Hacía mucho que no veía verter lágrimas sobre un escenario, en un espectáculo flamenco.
Es cierto que un artista no tiene por qué hacerlo. Su emoción debe ser convincente, pero no es obligatorio que el dolor por la pérdida de una madre en una seguiriya, por ejemplo, o la desolación de un taranto, sean vividas en propia carne. Un cantaor debe ser, en este sentido, un actor solvente. Y sin embargo, a veces esa emoción se impone y se transmite. Viaja en ambas direcciones, circula del escenario al patio de butacas y vuelta, haciéndonos partícipes de una verdad que quizá no es nuestra, pero que sentimos como tal. Erizando la piel, alterando nuestra respiración, estimulando los lacrimales.
Sucedió este viernes en Cádiz, en un abarrotado Centro de la Merced. En el cartel, tres voces femeninas iban a compartir su arte en un montaje titulado Cante de mujer, acompañadas por un par de músicos tan solo. Una escenografía sencilla a más no poder –telón negro, una mesa con una botella de manzanilla– daba a entender que el foco caería exclusivamente, como indicaba el título, sobre las tres protagonistas.
Empezaron turnándose en las canciones de cuna, de la nana de la Marelu a la del caballo grande de Camarón y las de la cebolla de Miguel Hernández, para seguir por tientos tangos con una gran Pilar La Gineta dominando los tiempos y dando muestras de una notable solidez interpretativa, que acompaña con una figura imponente.
Naike Ponce, siempre carismática y llena de energía, tomó el testigo a continuación en unas bulerías de Cádiz particularmente bullangueras, interpretadas de pie con su pataíta incluida. Hasta que llegó el momento antes referido, el remanso en el que Teresa Hernández, una joven y muy prometedora cantaora linense, conjuró el misterio de la emoción –eso que unos llaman duende, pellizco o de cualquier otro modo imaginativo– para que se obrara la magia.
«La despedida por bulería, todas en pie como muy pronto lo estaría el público, puso el broche a una propuesta que venía envuelta en cierta retórica de emancipación y empoderamiento femenino, lo que nos parece muy bien, pero que al final se defendió mucho mejor por la vía del buen hacer sin etiquetas, que a veces es el camino más corto al corazón»

Tomó Hernández la guitarra, con la que también se maneja estupendamente, para empezar a tocar por petenera, dibujando con su garganta hermosos melismas, para terminar por farruca con una dulzura y una delicadeza extraordinarias. Entonces afloraron las lágrimas, en el rostro de Teresa y en los de muchos de los presentes. Lentas, silenciosas, sin estridencias. Se hizo un instante antes del aplauso unánime y atronador.
Hace tiempo, una compañera de la prensa me advirtió del potencial de esta gaditana afincada en Madrid, y ya había tenido ocasión de disfrutar varias veces de su buen hacer. Pero en La Merced me acabé de convencer de que es una personalidad llamada a hacer grandes cosas en el flamenco. Verla acompañada de dos veteranas, nutriéndose de ellas y espoleándolas a la vez, fue un disfrute añadido.
El espectáculo continuó con una intro de percusión de David Gavira conjugando mano y escobilla, que marcó un compás de aire jazzero para acometer la tanda de romances: el del Conde Sol (¿de dónde le salió ese vozarrón a Teresa?), el de la Cristiana cautiva (magnífica La Gineta, creciéndose en enjundia por momentos), el pregón de caramelos de Naike Ponce, que sabe muy bien cómo levantar los ánimos del respetable, y el pregón de la monja como remate, una vez más a cargo de Teresa Hernández.
Una horita justa había bastado para hacer un óptimo recorrido por cantes de corte tradicional, desde una apreciable variedad de registros y estéticas, pero armonizadas en el resultado final. La despedida por bulería, todas en pie como muy pronto lo estaría el público, puso el broche a una propuesta que venía envuelta en cierta retórica de emancipación y empoderamiento femenino, lo cual nos parece muy bien, pero que al final se defendió mucho mejor por la vía del buen hacer sin etiquetas, que a veces es el camino más corto al corazón.
Ficha artística
Cante de mujer, de Naike Ponce, Pilar La Gineta y Teresa Hernández
Ciclo Cádiz es Flamenco
Centro Flamenco La Merced de Cádiz
24 de abril de 2026
Cante: Naike Ponce, Pilar La Gineta y Teresa Hernández
Guitarra: Daniel Bommatti
Percusión: David Gavira
























































































