Es la primera vez que María de los Ángeles Salazar La Kaíta venía a cantar a Málaga, por extraño que pueda parecer. Quizá esto obedezca a que es una cantaora de círculos muy concretos. Círculos, como puede pasar en cualquier ciudad, locales, que no suelen ser permeables a la afición del resto de lugares flamencos, por lo que los aficionados agradecemos sobremanera que los conocedores de estos artistas los programen para que podamos disfrutarlos, como es el caso de Carlos Martin Ballester, director de este ciclo.
La Kaíta venía muy bien acompañada a la guitarra por el soniquete extremeño que representa maravillosamente Miguel Vargas, junto con su hijo Juan Vargas. Y con un solo por seguiriyas de Miguel comenzó precisamente el recital, alabando nada más sentarse el lugar donde estábamos, el magnífico patio de la antigua Posada de la Victoria que hoy es el Museo Fundación Unicaja de Artes y Costumbres Populares, con una acústica genial, que supo apreciar y aprovechar con su toque Miguel Vargas. Es un guitarrista que disfruta con lo que hace, que se embelesa tocando y nos lo transmite, y nos prende con su hechizo.
Tras este prometedor comienzo, entró La Kaíta. Con su personalidad arrolladora, se templó por soleá, en la que su voz fue asomando, poderosa y rota al mismo tiempo, con unos matices que provocan el pellizco. Su cante es punzante, explosivo, con mucha personalidad, magníficamente llevado por Miguel y Juan Vargas, que la conocen a la perfección.
Tras esta preparación, se metieron en los tangos de su tierra. El toque distintivo de aires extremeños embriagó el patio, en una compenetración tan profunda de las dos guitarras que parecían una sola, dando el contrapunto a la fuerza racial y salvaje de la cantaora que, cómo no, se acordó de su pariente Porrina de Badajoz.
«Tras explayarse con los jaleos, con la voz bien calentita y el poderío en todo lo alto, La Kaíta se entregó en los fandangos de Porrina, sin guardarse absolutamente nada, estremeciendo y provocando los oles del público»

El camino estaba hecho para brillar con los jaleos extremeños. Trasminando pasión por lo que hace, Miguel Vargas fue llamando al cante de La Kaíta en lo que resultó ser un improvisado y delicioso solo. Padre e hijo se miraron, cambiaron cejillas y, ahora sí, entró como un vendaval La Kaíta con aquello de Vengo de mi Extremadura/ de ponerle a mi caballo/ de plata las herraduras. Y es que las letras populares fueron la tónica del recital, lo que aumentó la sensación de autenticidad y de estar asistiendo a la ejecución de cantes ancestrales que han pervivido hasta hoy gracias al respeto de la tradición familiar.
Tras explayarse con los jaleos, con la voz bien calentita y el poderío en todo lo alto, La Kaíta se entregó en los fandangos de Porrina, sin guardarse absolutamente nada, estremeciendo y provocando los oles del público.
Iba a terminar por bulerías, pero Miguel Vargas, como sabio patriarca que es, le sugirió que hicieran un poquito por tangos mezclando las formas de la gitanería portuguesa, vecina de Badajoz, con las formas propias. Quejíos flamencos y letras en portugués para unos cantes llenos de belleza.
Las bulerías pusieron el broche de oro, en las que los tres artistas se despidieron en el momento justo. Ese en el que quedan aun ganas de más. Ese en el que los artistas se encuentran en plenitud. Ese en el que el público se siente privilegiado, pues es consciente de acabar de vivir algo único.
Ficha artística
Recital de cante de La Kaíta
Ciclo Hondos caminos del flamenco – Fundación Unicaja
Museo Fundación Unicaja de Artes y Costumbres Populares
14 de mayo de 2026
Cante: La Kaíta
Guitarras: Miguel Vargas y Juan Vargas
Aforo: Lleno



















































































