Pistoletazo de salida para la quinta edición de un festival que se consolida entre los mejores de los llamados “festivales frívolos”, según las propias palabras de su organizador y presentador, Pedro Lópeh. Un grupo de amigos unidos en el flamenco preparan anualmente los fastos de un evento que se ideó desde la búsqueda de un formato diferente a los festivales tradicionales. Un fin de semana de convivencia y actividades en torno al flamenco que aglutina a un público fidelizado que espera la cita con expectación, sabedores de que el resultado será una vivencia con un denominador común: el cante.
Cada año el evento va superando los pequeños obstáculos que desde la experiencia se detectan, con la intención de procurar más calidad y el mayor rigor organizativo posible. Es de admirar el altruismo con el que los miembros del equipo trabajan por amor al arte, con todas las letras.
Después de dos años de celebración en Espiel (Córdoba), esta edición es la segunda que se celebra en Marinaleda. El equipo no sólo se preocupa de la parte escénico artística. También piensa en posibilidades de alojamiento, lugares donde celebrar las actividades paralelas, un día de convivencia gastronómica, mercadillo, charlas, cursos, espacios donde aparcar y acampar, y alguna actividad de índole social como es el beneficio del ambigú, que este año se destinará al Pueblo Saharaui. “Todo pensado para que sea un fin de semana lo más cómodo posible para todos”, como afirma su director. De esta guisa una siente que es bienvenida para disfrutar esta convivencia en un ambiente flamenco “donde nos conocemos, nos encontramos y nos desaforamos. Porque divertirse significa estar de acuerdo. Pasamos de la evasión a la condescendencia. En esta Sicilia irredenta que es Marinaleda”. Con estas y otras palabras, Pedro Lópeh lanza al público su culta disertación adobada de una meditada selección de argumentos sociales, políticos, culturales, filosóficos y reivindicativos. En definitiva, discurren las palabras por las lindes donde se mueve el flamenco y lo humano. Una simbiosis cultural indisociable.
También tuvo sus palabras de recuerdo por la muerte de José Domínguez ‘el Cabrero’ con uno de sus fandangos sobre la injusticia social: Los tartessos a tortazos / y los bárbaros a bocaos / Los tartessos a tortazos. / El hombre civilizao / a fuerza de cañonazos / nos tienen acojonaos.
Y con su alegato abrió “la jaula del grito de la V fiebre del cante”.
«El equipo del Festival Fiebre del Cante no sólo se preocupa de la parte escénico artística. También piensa en posibilidades de alojamiento, lugares donde celebrar las actividades paralelas, un día de convivencia gastronómica, mercadillo, charlas, cursos, espacios donde aparcar y acampar, y alguna actividad de índole social como es el beneficio del ambigú, que este año se destinará al Pueblo Saharaui»
Viernes 15 y sábado 16 de mayo son los días en que se celebran las dos jornadas flamencas que iluminarán la noche en el polideportivo marinaleño. La programación de cada día se divide en tres recitales protagonizados por figuras del panorama artístico actual, dejando un breve descanso para el cambio de artistas.
El primer día lo inició la malagueña de corte clásico Delia Membrive, que llegó acompañada del guitarrista Juan Requena y los palmeros Alberto Parraguilla y Ríchar Gutiérrez. La joven cantaora se templó por cantes de levante muy adecuados a su voz, soleá, además de tangos, malagueña y bulerías.
Continuó el turno del gaditano David Palomar, que bebió de la marmita de Chano Lobato y de Mariana Cornejo, a quienes recordó en su actuación, pintando la noche de soniquete caletero y del sabor salado de los cantes de Cádiz. Vino acompañado de Óscar Lagos y de los mismos palmeros, y derrochó su gracia con comentarios que robaron una sonrisa al público: “Se ha parado el viento, qué cosa más bonita”. Antes de comenzar confesó que le gusta “cantar en directo porque se siente libre”. Inició por alegrías de Cádiz, con el frenesí que siempre le caracteriza, para cerrarse a continuación en la intimidad de la siguiriya, que zamarreó antes con un prólogo sentido que decía “con un mundo sin razonamiento, se nos ha ido de las manos, la humanidad está podría. Yo le he dicho a mi mujer que quite el televisor y ponga ahí otra lavadora”. Seguidamente, unos largos tanguillos de Cádiz en los que el cantaor se sumerge a su mundo carnavalero y rescata una murga del alcalareño Joaquín el de la Paula. No puede faltar la soleá en la garganta de David Palomar y un buen remate por bulerías.
Y ya para cerrar esta primera jornada, que empieza a ser fría por la caída del relente, toma la escena Raúl Rodríguez –músico y antropólogo, porque así dice el presentador que hay que entenderlo– con una propuesta de fusión de culturas, de instrumentos y de formas que se aleja con conciencia de causa de los moldes clásicos del cante, y que es muy bien recibido por el público que ocupa las gradas. Inicia su actuación acompañándose de un tres cubano, un instrumento que, a diferencia de la guitarra, varía en su forma anatómica y en el montaje de sus cuerdas resultando tres cuerdas dobles. Con este instrumento diferente introdujo su actuación tocando y cantando los ritmos flamencos, entre los que destacó una seguiriya. Bien avanzada la actuación tomó su guitarra flamenca para ofrecernos su personal soleá y otras composiciones propias, hechas “como no se deben hacer las cosas”, tal como argumentó él mismo. No nos equivocaríamos al decir que quien fue líder en sus días de Son de la Frontera, es hoy el cantautor de lo jondo.
La segunda noche, en el sábado que divide mayo en dos, estará adornada por las voces del mairenero Manuel Cástulo acompañado por Manuel Herrera. A continuación Eli de los Santos (Utrera) con David Peña. Y pondrá el broche el cantaor pacense El Perrete con la sonanta de Rubén Levaniegos. El cartel promete una buena noche de cante y saber. ♦




















































































