Dice la letra: Padres, hermanos y tíos, de los buenos manantiales nacen los buenos ríos. Y, una vez más, la letra se hace patente, en este caso en la familia de los Canela, José y Fernando Canela, gitanos de San Roque (Cádiz) que llevan por sello unas maneras cantaoras rotundas y poderosas.
A la guitarra, uno de los más firmes valores entre la juventud flamenca malagueña, Rubén Lara. Un verdadero fenómeno del toque, con unos conocimientos y una capacidad para el acompañamiento que lo hacen sumamente especial.
Comenzó Fernando Canela, haciendo gala de su voz bonita y bien timbrada, orlada de quejíos con mucho paladar. Se templó por tarantas para después abordar la cartagenera de Chacón, entre la sensibilidad de los trémolos de Rubén Lara.
Decidieron los hermanos ir alternándose al cante, por lo que, a continuación, se sentó José Canela, cantaor de inspiración, aunque en ese patio y con Rubén Lara a la guitarra es imposible no inspirarse. José venía cauteloso, aunque con predisposición a darlo todo, y se encontró con un público –en el que había caras conocidas– que proyectó cariño sobre él y ganas de disfrutar de su cante. De esta manera, hizo cantiñas de Cádiz, diciendo el cante con gusto, encontrando sin esfuerzo los pellizcos y subiendo arriba con intención en el remate de los Titirimundi.
Fernando, por su parte, se acordó del malagueño Luis Soler, uno de los grandes puntales de la flamencología de los últimos cuarenta años y gran valedor del arte gitano del Campo de Gibraltar. En su memoria, nos hizo un magnífico recorrido por soleá, creciéndose en cada tercio, recordando a Joaquín el de la Paula y La Niña de los Peines, con momentos muy brillantes, acompañado por la maestría de Rubén Lara, que le acompañó con una intuición y sabiduría asombrosas, enardeciendo al público.
«Todos en pie, ovacionando agradecidos a esta familia de artistas, sentimos que el flamenco clásico, tradicional, en el que se miran las estirpes cantaoras como la de los Canela, siempre tendrá su público y nunca pasará de moda»

«Después de esto, ¿cómo canto yo ahora?», dijo José, alabando a su hermano. Pero se rebuscó recordando a su padre, hablando de Luis Soler y de otro gran mecenas y aficionado malagueño, Alfonso Queipo, cuya viuda, Magdalena, desde primera fila le apoyaba lanzándole oles. El ambiente era propicio para adentrarse en las seguiriyas y Rubén lo supo aprovechar y sublimar, creando la atmósfera adecuada al servicio de José. Estilos jerezanos (Agujetas, Manuel Torre y del señor Manuel Molina) para esas formas explosivas y agresivas marca de la casa de los Canela en las que José se entregó.
Una larga tanda de bulerías de Fernando Canela cambió el tercio, con Camarón de la Isla en el pensamiento, y el compás de palmas de su tío Juan Segovia y de su primo Fernandito Canela, trepidantes, lucidas y airosas.
José buscó y alcanzó destellos en la bulería por soleá, creciéndose por arriba, dándolo todo, a lo que el público le respondió aplaudiendo en pie. Creíamos que terminaba el recital, pero quiso rematar José por bulerías, de nuevo con un trabajo excelente de acompañamiento de Rubén Lara, que le fue dando al cantaor justo lo que iba necesitando, con una compenetración que, sin duda, resaltó las virtudes de José Canela.
Todos en pie, ovacionando agradecidos a esta familia de artistas, sentimos que el flamenco clásico, tradicional, en el que se miran las estirpes cantaoras como la de los Canela, siempre tendrá su público y nunca pasará de moda.
Ficha artística
Recital de cante de José y Fernando Canela
Ciclo Hondos Caminos del Flamenco
Museo Fundación Unicaja de Artes y Costumbres Populares de Málaga
27 de mayo de 2026
Cante: José y Fernando Canela
Guitarra: Rubén Lara
Palmas: Juan Segovia y Fernandito Canela





















































































