Un minuto de silencio roto por la grabación de aquel zapateado que grabó para el último disco de Camarón, Potro de rabia y miel, en 1992, seguido de la primera gran ovación de la noche. Así comenzó este miércoles el homenaje que algunas de las principales figuras del flamenco de Madrid rindieron a Juan Ramírez en el Auditorio Marcelino Camacho. En el centro del escenario, los zapatos con los que el genio extremeño criado en Sevilla –fallecido en enero a los 66 años– creó escuela, revolucionó el baile y marcó una época.
El espectáculo comenzó con Juañares arrancándose por soleás y bulerías, acompañado de Rubem Dantas al cajón, como parte de la formación que abrió la velada en un recinto casi lleno. Contaba después el percusionista a ExpoFlamenco cómo llegó Ramírez al sexteto de Paco de Lucía a mediados de la década de 1980. “Recuerdo que le ayudé a integrarse. Era un bailaor especial y a las personas especiales hay que cuidarlas. Conmigo se abrió mucho y me contó muchas cosas de su infancia. Fue una época muy bonita. Además, Juan fue el primer bailaor de Paco y, cuando llegó, el sexteto subió de una forma impresionante. Con él nos convertimos en triples campeones de Europa”, asegura entre risas.
Los numerosos invitados que se volcaron en este tributo desde la primera llamada, según comentó Ramírez Hijo, organizador de la cita junto a la bailaora Lorena Quirós, fueron pisando el escenario presidido por la imagen del maestro del compás y pies privilegiados que nos dejó demasiado pronto y en plenas facultades. La joven cantaora Miriam Cantero, llegada de Extremadura para la ocasión, le dedicó unos tangos de su tierra, de la tierra de ambos. El zapateado de Carmela Greco arrancó los primeros «oles» y el Yiyo puso al auditorio en pie, poco después de que Ingueta Rubio cantara por alegrías versos tan bien elegidos como “porque ya estás en los cielos junto a tu madre”.
A continuación, Duquende subió la primera cumbre de la noche al lanzarse por fandangos: Se van a batir a muerte / con dos cuchillos en la mano / Que nadie diga valiente / porque los dos son hermanos / y el que gana es el que pierde. Dio entonces rienda suelta a la bestia que lleva dentro esta figura del cante a quien, a principios de los años 70, Camarón invitó a debutar y hasta le acompañó él mismo con la guitarra. A esas horas, el público ya estaba ganado para la causa.
«Cuando los aficionados se dirigían a la salida, todavía se escuchaban los cajones y las palmas en el camerino, como si nadie pudiera echarlos de allí. En la puerta, con el auditorio ya cerrado, el público le dedicó un fuerte aplauso a los artistas en señal de agradecimiento. Juan Ramírez seguro que los escuchó desde arriba»

Poco antes del inicio de la gala, andaba emocionado por la sala uno de los guitarristas que más acompañó a Ramírez desde que lo descubrió por casualidad en una de aquellas juergas interminables en el Candela: José Jiménez ‘El Viejín’. “Fue en 1984 o 1985. Estábamos allí y alguien dijo que Juan se iba a pegar una patada. Aunque era muy joven, yo ya había escuchado hablar de él, pero cuando lo vi bailar me quedé paralizado. Era un extraterrestre. ¡Madre mía! Para mí, ahí arriba están Camarón, Paco de Lucía y Juan Ramírez, con eso te lo digo todo. Se merecía este homenaje porque fue un antes y un después en el baile con los pies”, asegura
a ExpoFlamenco.
Nos cuenta también El Viejín que estuvo con el maestro por última vez dos meses antes de que falleciera. Fue a verle bailar al tablao madrileño de La Carmela y, una vez más, le sorprendió. “Fue increíble, seguía al mismo nivel. Era un atleta. Nunca he visto a nadie bailar así con esa edad. Siempre me daba inyecciones de energía. Era un milagro de la naturaleza… Un milagro de Dios”, añade el guitarrista como si lo estuviera viendo bailar en ese momento, sobre el escenario, acompañando a Camarón, Paco de Lucía o Enrique Morente, que también quedó prendado de cómo llevaba el compás con los pies y requirió sus servicios para su histórica Misa flamenca (1991).
Montse Cortés encaminó la velada hacia el final en otro gran momento de la gala, con la rumba que grabó en homenaje a Tina Muñoz, de Las Grecas, que anoche interpretó en compañía de la hija de la malograda cantante. Las actuaciones apenas dieron respiro a la audiencia, salvo por los elogios que algunas figuras dedicaron al maestro. Cumplieron con creces los guitarristas Jerónimo Maya e Israel Cerreduela, el también cantaor extremeño Francisco Escudero Marqués ‘El Perrete’, la cantaora Esther Merino, el bailaor Antonio Moreno ‘Polito’ o los percusionistas Lucky Losada y Bandolero, entre los más de cincuenta nombres que participaron en este tributo a uno de los bailaores jondos más grandes de las últimas décadas, coincidían todos.
El fin de fiesta reunió sobre el escenario al elenco al completo, hijos y nietos incluidos bailando al compás de los adultos. Los artistas le entregaron una placa al hijo de Juan Ramírez y, cuando los aficionados se dirigían a la salida, todavía se escuchaban los cajones y las palmas en el camerino, como si nadie pudiera echarlos de allí. En la puerta, con el auditorio ya cerrado, el público le dedicó un fuerte aplauso a los artistas en señal de agradecimiento. Juan Ramírez seguro que los escuchó desde arriba.
Texto: Israel Viana



























































































