O sí. Parece dogma cabal que el cante debe doler. Ahí está la sentencia: el cante de verdá hiere. Nos partimos las camisas. Los quejíos arañan. Un tercio bien cantao o un requiebro de la voz pegan un pellizco. Tiene que haber duende. Que se encoja el corazón. Que te lastimen las carnes. Que te crujan los huesos. Que la boca te sepa a sangre. Cualquiera diría que estamos hablando de arte y no de un bodegón gore. O del mostrador de una carnicería en el que descuartizan y desmiembran a un animal. Aunque también nos gusta el cante salvaje. A otros no.
Un día en Utrera se me salía la patata del pecho escuchando por seguiriya a Inés Bacán. Son esos instantes inexplicables en los que, sin saber por qué, se contagian las emociones y todo el mundo entiende el idioma de las fatigas dobles arrancándose de cuajo los oles en el mismo sitio. Tras el éxtasis de la gitanería lebrijana, en un jipío de los que se arrastran desde las tripas, el de al lao me tiró un bocao en el brazo. No es broma. Mi primo Luis de la Ramona no pudo con el jinque e, irremediablemente, sin pensarlo, brotó con ese gesto. Me dolió más Inés. Yo estaba anestesiao. Pero lo entendí. Y compartimos el momentazo de esta manera.
Seguimos por Lebrija. Porque na menos que El Funi hizo unas declaraciones que se volvieron virales donde decía que «hay tres formas de cantá: una es bonito, otra es bien y otra es bien y gitano». Y a ver cómo lo explico. Podría poner ejemplos con cantaores, pero no viene a cuento airear mis gustos cuando quizás no coincidan con los de ustedes. O lo mismo sí, mira tú. Aunque para eso ya hago las críticas de los recitales a los que acudo y no me corto ni un pelo. Siempre se me entiende to.
«No sé si podríamos convenir que bonito canta Marchena, Calixto Sánchez lo hace bien y Perrate canta bien y gitano. Que me perdonen los tres. Como diría aquel, pero sin ojana. Va sin acritud. Pongan ustedes los ejemplos si quieren. Pero el preciosismo marchenero habrá a quien le haga cardenales. A muchos les empalaga tanto azúcar»
No sé si podríamos convenir que bonito canta Marchena, Calixto Sánchez lo hace bien y Perrate canta bien y gitano. Que me perdonen los tres. Como diría aquel, pero sin ojana. Va sin acritud. Yo mismo me tiro de la lengua. Pongan ustedes los ejemplos si quieren. Pero el preciosismo marchenero habrá a quien le haga cardenales. A muchos les empalaga tanto azúcar. Y cuidao, que Marchena es incuestionablemente un creador y un maestro no lo suficientemente bien tratao, porque la mayoría se queda en lo comercial sin ahondar en su obra. Como ocurre con Valderrama. Calixto Sánchez es sabio, largo, con unos conocimientos envidiables. Ejecuta bien el cante. Pero su tibieza, cuando no su frialdad, según quien le tome la temperatura y el día, es vox pópuli entre los aficionaos. Verás tú cuando llegue yo a Mairena y me cojan por banda. Sin embargo, Perrate… ¡No cantaba bien Perrate! ¡No ni na! ¡Y gitano! O Fernanda, o Gaspar… por quedarnos en mi pueblo un rato. Lo mismo que Terremoto o Agujetas. ¿Y Pastora? ¿Cómo cantaba Pastora? ¿Bonito, bien o bien y gitano? O las tres cosas.
Se está poniendo de moda la voz susurrá. Hay oídos a los que las voces afillás, broncas, rozás… esas de cristalitos rajaos, les sientan mal. Porque las voces cuentan. Que no es lo mismo sonar bien que cantar bien. Pues eso. Algunas gargantas se templan y entra la cosa resbalá, como cremita o empujón suave con vaselina. Y te ponen los vellos de punta. Hay cantes que provocan escalofríos y te erizan el vello de sopetón. Otros se sienten como un bocaíto en la oreja o un lametazo sutil en el cuello. Y to no es lo mismo. Pero nos pone tontorrones. ¿A que sí?
Los aficionaos no tienen por qué debatirse entre que les jinquen las uñas o los acaricien para probar de nuevo el veneno. En la variedad está el gusto. O el gustazo. A pesar de que ca uno tengamos nuestras preferencias. Cerrarse a llorar con El Carbonerillo y después con Fernanda limita. Pero las sensibilidades de los flamencos tienen sus apellidos y colores. Dicen que canta bonito Rocío Luna, El Perrete, Ángeles Toledano, Jesús Corbacho y hasta Mayte Martín. ¿No estaremos confundiéndonos y confundiendo a los demás? ¿Existe el cante bonito o no? Más que una afirmación, debería haberles hecho primero la pregunta. Y decidan ustedes. ♦





















































































