El Ayuntamiento de Guillena, con su Delegación de Cultura al frente y la buena de Tati coordinando el gran evento, sigue apostando por su festival flamenco de verano, que en 2027 cumplirá sus veinte años. No tiene la historia o la tradición de otros que ya superan con creces sus Bodas de Oro (El Potaje, La Puebla, Mairena o El Gazpacho de Morón), aunque sí está diseñando su propio relato con objetivos claros de llegar a la excelencia cada edición. El nombre del festival es el de La Bulería, inspirándose en el pionero que fue el de Jerez, creado en 1967, pero el apellido es el de ‘Alberto Valdivia Arteaga‘, uno de los que le dieron forma desde la Peña Flamenca La Rivera y que ya lo recordamos en la memoria por su repentino fallecimiento.
Si por algo es conocido este encuentro es por el respaldo del público joven cada año, algo que quiero destacar en este #DesdeDentro, porque puede asegurarse que en Guillena hay futuro. Si bien hace unos años muchas aficionadas o parejas de algunos directivos de la peña asistían al espectáculo en estado de gracia, ahora ya llegan con su carritos o con sus bebés en brazos. El arbolito, desde chiquitito.
La temperatura de este 4 de julio en Andalucía no invitaba precisamente a quedarse en el pueblo, pero ahí estaban los de siempre, esperando a que abrieran las puertas. Poco a poco se fue llenando la Plaza de Toros hasta superar las mil personas. En la enfermería del ruedo estaban los camerinos, y allí lo que más se escuchaba a las diez de la noche era una frase: «¡qué calor!». A las diez y media en punto dio comienzo la función con el menor de los artistas del cartel, el jerezano Manuel Monje. Tiene trece años aunque de saber parece un viejo. Se encuentra en una etapa de adaptación a una nueva voz, cosas de la edad. Lo está trabajando y debe continuar en ese proceso. Es muy ilusionante comprobar que lucha por seguir cumpliendo sueños como lleva haciendo desde que tiene uso de razón, compartiendo escenarios con Diego del Morao, Niña Pastori o Miguel Poveda. En Guillena le tocó romper el hielo (valga la expresión a 38 °C que hacía) con la guitarra de Nono Jero y las palmas de Luis de Lua y Pirulo. Por bulerías se coronó y dejó un gran sabor de boca con su último fandango. Luego se queda hablando con los maestros. Comparte y aprende. Es un perfil al que el flamenco ha de cuidar.
José de la Tomasa, que reside en Guillena, no se quiso perder la cita y allí estuvo sentado hasta entrada la madrugada, saludando, comentando, enseñando… Es un grande y los artistas tuvieron palabras para él de cariño. La Fabi subió en seguida para constatar que es una de las artistas del momento, conquistadora absoluta. No puede disimular, agacharse, o mucho menos engañar al público. Es franca y se entrega sin dobleces, por eso conecta como pocas. Allí, junto a Curro Carrasco a la sonanta, Diego Peña Montoya, Juan Grande y Ángel Peña, a las palmas, volvió a poner al público en pie.
«La propia Fabi se lo dijo en camerinos: «Yo he aprendido mucho de ti, Aurora». La de Sevilla, la gran dama del cante de Andalucía, también derrochó genialidad. Aurora Vargas parece que acaba de debutar, le brillan los ojos y deslumbra por su sonrisa. La soleá de Aurora está en calidad VORS. ¡Y por bulerías! Regalos de la vida»

Y de una discípula, a una maestra. La propia Fabi se lo dijo en camerinos: «Yo he aprendido mucho de ti, Aurora». La de Sevilla, la gran dama del cante de Andalucía, también derrochó genialidad. Aurora Vargas parece que acaba de debutar, le brillan los ojos y deslumbra por su sonrisa. Fue El Perla el que la arropó con la guitarra, y tuvo palabras de cariño para el ya añorado Miguel Salado, y las palmas fueron las de Manuel Salado, Diego Montoya y El Petete. La soleá de Aurora está en calidad VORS. ¡Y por bulerías! Regalos de la vida.
Rancapino Chico y Antonio Higuero llegaron para calmar la revolución que habían montado los anteriores. Dulzura gitana en una garganta aclamada y necesaria para la afición actual. Llega a emocionar su mirada al pasado, a ese que ha marcado su crecimiento junto a su padre, el gran Rancapino, y por malagueñas o alegrías levanta castillos de duendes. Las palmas de Edu Gómez y El Pijote pausaron el tiempo, muy patrás, para que Alonso se despachara a gusto por bulerías. El público quería más y más, y no dudó en cerrar por fandangos. Le dedicó algún cante a Carmen Tello, mujer de Curro Romero, quien, según me confirmaron, «si no hubiera sido por la calor… estaría aquí».
El Farru nos hizo recordar con su baile de estirpe y elegante el 75º aniversario de José Monge Cruz Camarón de la Isla, hasta en su guitarra, tallada con el rostro del genio de San Fernando. Fue Juan Anguita el que puso la guitarra principal, con el cante experimentado de Pepe de Pura y el gusto de Ezequiel Montoya, con la percusión de Manuel Lozano Lolo. Nadie quería marcharse, allí se empezaba a sentir la temperatura algo más agradable… El respetable estaba con muchas ganas y se lo demostró al bailaor sevillano, que conquistó una plaza de primera en el flamenco. Sus pies son vertiginosos, pero se para y mira al frente, se planta y baila como solo en su casa se sabe. También se entona y toca la guitarra… Talento puro y duro.
Así se cierra un festival que se sitúa en el top ten del verano un año más. ♦

























































































