Casualidades de la vida: estuvimos en aquel homenaje al Cuchara que se hizo en Utrera en enero de 2025, el que dio origen a este Utrera Flamenco Fetén que se presentaba en el Cartuja Center (Sevilla). Grabado en directo en la sala Fetén de la propia familia del Cuchara, con Pitín Hijo a los mandos de la producción. Cinco horas, tres ensayos con las guitarras, un repaso con los palmeros el día antes, y un disco que intenta ser lo más parecido a una fiesta flamenca en directo.
Con el telón aún bajado surge de fondo la voz de Enrique Montoya en su emotivo pregón a la Virgen de la Consolación. Al descubrirse el escenario aparece en penumbra la silueta de Argentina bajo un tenue foco, entonando la plegaria a la citada Virgen. Y de repente la sala estalla: el rojo lo invade todo, fondo y traje deslumbrante incluidos. Suenan los bongos, las ocho palmas y las dos guitarras arrancando a ritmo de rumba galopante. Sin darnos cuenta nos han subido a un tren que va a Utrera y con el que vamos a recorrer sus cuatro puntos cardinales y musicales. Enrique, Consolación, Bambino: primeras estaciones y declaración de intenciones clarísima, esto va a ser mucho más que la representación del disco.
Bambino y sus rumbas, y las bulerías como Consolación, serán las paradas más habituales del recorrido, aunque el viaje tiene muchas más etapas. Unas palabras de amor hacia Utrera y sus artistas nos introducen en los tangos morunos Vengo de Larache, también recogidos en el nuevo trabajo: A Utrera tú me llevaste, a Utrera tú me llevaste… Y vuelta a la rumba No sé a velocidad de vértigo, hasta que la artista desaparece de escena y Pitín hijo nos introduce, a ritmo de soleá por bulerías, en las cantiñas dedicadas a Pinini, origen, tronco y semilla de las estirpes flamencas más gloriosas de Utrera. Casi na…
Cambia el escenario y el vestuario de la artista. Primera parada larga, por terrenos más jondos. Pitín despliega una introducción a ritmo de soleá por bulerías que desemboca en los tientos bribones de Gaspar: Relojito de Pulsera. Ya está el freno echado. Llegan la soleá y la seguiriya para que degustemos los sabores de los grandes: Fernanda, Bernarda, Perrate. Pa cantar por soleá tienes que nacer en Utrera y a la Serneta escuchar. Javier Ibáñez coge el relevo de Pitín —de manera natural e imperceptible, como ocurrirá varias veces a lo largo de la noche— para acompañar la seguiriya. Son terrenos movedizos para atreverse a emular, pero con sus propios ecos, Argentina sale victoriosa del desafío.
Volvemos a coger ritmo con los cuplés Te di lo que tenía, que nos traen al gran Gaspar de Utrera al escenario. Luego Culpable, la rumba del mítico Bambino, a la que Argentina se enfrenta con todo el respeto que merece el canon. Breve parada: sacan una mesa al escenario para interpretar Al mismo juego, esa soleá al golpe que Fernanda grabó en 1970 por fandangos y que la artista resuelve de manera brillante con la ayuda de las diez manos que la acompañan, porque cuando Pedro Saavedra no está a los bongos es un palmero más, cinco en total que saben amalgamarse entre ellos y con la música, sin más estruendo que el estrictamente necesario.
«Argentina ya ha estado en el Potaje y puede que no haya mejor candidata a repetir el año que viene con este espectáculo. Pero con esta puesta en valor de los artistas y cantes de Utrera, igual tenemos candidata a Hija Predilecta, como ya lo es de Huelva»
Última etapa del camino real por Utrera. Argentina sale con un caftán blanco y entona los tangos morunos Tú te ríes, aquellos que interpretara la Inés con tanto gusto —sobrina de Fernanda y Bernarda que no tuvo la suerte ni la popularidad que sin duda merecía—. La artista explica los orígenes del disco y del espectáculo, y le dedica a Inés su versión por bulerías de María la Portuguesa, que también ella tenía grabada. De nuevo Bambino y su Háblame. Siguen tientos y tangos y luego bulerías y cuplés que traen el eco de Pepa de Utrera en Utrera Mía y el vértigo nos atrapa a todos en la recta final con Compasión.
Última parada necesaria: los fandangos, para acordarnos de Huelva y de sus raíces, que en un pequeño túnel espacio-tiempo nos acaban llevando a la inevitable Calle Real del Alosno. Podría haberse quedado ahí el recital, pero nos regalan los cuplés que tan maravillosamente interpretaban entre otros Fernanda y Bernarda: Señorita, Se nos rompió el amor —que en la poderosa voz de Argentina nos trae inevitablemente a Rocío Jurado— y el Romance de la Reina Mercedes. El público en pie con palmas por bulerías —nunca mejor traídas— logra arrancar un último regalo: la repetición de Háblame de Bambino, con la que se presenta a todos los artistas y se despide el espectáculo.
El despliegue de facultades de Argentina es impresionante, y como nos comenta, si fuera por ella seguía. Pero si una crítica se puede hacer, es precisamente esa: el espectáculo se alarga en exceso repitiendo palos y estilos que se podrían condensar sin perder la esencia de lo que se quiere transmitir.
En cuanto al recinto, presentó un lleno considerable con algún pequeño hueco. El sonido arrancó algo indefinido, pero fue asentándose y metiéndonos a todos en el viaje. La única pega sería más achacable al público por esa dichosa plaga de los móviles que ya no tiene remedio: una tortura para los que pretendemos meternos de lleno en la música, pero tenemos que luchar para ignorar y no ver los fogonazos de las pantallas. Un problema, que, por desgracia, va a más.
Argentina ya ha estado en el Potaje y puede que no haya mejor candidata a repetir el año que viene con este espectáculo. Pero con esta puesta en valor de los artistas y cantes de Utrera, igual tenemos candidata a Hija Predilecta, como ya lo es de Huelva. ♦
Texto: Federico Calderón





















































































