Cuando hace cinco años se inauguró en San Fernando (Cádiz) el Centro de Interpretación Camarón de la Isla, el deseo de los aficionados era que este edificio no se limitara a ser un contenedor museístico en el sentido inmovilista del término, sino un espacio vivo y estimulante. Las jornadas que se han celebrado este fin de semana para conmemorar el 75 aniversario del genio, y en la que han participado una treintena de ponentes entre estudiosos, periodistas, músicos y personas cercanas al cantaor, han logrado ese propósito y demostrado, de paso, que José Monge Cruz sigue siendo un campo de exploración y reflexión inagotable.
Bajo la dirección de Carlos Rey Mier e Ismael Alcina, este encuentro arrancó con una aproximación íntima a la figura de Camarón, a través de su hija. Más allá de la leyenda agigantada con los años, Rocío Monge recordó al ser humano y al padre que “desayunaba colacao con magdalenas y moría por un potaje con arroz”, pero también la extrañeza de reconocerlo “en el libro de Sociales de Santillana, había una foto de Camarón con Tomatito”. Pero sobre todo prevalece en su memoria, a pesar de que contaba apenas 9 o 10 años cuando falleció, al hombre sin dobleces, “porque desde que mi abuela lo parió fue así. Era Camarón de la Isla desde que se levantaba, pero en La Isla y en la Línea era simplemente José”.
La primera jornada deparó otros momentos de gran interés, como la evocación que el periodista Juan José Téllez hizo de La leyenda del tiempo y de sus encuentros con Camarón, “que cantó como nadie a Lorca, a Fernando Villalón y a Omar Kayyam sin saber quiénes eran”, o la que hicieron sobre una figura tan singular como El Chato de la Isla el presidente Cátedra de Flamencología de Cádiz, Guillermo Boto, el cantaor Manuel Lucas, el guitarrista Víctor Rosa o Antonio Romero, presidente de la Peña que lleva el nombre del cantaor, como compañero de andanzas y de generación de José Monge Cruz.
Completaron la jornada el musicólogo y director de la Academia ExpoFlamenco, Faustino Núñez, hablando del tándem Paco de Lucía-Camarón como una contribución histórica de Cádiz a la renovación de lo jondo, y la fusión de dos personalidades únicas como “el milagro del flamenco hecho carne”.
Sobre los orígenes de Camarón hablaron largamente el guitarrista Paco Cepero, el escritor Enrique Montiel y el gerente de la Venta de Vargas, segunda casa del cantaor, Lolo Picardo, en tanto los nuevos sonidos del flamenco de los años 70 fueron analizados por Ismael Alcina con el bajista de La leyenda del tiempo, Manolo Rosa. “La idea de Ricardo Pachón no era reunir a músicos flamencos, sino a gente que viniera de otros sitios y aportara otras cosas. Y Camarón confiaba ciegamente en él. Todas las ideas le parecían buenas, todos los temas le parecían bonitos, estaba encantado”. Trini de la Isla puso el broche del cante como Jesús Castilla lo haría al día siguiente.
«Tenemos que dejarnos de mitos. A Camarón lo conocí y no se llamaba leyenda. Se llamaba José Monge Cruz. Se llamaba artista. Se llamaba músico. Se llamaba una buenísima persona. Hace poco leía a Fernando de Triana, y en un momento dado dice que Manuel Torre era un cantaor de leyenda, y añade: qué daño le hizo lo de la leyenda» (José María Velázquez-Gaztelu)

La segunda jornada empezó fuerte con la intervención de la catedrática de Antropología Cristina Cruces, en la que hizo un repaso en cuatro estaciones por la vida de Camarón, desde su infancia isleña hasta el estrellato y la explosión de la camaromanía, para concluir especulando con una posible vocación de pastor evangélico si Camarón no se hubiera marchado tan pronto.
Francisco Perujo, por su parte, hizo una disección de Camarón desde el punto de vista de la imagen y la marca, para determinar que “no fue nunca un cantaor-y-punto. No puede ser explicado solo desde el flamenco. Es un fenómeno comunicativo sin precedentes, para convertirse en un icono diferenciado de la cultura española, que es elevado a la categoría de estrella mediática, sobre todo, cuando muere”.
El día dio también de sí para hablar de la importancia de Camarón en la declaración del Flamenco como Patrimonio de la Humanidad con Mari Ángeles Carrasco, en los avatares que rodearon la concesión de la Llave de Oro del Cante a título póstumo, pero también en las posibilidades de llevar el flamenco a las aulas o de explicarlo a través de los libros infantiles.
Por último, el poeta y periodista José María Velázquez-Gaztelu, en diálogo con la cantaora onubense Argentina, explicó como “en nuestra época, de neoclasicismo mairenista, de perfeccionismo academicista, de pronto sale una voz diferente, una forma interpretativa y una actitud distinta que se reflejaba en la manera de vestir, de peinarse y de relacionarse con el público, con una apertura musical enorme y rompiendo barreras: sale Camarón. Eran los primeros años 70. José estaba brillantísimo, inspirado, transmitiendo, con una afinación perfecta y una propuesta fresca y novedosa”.
No obstante el creador de la serie televisiva Rito y geografía del cante, que grabó al artista de la Isla en aquel tiempo, aseveró que “tenemos que dejarnos de mitos. A Camarón lo conocí y no se llamaba leyenda, se llamaba José Monge Cruz. Se llamaba artista, se llamaba músico, se llamaba una buenísima persona. Hace poco leía a Fernando de Triana, y en un momento dado dice que Manuel Torre era “un cantaor de leyenda”, y añade: “Qué daño le hizo lo de la leyenda”. La leyenda estorba, pone un velo para que no se vea la persona”.
Y concluyó, como suele, con humor: “Bueno, aquí, en San Fernando, me dieron el premio Leyenda del Flamenco el año pasado. No puedo decir nada, pero de verdad que me llamo José María Velázquez”. ♦



























































































