El templo flamenco granadino de La Platería acogió la noche del sábado 25 de abril a los jerezanos David Carpio y José Gálvez. Los que allí estuvieron supieron darle calor, oles a tiempo y disfrutar de la marca registrada de esta zona de Andalucía. Calor de unos cuantos, porque no comprendo cómo siendo la peña de Andalucía con más socios de todas las que existen, el número de asistentes en comparación con el volumen de socios es anecdótico. Si contamos que los socios vienen con acompañante, lo que queda es un residual de masa social que no llega al diez por ciento. Lo de darse golpes en el pecho con ser platero no solo va en el carnet, sino en mantener viva la llama de lo que nos gusta, nos atrapa y nos concentra en espacios flamencos.
Hecha la crítica a los socios de tan insigne peña, nos queda mostrar cómo un recital de cante clásico se convirtió en una maestría por parte de ambos jerezanos. Por un lado, José Gálvez es un rara avis en el toque. Toca por Jerez sin parecerse a nadie, rescata lo de los demás aportando un sello propio que lo sitúa en un enclave sonoro tan personal como referencial. Tiene unas hechuras que llegan adentro, con una técnica depurada, flamenca y a la vez estridente. Porque es capaz de pasar del rasgueo atronador a la finura del toque sensible sin despeinarse.
Por otro lado, David Carpio se está convirtiendo, si no lo es ya, es uno de los buques insignia del cante jerezano. Mantiene las formas cantaoras de su tierra, no se sale de los cánones (bien podría, pero no quiere), y remeda a sus maestros con elegancia y responsabilidad.
Por eso comenzó fuerte, por tonás, a pecho descubierto, sin más aliño que la memoria y el eco del pasado. Gálvez metió las manos por soleá para dar la vez a Carpio, que se acordó o mejor recordó a Charamusco, no haciendo sus cosas, sino recordándolo, como dijo Antonio Mairena prudente y sabiamente.
«David Carpio se está convirtiendo, si no lo es ya, es uno de los buques insignia del cante jerezano. Mantiene las formas cantaoras de su tierra, no se sale de los cánones –bien podría, pero no quiere–, y remeda a sus maestros con elegancia y responsabilidad»
Por malagueñas hizo letras propias, en homenaje a su madre y un primo fallecido, la primera la atribuida a Manuel Torre y la segunda al Mellizo. Las hizo recortaítas, intensas y a fogonazos, como se canta en Jerez. Claro, es que no puede salirse de ahí, ni debe. Lo suyo es mantener la llama.
Por cantiñas y alegrías fue muy extenso, con una tanda larga de las primeras y rematando con las segundas. Repitió cantes de soleá, con unos ayeos explosivos, muy en las formas de Los Moneo, sobre todo de Manuel, de quien se nota que bebe. Hizo ronda por Alcalá, Triana, Lebrija, y hasta una apolá del Fillo que apenas se escucha y que rescató Juan Breva a principios del siglo XX.
No faltó la seguiriya. Ahí Gálvez estuvo de órdago: la quintaesencia del recuerdo a Javier Molina y a la escuela de Los Morao. David partió de su tierra con la corta de Frijones y su Santolio para viajar a Los Puertos del gran Juanelo y regresar del viaje con Joaquín Lacherna a la tierra para recrearse en la cabal mas cabal de todas las cabales, la de Silverio.
Hizo tanda de fandangos, jerezanos, podemos llamarlos, porque fueron los de Cepero y los de Manuel Agujetas.
Para el fin de fiesta invitó al escenario a Antonio Campos, Miguel el Cheyenne y Miguel Núñez, hijo de José de los Camarones, que hasta se atrevió con una pataíta recortaíta rescatando David ecos de cuplés por bulerías de Utrera y por supuesto los cantes de la Plazuela.
Ficha artística
Recital de cante de David Carpio
Peña La Platería, Granada
25 de abril de 2026
Cante: David Carpio
Guitarra: José Gálvez

















































































