El día había golpeado con una fatídica noticia: fallecía el guitarrista Miguel Salado, con solo 44 años. El año pasado, por estas fechas, había estado participando precisamente en este ciclo Hondos Caminos del Flamenco acompañando a Aurora Vargas, por lo que comenzamos con un recuerdo emocionado al jerezano.
Sebastián Heredia Santiago, Cancanilla (de Málaga o de Marbella) venía con muchas ganas de agradar. Su veteranía, sus vivencias, su flamencura, acumulan un poso en sus maneras que sin duda enriquece la experiencia de ir a escucharle. A la guitarra, uno de sus tocaores predilectos, Chaparro de Málaga. Se conocen tan bien que se entienden solo con mirarse.
Con ese gracejo que le caracteriza, nos dijo que él se gustaba cantando. Y eso, que puede parecer una anécdota sin más, es importantísimo, porque ese gustarse, ese paladar, nos lo transmite a los que le estamos escuchando, logrando esa empatía que llamamos duende o pellizco.
Para templarse, Cancanilla eligió empezar por bulería por soleá, calentando la voz y haciendo gala de su buen oficio. Después, un clásico en su repertorio de siempre, los tientos tangos, que los dice con donosura, pastueños y reposados, saboreándolos, con la majestuosidad de la guitarra de Chaparro, metiendo con maestría hasta una granaína por compás de tangos.
«Y no se dio su pataíta porque el suelo del patio, original empedrado, se le antojó muy inestable. Pero Cancanilla bailó sentado, con los pies, con las manos, con la expresión, dando una lección magistral de arte y compás, de los que está naturalmente sobrado, bien llevado por Chaparro, al que no dejó de jalear»
Tan a gusto se encontró que quiso cantarnos la caña, pero no una caña cualquiera. La caña al estilo Cancanilla, como dijo él mismo. Con su personalidad, aunque bebiendo del estilo clásico de Rafael Romero, cuajó magníficamente el cante que, por cierto, se escucha poco o nada en los recitales, por lo que los aficionados agradecimos tener la oportunidad de disfrutarlo.
Ya con la voz bien calentita, cantó maravillosamente por soleá ligando los tercios y en plena compenetración con el toque, recorriendo estilos de Cádiz y Alcalá.
No podía irse sin cantar por bulerías, y no se dio su pataíta porque el suelo del patio, original empedrado, se le antojó muy inestable. Pero bailó sentado, con los pies, con las manos, con la expresión, dando una lección magistral de arte y compás, de los que está naturalmente sobrado, bien llevado por Chaparro al que no dejó de jalear. Entre el público, alguien le había pedido un cante por siguiriyas, y en la bulería lo metió, seguiriya y su correspondiente cambio de Los Puertos, rematando así y poniendo al público en pie.
Contento, correspondió a los aplausos con dos fandanguitos, y ya sí, los despedimos en pie, con la sensación de que, si se hubiera terciado, Cancanilla hubiera estado cantando un par de horas más, por lo menos.
Ficha artística
Recital de cante de Cancanilla
Ciclo Hondos Caminos del Flamenco
Museo Fundación Unicaja de Artes y Costumbres Populares de Málaga
11 de junio de 2026
Cante: Cancanilla
Guitarra: Chaparro de Málaga





















































































