En perfecto estado de revista, salvo unos pequeños achaques propios de la edad, el guitarrista y patriarca Manuel Moreno Jiménez suma un año más de vida para llegar a los 97. Todo un prodigio de la naturaleza si tenemos en cuenta que Manuel Morao (Jerez, 22 de julio de 1929)
tiene perfecto el entendimiento y, mejor aún, la memoria. No olvidemos que su guitarra ha acompañado a todos los grandes del cante como Antonio Mairena, Juan Talega, Aurelio Sellés, La Paquera, La Perla de Cádiz o María Vergas, solo por citar a algunos de ellos. Mención aparte es su obra junto a su concuñado Terremoto de Jerez, con quien alcanzó un cenit artístico difícil de igualar.
Para felicitar a este gran maestro os propongo este trabajo que resume su amplia discografía:
Manuel Morao, la guitarra cantaora
(En recuerdo a unas jornadas de estudio dedicadas al maestro en Jerez en junio de 2016)
Si tenemos en cuenta que el patrimonio de las ciudades no solo son sus catedrales sino también las personas que las habitan, y por ende sus artistas, este tipo de actividad debería celebrarse con más continuidad. Acaso porque, como bien dijo su biógrafo Juan Manuel Suárez Japón, personalidades como Manuel Morao por su sapiencia y edad deberían pertenecer a esa categoría de sumos maestros a los que debiéramos acudir como quien se dirige a las fuentes más verídicas de la memoria del pueblo.
A lo largo de estas intensas jornadas, tuvimos la suerte de contar con Manuel Morao presente y participativo en todo momento, así como personalidades de la talla de José María Velázquez-Gaztelu o Manolo Sanlúcar. Durante dos días tuvimos la fortuna de adentrarnos en los conceptos y basamentos claves de una maestría sin precedentes. Pues a sus lúcidos 97 años atesora unas vivencias que pueden considerarse una cátedra andante de alto valor para el flamenco o cante gitano–andaluz, como le gusta renombrar al arte jondo nuestro personaje.
A quien suscribe le tocó en suertes disertar sobre su discografía, que representa, hoy día, un legado impresionante en virtud de las figuras a las que acompañó Manuel Morao. Más alguna que otra significativa aportación en el mundo de la guitarra solista como su Concierto de Jerez con Benito Lauret, por citar un ejemplo.
«Hay que ir cantando a la par del cantaor para acompañar con tanta justeza, ritmo, compás y armonía a artistas tan grandes como antagónicos en muchos casos, dando a cada uno su sitio y sabiendo sacar lo mejor de cada uno. Esto, queridos amigos, solo lo pueden hacer quienes, como Manuel Morao, tienen en su sangre un caudal de cante inagotable»
Tras analizar al por menor su contribución guitarrística, desde aquellas viejas placas en pizarra con La Paquera de Jerez y otras que según él mismo dijo impresionó con La Perla de Cádiz, uno no puede por menos que considerar que, casi a la par de su cualidad como intérprete de las seis cuerdas, Manuel Morao es también todo un cantaor. Un cantaor de palosanto, si quieren, pero cantaor, sin duda.
Primero, por su pertenencia a una gitanería bajo andaluza del Barrio de Santiago de Jerez donde sus ancestros fueron todos portadores de primer nivel del gemido cantaor. A aquellos niños, el cante se quedaba adosado desde la cuna al mismo ser. Tal vez como una banda sonora que le acompañaría siempre por los vericuetos de su existencia.
Y no lo digo porque haya escuchado en alguna fiesta íntima cantar a Manuel Morao (con un oficio que ya quisieran algunos), sino porque hay que saber y mucho de cante en profundidad para haber sabido acompañar a genios tan dispares en sus conceptos, como bien demuestra su obra.
Desde el temperamento visceral de Paquera de Jerez a la dulzura de meloja de La Perla de Cádiz; desde la sobriedad ancestral de Antonio Mairena a la anarquía emocional de Manolo Caracol o desde esa musicalidad jondísima pero bien ordenada de Sernita al llanto desbocado de su concuñado Fernando Terremoto, con quien ha rubricado una de las más auténticas estampas de la jondura de todos los tiempos. Todos ellos entre otros muchos intérpretes.
Hay que ir cantando a la par del cantaor o cantaora para acompañar con tanta justeza, ritmo, compás y armonía a artistas tan grandes como antagónicos en muchos casos, dando a cada uno su sitio y sabiendo sacar lo mejor de cada uno. Esto, queridos amigos, solo lo pueden hacer quienes, como Manuel Morao, tienen en su sangre un caudal de cante inagotable.
Con la dedicatoria especial Tío Manuel Morao, fuente inagotable de sabiduría tan jonda como cabal a sus 97 años de edad. ♦


















































































