Cuenta la leyenda que, en los años prepandémicos, había en Sevilla un apartamento en las inmediaciones del puente del Alamillo que acogía siempre a bailaores o artistas necesitados de hospedaje. Era la casa de Borja Cortés, un joven bailaor de Torremolinos que se formó en la capital hispalense antes de marcharse a Madrid, donde hoy milita en el Ballet de la Comunidad. Tuvieron que ser otros maestros de la hospitalidad, Miguel Betegón y sus compañeros del Festival Flamenco de Esch (Luxemburgo), quienes le dieran la oportunidad de crear y estrenar su primer trabajo propio. Y eso es lo que vimos este jueves en la Kulturfabrik, el antiguo matadero de reses de Esch reconvertido en espacio cultural.
Este festival tiene por costumbre invitar a los guitarristas de los espectáculos que programa a ofrecer un breve recital antes del montaje, por lo que esta vez le tocó a Ángel Flores, de la madrileña villa de Torrejón y flamante ganador del Concurso Nacional de Guitarra de Córdoba, brindar una muestra de su arte. Alegrías, taranta y soleá sirvieron como tarjeta de presentación de impronta barroca, con una mano izquierda muy inspirada, para terminar con la farruca Almoradi de Niño Ricardo, tan saltarina y rica en dinámicas sugerentes.
Con este estupendo pórtico el respetable ingresó de lleno en Centro, paso, título inspirado en un texto del dramaturgo Pablo Messiez, y que arranca con un vaivén de sillas por el escenario, que van pasando de mano en mano de los artistas, hasta que cada uno encuentra su sitio. Recordé entonces la anécdota de Casa Borja y su llave de mano en mano, pensando que la verdadera casa de un bailaor es el escenario, y Cortés ha querido invitar a sus tres amigos a compartir esas tablas y ese momento único. El resultado es, lo han adivinado, una fiesta.
«’Centro, paso’ es un trabajo que merece no quedarse en Luxemburgo, sino rodar mucho por los caminos de España, pero que de momento ya se ha quedado un poco, para siempre, en el interior de quienes lo vivimos en primicia. En esa otra casa que es el corazón»
Muy pronto se ponen de manifiesto dos cosas: una, que aunque Borja Cortés es la cabeza visible del cartel y quien se echa sobre los hombros la mayor responsabilidad, el protagonismo está muy bien repartido entre los cuatro; y otra, que no hay una sujeción concreta a línea argumental alguna, porque una fiesta no tiene argumento. Caben la Estrellica del maestro Espada, El lenguaje de las flores de Federico y los tangos de don Antonio Chacón que popularizó magistralmente Enrique Morente –un cantaor que sobrevuela no pocos momentos de Centro, paso–, ese monumento a la amistad que es la Elegía a Ramón Sijé metida en compás de siete…
Todo ello lo iban desgranando estos cuatro fantásticos: un baile de enorme exigencia física y que a la vez permite la ternura y la sensualidad, poderoso en los pies y expresivo en los brazos, que fue de manera sostenida de menos a más; una guitarra leal, al servicio del baile pero también con sus licencias de creatividad, y el cante sensacional de un Juan Debel afinadísimo y de una estremecedora Teresa Hernández, la Chica Maravilla de La Línea de la Concepción. Todos tienen sus carreras como solistas –que deseamos largas, y ahí estaremos para seguirlas si el cielo nos da salud– pero en esta reunión en Casa Borja fueron en muchos momentos uno solo, una comunión de almas que absorbió también al público con la energía de un agujero negro.
Claro que una fiesta tiene momentos para todo: para el jolgorio, para la confidencia (¡esas sevillanas al alimón de Juan y Teresa!) y hasta para las lágrimas. Incluso para la intimidad, como el solo con un pandero rebosante de pétalos de flores que acabarán llenando el escenario –no sin riesgo de deslizamientos temerarios.
Y así, en un espacio recoleto como el de la Kulturfabrik, que permite poca trampa y menos cartón, siguió discurriendo la noche cálida, entre la serrana y el paseo por alegrías de Córdoba a Cádiz, el gemido de la vieja guitarra de Manolo El Malagueño y un broche por bulerías con los cuatro artistas en lo más alto, como debe ser. En resumen, un trabajo que merece no quedarse en Luxemburgo, sino rodar mucho por los caminos de España, pero que de momento ya se ha quedado un poco, para siempre, en el interior de quienes lo vivimos en primicia. En esa otra casa que es el corazón.
Ficha artística
Centro, paso, de Borja Cortés
Kulturfabrik de Esch. Festival Flamenco de Esch (Luxemburgo)
21 de mayo de 2026
Borja Cortés, baile.
Teresa Hernández y Juan Debel, cante
Ángel Flores, guitarra



















































































