de Grandes son mis fatigas para cerrar por el Manijero.
Y de nuevo por bulerías, con el sabor del famoso tema de jazz titulado Take Five, que compusiera el saxofonista Paul Desmond y popularizara el grupo The Dave Brubeck Quartet. La versión de los Parrilla la han titulado Toma que toma, como no podía ser de otro modo. La brillante musicalidad del tema original no desmerece con el derroche de sabor cuando suena a compás de Jerez.
Y en ese baño de soniquete entra de nuevo Diego Carrasco con Machaca para recibir en el escenario a la figura estelar de Carrete de Málaga. No puedo evitar acordarme de mi padre (perdónenme la licencia) cuando me decía: “Carmelilla, mira qué hombre más flamenco”. Pues esa imagen es Carrete, con su traje bien combinado, su tres cuartos echado por encima de los hombros, sus zapatos brillantes, su mascota bien calá y su bastón de caña fina. ¡Ole, no se puede ser más elegante ni más flamenco con ese estilo que recuerda a los galanes de los años 50 en el cine de Hollywood! El baile de Carrete no tiene tiempo ni edad, como él tampoco. Un zapateado suyo es el arte vivo, un movimiento de sus manos parece lo nunca visto.
Solo puedo decirles para rematar que Los Parrilla y su gente nos hicieron sentir la grandeza del flamenco. Enhorabuena por esculpir con sus instrumentos esta noche de auténtica excelencia y grandeza de la música flamenca.
Ficha artística
Herencia, de Los Parrilla con Diego Carrasco y Carrete de Málaga
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Alameda
1 de octubre de 2026
Flauta: Juan Parrilla
Violín: Bernardo Parrilla
Artistas invitados: Diego Carrasco y Carrete de Málaga
Cante: Rubio de Pruna
Teclados: José El Gato
Guitarra flamenca: Curro Carrasco
Guitarra eléctrica: Manu Fernández
Percusión: Faé Ramos





















