Raúl Moreno Maestre ‘El Perla’ (Sevilla, 1979) llevaba en capilla una pechá de tiempo dándole brillo a sus zapatos y a la guitarra para subirse a los maderos del disco. Treinta años andando el camino, sin prisas. Las cosas se hacen bien o no se hacen. No pecando de perfeccionismo extremo, pero sin correr, porque si no suena uno esparrabao. To esto heredao de Manuel Molina. El temor no es al plumilla, sino a sí mismo, consciente de que parte de su legado es su obra, esta que ve la luz con la humildad de los grandes –que lo atraviesa–, con amor y un profundo respeto a los maestros y a la afición, rindiendo homenajes y como agradecimiento por todo lo aprendío.
Mi camino es un discazo en el que se muestra disfrutón y sentío. Fluye de las vivencias que lleva marcadas a fuego desde que era un niño y se quedaba embelesao en los cuartitos de Torres Macarena apegándose a los quejíos de cantaores de renombre y de algunos jartibles, aunque ya tocaba la guitarra casi de manera autodidacta porque su padre necesitaba a alguien que lo acompañara pa cantar.
La familia es lo primero. Abre su ópera prima dedicándosela a su padre y a su madre con la extraordinaria percusión de Isidro Suárez en un tema bohemio que con tapaíllos y trémolos acaricia la nostalgia, dibujando punteos aparentemente sencillos, pero musicalmente embriagadores. En dos minutos ya cautiva, te cala y aplaca los sentidos para deambular después por otras siete vereas.
El paseo llega A Morente, tangos en los que parafrasea con personalidad creadora La Estrella. Y es precisamente Estrella Morente la que derrocha dulzura colaborando en el merecido tributo. El Perla se luce acompañando con servidumbre recogiendo cada uno de los giros sin saltarse los tonos de transición, bordoneando o rasgueando con delicadeza suprema para arropar el caramelo de una voz privilegiada de melismas de seda que se acurruca en los envites del violín de Gloria Warne y se acompasa con el bajo de El Bachi. Isidro toca las palmas, solo marcando el tiempo.
A la gloria lo llevan los pies de Pepe Torres y la garganta de cristalitos rajaos de Rubio de Pruna en la soleá por bulerías al Tío Ramón, donde El Perla destaca sobremanera doctorándose cum laude en flamencura y compás, enjaretando falsetas que pueden saborearse conjugando hechuras rancias con salpicones de la nueva escuela sevillana. José de Mode pone la percusión y las palmas son de Edu Gómez y Naím.
«’Mi camino’ es un discazo en el que Raúl El Perla se muestra disfrutón y sentío. Fluye de las vivencias que lleva marcadas a fuego desde que era un niño y se quedaba embelesao en los cuartitos de Torres Macarena apegándose a los quejíos de cantaores de renombre y de algunos jartibles, aunque ya tocaba la guitarra casi de manera autodidacta porque su padre necesitaba a alguien que lo acompañara pa cantar»
Se asienta en el Patio del limonero con las cadencias melosas de Juanfra Carrasco preguntándose qué le pasa al flamenco, buscando a sus maestros. Unas bulerías reposás con arreglos de José Nieto sin estridencias, perfectamente empastados con el toque casi minimalista de El Perla, aunando frescura y ortodoxia, dentro del tiesto, con regusto y elegancia.
Esos tiempos que aprendió de Chocolate, bordando también los silencios, mientras le crujía los huesos en sus lamentos, se destilan perfumando A canela y clavo con los jaleos de Rubio de Pruna. La sonanta de Raúl quedó preñada de falsetones jondos y negros con la espesura del gañote gitano de Antonio Núñez en el recuerdo. Se escucha su voz. Arpegios y alzapúas rinden honores al cante de este jerezano recriado en La Alameda y que vio en un niño del barrio de La Macarena al guitarrista laureado que hoy nos hiere en la seguiriya que a mí me sabe a la sensibilidad que le dan los aires de Morón mezclados con guiños ricardianos.
Se cuela en El Perchel malagueño para dedicarle la bulería a El Chino con la rica voz de Eli Santiago, jaleados por Loca y José de El Perchel, trinando con enjundia sobre los seis ríos de plata de su bajañí, derramando el empaque que le piden los tercios, sobrao de soniquete y trapío.
El tragaero rozao de Duquende, las cuerdas amigas de Josemi Carmona, el bajo de Julián Heredia y de nuevo la percusión de Isidro se reúnen en la rumba El rinconcillo en honor al gran jefe Paco de Lucía, acercándose a su concepto sonoro, sin remedos ni burdas imitaciones, sino como perpetua reverencia a aquel que El Perla confundió un día con un aparcacoches, anécdota que los unió en el cachondeo de una bonita amistad. Tremendo el remate.
Con sabores al terruño albarizuelo, abrocha el disco postrándose de nuevo por bulerías De Manuel a Morao arribando al Jerez de Diego del Morao con el que comparte protagonismo y sonsonete acunando las embestías de Duquende y La Tana –soberbia–. Melodías pegadizas, age y paladar colman la algarabía de este corte. Y si Juanito de Mode vuelve a hacer de las suyas, son El Pechu, Manuel Valencia, Dani Bonilla, Edu Gómez, Naím, Pepe Torres y Rubio de Pruna los que se apuntan con las palmas para cerrar la puerta por dentro y perderse en la juerga del fin de fiesta en Mi camino.
El Perla estrena su discografía tocando como es, sin ceñirse a las claquetas o el metrónomo, publicando un trabajo caliente, sencillo y certero. Siempre acompañando al cante, del que es un auténtico enamorao, y no solo tocando el bronce de sus bordones sino las fibras de los aficionaos que esperábamos con ansias su preciado debut. ♦






















































































