Farruquito convierte su trayectoria vital y artística en el eje de Serás Farruquito: el musical, espectáculo cuyo estreno acogía en la jornada del lunes 28 de septiembre en el Teatro de la Maestranza durante la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla. El montaje, que recorre su historia personal y artística en cinco actos completamente diferenciados, combina dramaturgia, proyecciones, música y baile en directo, para explicar cómo se construyeron la identidad y su relación con el flamenco de uno de los iconos del baile jondo actual.
La propuesta se presenta en la Bienal como una obra de baile y como la continuidad escénica y espiritual del relato cinematográfico del documental de Santi Aguado y Reuben Atlas en el que el bailaor sevillano abre su memoria para explicar por qué su historia se escribió con esa letra y ese compás. A veces con su voz en off. Otras sobre el escenario. Otras cantando. Pero siempre con el baile –su baile– como hilo conductor.
En un espectáculo que explora el árbol genealógico familiar, la propuesta convierte la memoria de Juan Manuel Fernández en una biografía en movimiento, pasando de la parte más íntima del artista sevillano en la película a una producción dancística en la que se sale de bailografía habitual.
La historia se articula en cinco capítulos cronológicos y sensoriales que enlazan dramaturgia, música y coreografía sin eludir los momentos felices ni los desdichados. Los archivos inéditos y personales dialogan con la interpretación en directo, tendiendo un puente entre el niño que fue y el maestro que es y donde cada palo responde a un punto de inflexión emocional.
«A sus 44 años, Farruquito sostiene una presencia casi permanente durante más de hora y media de espectáculo, salvo los primeros minutos, demostrando que está en su prime jondo en estos momentos. El ímpetu de la juventud de antaño encuentra ahora mesura y sabiduría bailaora, pero sin perder la intensidad en los gestos, formas y maneras que definen su personalidad»
Una apuesta de dieciséis artistas
En tiempos de compañías, uno de los aspectos que más llaman la atención es la numerosa presencia de artistas sobre el escenario –ocho de baile y otros tantos músicos–, donde Farruquito comparte el baile con su hijo –El Moreno– y un cuerpo de bailaoras entre las que destacaron Marta Jiménez y Lucía La Bronce, si bien las seis bailaoras ejecutaban con eficacia el lenguaje de la estirpe Montoya.
La voz de Farruquito conduce el relato. En La sangre, la infancia y la herencia presentan a un niño marcado por una dinastía irrepetible, con el flamenco como lengua materna y la voz de los ancestros señalando su destino. Las imágenes de su abuelo Farruco acompañan el recuerdo de sus consejos y la evocación familiar aporta contexto al baile y sitúa el origen de su identidad artística.
El aprendizaje introduce el peso del apellido, el rigor, la disciplina y la soledad del estudio. El crecimiento aparece como sacrificio y conflicto interno. Mientras que El mundo aborda el reconocimiento internacional, los grandes escenarios y la consagración, con su mezcla de éxito, exposición y velocidad, con una maleta en la mano, una chaqueta de lentejuelas y las imágenes de Nueva York devuelven al artista a la ciudad donde debutó en Broadway.
En La sombra, los errores, la caída, el dolor y el silencio desplazan el relato hacia un lenguaje más oscuro y abstracto. Música y movimiento se vuelven introspectivos para expresar la lucha interna y la resiliencia. El pasaje admite también una posible evocación del padre, a quien perdió con 18 años, aunque esa asociación no se formula de manera explícita. El ruido de las cadenas puede ser tanto el dolor de la pérdida temprana como el peso de las noches en vela y soledad sin más calor que el del peso de la carga que le acompañará por siempre. La seguiriya y los haces de luz son suficientemente descriptivas para que no haga falta más explicación.
El legado reúne la madurez, la redención y la continuidad. Como si fuera su abuelo en Bodas de Gloria, elige como último pasaje una boda que abre paso a las nuevas generaciones a través de alboreás, bulerías y sevillanas. El futuro también está en su propia trayectoria: “Voy a seguir”, canta desde la escalera del escenario, tanto en el remate como en la despedida a modo de bis.
«En ‘La sombra’, los errores, la caída, el dolor y el silencio desplazan el relato hacia un lenguaje más oscuro y abstracto. Música y movimiento se vuelven introspectivos para expresar la lucha interna y la resiliencia. El pasaje admite también una posible evocación del padre, a quien perdió con 18 años»
El artista y el peso del espectáculo
Ahora bien, aun cuando este espectáculo está pensado para grandes espacios, no le vendría mal baja un par de puntos el máster del sonido en determinados lugares. Entendemos que en sitios desaforados sí que sea necesario subir el botón rojo más de la cuenta, pero con la acústica del Maestranza el exceso de volumen provocaba en muchas ocasiones no se escuchara bien las voces en off, ni las letras de los cantes y notar cómo vibra tu cuerpo de pies a cabezas con la gravedad de los bajos, más que por la emoción de lo que ocurre en el escenario no le viene bien a ningún espectáculo. A este tampoco.
A sus 44 años, Farruquito sostiene una presencia casi permanente durante más de hora y media de espectáculo, salvo los primeros minutos, demostrando que está en su prime jondo en estos momentos. El ímpetu de la juventud de antaño encuentra ahora mesura y sabiduría bailaora, pero sin perder la intensidad en los gestos, formas y maneras que definen su personalidad. ♦
Texto: David Montes
Ficha artística
Serás Farruquito: el musical, de Farruquito
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro de la Maestranza
28 de septiembre de 2026
Dirección artística y musical: Juan Manuel Fernández Montoya ‘Farruquito’
Dirección escénica: José Félix Romero
Baile: Juan Manuel Fernández Montoya ‘Farruquito’ y Juan el Moreno
Cuerpo de baile: Cristina Soler, Cristina Aguilera, María Carrasco, Lucía La Bronce, Gloria del Rosario y Marta Cañizares
Guitarra: Ramón Amador
Cante: Ismael de la Rosa ‘Bola’ y Ezequiel Montoya, Mari Vizarraga y Estrella Fernández
Batería: Sergio Fargas
Percusión: Paco Vega
Teclado: Robert Chacón
Vientos: Fran Roca
































Con el mayor de los respetos, y teniendo en cuenta, que tal vez no era el objetivo de la nota, me hubiera gustado algún punto de vista sobre las decisiones artísticas y estéticas de espectáculo, dado que no creo poder verlo ya que vivo en Argentina.