El primer recuerdo que guardó en la memoria de Lucía Aliaño me lleva a la Peña Tío José de Paula, en uno de los cursos de enseñanza de cante que celebra la entidad de Santiago cada otoño. Tendría siete u ocho años y salió cantando por El Chozas y La Bolola, ante la sorpresa de todos los que allí nos encontrábamos, como Antonio El Platero, uno de los grandes aficionados que quedan en Jerez con más de 80 años de vivencias.
Poco a poco se fue introduciendo en el circuito del flamenco local, y haciéndose conocer en otros acontecimientos como concursos televisivos. Debo añadir que, además de ir creciendo en lo musical, sus resultados escolares siempre han sido excelentes. Como demostró en El Chumi, peña flamenca que abre sus puertas cada verano para que su patio se llene de ambiente tanto local como de veraneantes. Al lado del imperio gastronómico de Ángel León, el pescaíto frito se empodera en esas mesas, los montaditos y esa cocina de toda la vida que nos hace entender que aunque los años pasen, lo esencial sigue teniendo éxito.
En la amplia programación estival de esta entidad, por donde han pasado Antonio Reyes, Jesús Méndez o El Wilo, hay una parada destacada para Lucía, que llevó hasta la escena su espectáculo La voz del piano. Sin duda, el talento se despacha a lo grande, a puñados, porque además de saber acariciar las teclas y cantar angelicalmente, toca la trompeta, interpreta y versiona. Para llegar hasta aquí hay muchas horas de trabajo y esfuerzo, aunque aparentemente todo lo haga con determinada soltura y seguridad. Tiene una sonrisa que también te envuelve, y es humilde y cercana. Ahora tiene 16 años. Sus amigos de curso fueron a verla, bajando la media de edad reinante. Siempre lo digo: los jóvenes son los que atraen a los jóvenes, y ahí llegan a conocer todo lo demás.
«El talento se despacha a lo grande, a puñados. Además de saber acariciar las teclas y cantar angelicalmente, Lucía Aliaño toca la trompeta, interpreta y versiona. Para llegar hasta aquí hay muchas horas de trabajo y esfuerzo»

Un trío musical cautivador compuesto por la propia Lucía, y la guitarra local de Paco León y la percusión del gaditano Edu Gómez. El peso lo llevó la adolescente y su registro que va desde el flamenco, la copla, la canción o lo instrumental. Manuel García de Quirós, el atento presidente de la peña, presentó a la artista y ella se mostró agradecidísima. Para abrir boca, sola con su trompeta, el Concierto de Aranjuez, para seguir ya con su piano de cola y la percusión de Edu Gómez por alegrías. Imponente fue su versión de Como las alas al viento, de Rocío Jurado, sumándose Paco León. El respetable, enmudecido. La primera parte incluyó también tientos tangos y La Aventura de Antoñito Molina, unos de sus referentes por sus aspectos en común.
En la segunda parte, después del sorteo de un jamón, Lucía cambió el color negro por el rojo, y siguió un camino por la copla como La Torre, de Gallardo y Cepero, que llevó al éxito La Macanita. Paco León fue el que abrió la segunda mitad por bulerías. Lucía se gustó en las sevillanas Las Marismas del Cielo, la canción Punto de Partido, la zambra A las madres compuesta por Ezequiel Benítez o Limosna de Amores. Concluyó por bulerías. Allí pasamos una gran velada acompañados por el compañero Javier Villar, comentando que Lucía tiene un camino por delante lleno de estrellas y caminos que recorrer. ♦

















