Cuando hace cuatro años nació Guirijondo en Palomares del Río (Sevilla), algunos pensaron que se trataba de una locura, y otros una idea simplemente irrealizable: un festival en el que los flamencos del mundo pudieran codearse, en pie de igualdad y sana camaradería, con grandes figuras de la tierra, demostrando que los horizontes de este arte son tan anchos como los amores que suscita en todos el globo. Han pasado cuatro años y el sueño del estudioso Manuel Bohórquez, respaldado por el alcalde de la localidad, Manuel Benjumea, no solo sigue cumpliendo con su cita anual, sino que muestra más vitalidad que nunca.
Un idioma flamenco
Así se pone de manifiesto en la edición de 2026, dedicada a los Países Bajos, cuya jornada inaugural se celebró este miércoles 3 de junio en el Teatro Municipal Carlos Álvarez-Nóvoa. El periodista y escritor Antonio García Barbeito fue el encargado de brindar el pregón inaugural con un emocionado recuerdo de ese amigo que da nombre al teatro de la localidad, el entrañable actor que “no cantaba flamenco, pero el flamenco le dolía”, evocó. “Tú sabías que el flamenco era mucho más que una manera de mostrar sentimientos. El flamenco es un idioma que se habla con la voz, con las manos, con los brazos, con los pies, con todo el cuerpo. Es, como pasión artística o afición, como el toreo”.
“El flamenco es un idioma muy sensual, sobre todo por el baile, que es un medido arrebato o un arrebato sin medida”, concluyó el de Aznalcázar. “Por eso tiene tanto mérito quien llega a un lugar y se pone a estudiar flamenco sin dominar su idioma. No se trata de la ejecución más o menos perfecta del cante, el toque o el baile, sino de la música que va por dentro. Gracias a Guirijondo podemos conocer a talentos que se han enamorado del flamenco y lo interpretan como el andaluz más arraigado. Quién le iba a decir a Palomares del Río que iba a ser Palomares del Lío, no por la pronunciación, sino por el lío que está formando. El mundo cabe aquí, en un sincretismo bellísimo que abraza la espina dorsal del flamenco”.
«Gracias a Guirijondo podemos conocer a talentos que se han enamorado del flamenco y lo interpretan como el andaluz más arraigado. Quién le iba a decir a Palomares del Río que iba a ser Palomares del Lío, no por la pronunciación, sino por el lío que está formando. El mundo cabe aquí, en un sincretismo bellísimo que abraza la espina dorsal del flamenco» (Antonio García Barbeito)
Ubicuo Freddy
Tras el aplaudido discurso de García Barbeito, se le entregó una pieza conmemorativa de cerámica al aficionado holandés popularmente conocido como Freddy Flamencolover, una presencia ubicua en todos los tablaos y festivales, y querido por artistas y públicos.
Nacido en Haaksbergen en 1954, trabajó en medios como el canal Amsterdam Salto A2, fue promotor musical y tuvo su propio café en el famoso Albert Cypmarkt de la capital holandesa, hasta que se mudó a Andalucía en 2021. Cuatro décadas atrás había descubierto el flamenco en una boda gitana a la que fue invitado, y el hechizo fue fulminante. Recibió clases de cante en la Fundación Cristina Heeren, entre otras formaciones, pero sobre todo es un aficionado incansable, socio fiel de siete peñas flamencas de la provincia de Sevilla.
“Nunca en mi vida pensé que recibiría una placa de cerámica tan bonita”, manifestó el homenajeado. Solo en este festival se podrían acordar de esta forma de Holanda. Andalucía para mí es el jardín de Venus. Entre España y Holanda hay mucha historia, también alguna que otra guerra… Pero viendo a mis compatriotas caminando sobre zuecos de madera, me gusta pensar que el baile flamenco nació allí”.

Breve historia del flamenco holandés
Sin más pausa, se dio la palabra a la periodista Marlies Jansen, María Elisa para los amigos, una profesional de la información flamenca originaria de los Países Bajos que recordó haber descubierto el flamenco en 1985 “y eso cambió mi vida”. Claro que para hablar de los primeros contactos del arte jondo y su país se remontó a la época de los románticos, muchos de los cuales eran viajeros. Gente como Marcellus Emants, Jac Van Looy, Jozef Israeëls o su hijo Isaac llevaron a su país noticias de la Feria de Sevilla o los gitanos del Sacromonte.
También repasó Jansen las primeras visitas a Holanda, ya en el siglo XX, de estrellas como Vicente Escudero, La Argentinita o Carmen Amaya. O hitos como la gira Fiesta gitana Da Silva, que para muchos holandeses fue la primera cita anual de flamenco a la que tenían acceso, en una de las cuales se enamoraron dos jóvenes llamados Pedro Miño y Pepa Montes. No se olvidó de citar a pioneros como Huib Wilkes (conocido como El Payo Humberto), Arie Sneeuw, Juan Antonio, Josien Locher , Eric Vaarzon Morel, Clementine Van der Straay o Erna Esmeralda, que fueron afianzando la afición en tierras holandesas, muchos de los cuales siguen transmitiendo sus saberes a las nuevas generaciones.
Ya en los años 80, entre la huella de la Carmen de Gades (“las chicas de mi país corrían a las clases de flamenco porque querían ser como la seductora Carmen) o los éxitos ligeros de los Gipsy Kings, o el ineludible Entre dos aguas de Paco de Lucía, “se despertó un deseo de explorar una música vivaz y apasionada”. Y en aquel año 1983, un Vicente Amigo de 16 años actuó en varios escenarios y hasta en la televisión nacional, provocando una conmoción duradera. El director del conservatorio de Róterdam confió a Paco Peña, guitarrista afincado entonces en Londres, impartir lecciones de guitarra flamenca… Antes de que ningún conservatorio español hubiera abierto sus brazos al arte jondo. Fue la semilla que germinó en talentos como Tino van der Sman o Gaspar de Holanda.
El flamenco festival en Utrech, otro hito fundamental, hizo que muchos empezaran a referirse a esta ciudad como “Utrera del Norte”, y por la que pasarían con el tiempo Fernanda y Bernarda, Serranito, Carmen Linares, Chano Lobato o Eva Yerbabuena. Por último, la conferenciante evocó la Fundación Terremoto, con la pintora y aficionada Maria Spaans, quien introdujo en el país a Andrés Marín y, con él, la noción de bailar para el cante, y no solo para la guitarra; el boletín Aficionao de La Haya, precedente de las revistas Tablao Flamenco y Mundo flamenco, y donde la propia Jansen hizo sus primeros pinitos periodísticos; locales como Casa Sánchez, El Ele o el Café Duende; o la Bienal de Flamenco de los Países Bajos, impulsada por Ernestina van de Noort y Marteen Roberts con un fuerte aliento vanguardista… Para llegar a un presente con la afición algo envejecida y muy mermada tras el vendaval de la pandemia, pero donde todavía calientan las ascuas de esa centenaria pasión jonda “que nos permite sentirnos no guiris, sino unos flamencos más”.
«Un regreso, también a los fandangos de Huelva, dedicados a Niño Miguel y unas bulerías hasta que llegó el broche por seguiriya con el cantaor Jesús Méndez, que acabó acompañando con su voz privilegiada la bulería De Jerez a Marrakech y unos soberbios fandangos de propina»

El ‘Flamenco étnico’ de Gaspar
Ya en la primera edición de Guirijondo brilló la sonanta de Jasper Lockerfeer, más conocido como Gaspar de Holanda, músico afincado en Huelva que ha hecho del flamenco su seña de identidad. Alumno aventajado de Paco Peña en el conservatorio de Róterdam, abrió su recital Flamenco étnico –estreno absoluto– con una exuberante rondeña.
“La idea de Flamenco étnico es, con la reunión de muchos países y razas haciendo música, recordar que todos somos personas”, expuso Gaspar antes de convocar sobre las tablas a la cantaora Virgina Gómez, su mujer; Alaa Zoutien, laúd; Mario Pousada, buzuki y mandola; Pablo Báez, bajo; Lito Mánez, percusión; y Verónica Campos, palmas y baile para brindar unos tangos a la mayor gloria de Enrique Morente, unas bulerías para La Paquera… Y unos fandangos muy melódicos dedicados a la suegra de Gaspar, Victoria, presente en la sala, “algo que, según me dicen, no se ve mucho”, dijo el guitarrista con buen humor.
Una rumba instrumental de aromas mediterráneos desembocó en unos nuevos tangos, esta vez del Cojo de Huelva, popularizados por Miguel Poveda o Radio Tarifa entre otros; un regreso, también a los fandangos de Huelva, dedicados a Niño Miguel y unas bulerías hasta que llegó el broche por seguiriya con el cantaor Jesús Méndez, que acabó acompañando con su voz privilegiada la bulería De Jerez a Marrakech y unos soberbios fandangos de propina.
En los momentos iniciales de este primer día de festival, Manuel Bohórquez aseveró que “nunca, que sepamos, ningún festival de flamenco había caído en la posibilidad de que cada año se homenajee a un país donde el flamenco tenga importancia. Es el sentido que tenía este festival cuando se creó, y hoy tiene más sentido todavía”.
Por su parte, el alcalde, Manuel Benjumea, exaltó Guirijondo como “un festival que se ha hecho referente, tanto en España como fuera de nuestras fronteras, y sobre todo que ha puesto a Palomares en el mapa. Aquí rendimos homenaje a uno de los mayores tesoros que ha dado nuestra tierra, profundamente arraigado en nuestra cultura y que ha sabido trascender fronteras para convertirse en un lenguaje universal. Porque el flamenco pertenece a quienes lo sienten, lo estudian y lo trabajan”. ♦




























































































