El año pasado ofrecí una conferencia en el festival que Miguel Morán organiza en su tierra berciana, en Ponferrada. Este año no pudo ser, pero gentilmente me invitó a compartir con ellos y, después de librarme de mis obligaciones laborales, para allá que me fui ya que, como vivo a unos 300 km y los flamencos que allí se congregaron en esta edición eran la mayoría buenos y viejos amigos, acepté gustoso la invitación.
Comenzó el miércoles 22 de julio, pero hasta el viernes no pude ir. Me perdí los programas de miércoles y jueves. Al llegar al hotel al mediodía del viernes me encontré en la puerta a mi querida Estrella Morente, que había triunfado el día anterior. Llevaba varios años sin verla y, como siempre tan cariñosa, estuvimos un rato recordando las muchas vivencias con su padre Enrique cuando solo era una niña. Sé por los compañeros que su concierto gustó mucho.
En cuanto llegué, contacte enseguida con mi “primo” José Manuel Gamboa y me dirigí a la Térmica Cultural, el imponente edificio donde se celebran todas las actividades del festival. Se presentaba libro y exposición de mi admirado fotógrafo argentino Pepe Lamarca. Solo llegar me dijo: espera, Faustino, que te enseño la exposición Camarón 75 aniversario. Y me guio foto a foto relatándome la intrahistoria de cada una. Un lujo. Lo presentó Gamboa y echamos un rato bien agradable. El libro, editado por el Círculo Flamenco de Madrid, es una delicia y muy recomendable. Allí encontré, entre otros muchos amigos, a José María Velázquez-Gaztelu, José Manuel Gómez Gufi, Paco Manzano, Ana Palma, Fermín Lobatón, Sara Arguijo, David Montes, Teo Sánchez y Rafa Alvero, entre otros.
Por la tarde, Pepote de Huelva ofreció un taller de cajón para un montón de alumnos. Se sorteó uno y le tocó ¡a uno de Vigo! Por la noche corrió a decírmelo: ¡no tengo ni idea, pero a partir de mañana empiezo a aporrearlo!
Después Fermín Lobatón y Amalia Vilches presentaron el último poemario de Velázquez-Gaztelu, de título A un solo paso, en el que el autor, con esa voz tan familiar que todos los aficionados conocemos por su programa de Radio Clásica Nuestro Flamenco, que ha cumplido 42 años ininterrumpidos en antena, nos recitó algunos de los preciosos poemas que contiene el volumen.
Llegó la noche y en la enorme sala de turbinas de la Térmica, llena hasta la bandera (más de dos mil sillas), el público esperaba impaciente, deseando escuchar a José del Tomate y su grupo. El joven guitarrista almeriense, hijo del gran José Fernández Torres Tomatito, ofreció un recital lleno de buena música, composiciones propias y un sello de la casa inconfundible, el sello que en su día me llevó a titular el texto que su padre me pidió para el primer disco del “Niño”, Plaza Vieja, de 2018, De tal parra, tal racimo. Y pudimos comprobar que sigue siendo así, aunque cada vez con más personalidad.
«Torombo derramó su estilo por alegrías. La Repompa hizo lo propio por tarantos. Y Pepe Torres, cómo no, por soleá. Hacía muchos años que no veía a Pepe y comprobé, una vez más, por qué sigue siendo uno de mis bailaores favoritos. Un gozada»

La noche culminó con Farruquito. El público se volvía loco, como es habitual, con cada desplante. La poderosa guitarra jerezana de Manuel Valencia echó el resto y elevó el ambiente al cenit de la noche. Juan cogió entonces la guitarra y se cerró una actuación triunfal que todos agradecimos con largas ovaciones.
Al acabar echamos unos futbolines en un local gótico y, como siempre, nos reímos de lo lindo. En el desayuno, charla amena con Teo Sánchez y Pepe Lamarca. Y a las doce, cata de vinos de la tierra ilustrado por el maestro que nos iba a ofrecer por la noche su recital, Arcángel, con la guitarra de Francis Cruzado. Casi na. Después le llegó el turno a la presentación de los libros de Gufi, que nos relató su vida flamenca y se quedó sin un solo ejemplar. Volaron.
La tarde del sábado comenzó con una mesa redonda sobre periodismo flamenco con Gamboa, Lobatón y Arguijo, moderada por José María Velázquez. Aprendimos mucho.
La sesión de noche comenzó con un espectáculo cuidado (aunque según ellos improvisado) del gran Torombo, secundado por el grandísimo Pepe Torres y La Repompa. Desde el inicio me gustó. Se presentaron guitarra y cantaores, uno a uno, ligando las entradas, hasta que los tres bailaores llenaron el escenario. Rompieron por bulerías. Torombo derramó su estilo por alegrías. La Repompa hizo lo propio por tarantos y Pepe Torres, cómo no, por soleá. Hacía muchos años que no veía a Pepe y comprobé, una vez más, por qué sigue siendo uno de mis bailaores favoritos. Un gozada.
Cerró la noche Arcángel con el toque de Francis. Nos regaló un ramo de coplas clásicas intermediadas con cantes por derecho, seguiriya, caña, soleares. El público disfruto mucho y aplaudió con ganas.
La noche fresquita de Ponferrada, y el festival, culminó con DJ Gufi, poniéndonos a bailar a todo quisque. Hasta ahí llegué. Disfruté de lo lindo, con tantos amigos y tanta calidad de arte. Larga vida a Bierzo al toque, que algún día habrá que añadirle el cante y el baile al nombre del Festival. ♦






















































































