De vez en cuando aparecen en el mercado discográfico novedades que causan sensación, no necesariamente por encontrar aportaciones o creaciones al magno campo estilístico del cante sino por rescatar algo que parecía inexistente pero que estaban a buen recaudo de aficionados y coleccionistas en viejos discos de pizarra o cilindros de cera. Por suerte, buena parte de esos registros están digitalizados y al alcance de cualquiera que tenga interés en conocer los orígenes de la música flamenca. ¿Por qué entonces se graba siempre lo mismo, las mismas letras, los mismos estilos, las mismas versiones y de los mismos referentes? Habrá cientos ilustres olvidados de los que nadie se acuerda pero aparecen a cuentagotas rescatados por cantaores de hoy para demostrar al género que lo antiguo es lo más moderno que hay. Por eso, la cantaora granadina Alicia Morales ha conseguido que uno de esos arqueológicos cantaores del siglo XIX vuelva a estar de moda. Ha investigado en profundidad la obra de Antonio Pozo El Mochuelo, el cantaor que más discos ha grabado en pizarra. Y allí estaba, oscurecido, olvidado y vilipendiado, pero, como ella misma dijo, ‘es un titán’. Bien es cierto que no fue el cantaor con más pellizco de su época, pero sí el que más ha transmitido las formas primitivas del cante.
Por eso, rescatar su obra suena a novedad. Y lo es porque reconocemos en la voz de Alicia el primitivismo de las soleares o de las guajiras que se cantaban en esos años tan tan lejanos, cuando estaba forjándose aún el género, algo así como un renuevo del cante viejo. Esta misma semana ha salido al mercado su último disco, que homenajea al cantaor sevillano. Por eso, en la Peña La Platería, su casa, es donde eligió presentarlo.
La cantaora salió al escenario de negro y mantón rojo junto a un José Quevedo Bolita que estuvo pletórico en el toque. Alicia arrancó con cantiñas clásicas. Ahí no había Mochuelo, ni falta que hacía. Había personalidad y punto. Jugó con los tiempos, los silencios y las recogidas del cante en tanto que Bolita jugaba con el compás como si lo hubiera inventado. Ella evocó a Enrique Morente en la música y a José Bergamín y a Rafael Alberti en las coplas. A partir de aquí desgranó parte de su nuevo disco, con sorpresas sonoras que para quien conoce la obra del Mochuelo son un gusto para los oídos. Olvidada en el tiempo, rescató sabiamente la guajira Vida mía en todas sus variantes. Comenzó con la primitiva y con letra de Lope de Vega para continuar con la clásica Mare yo compré un cariño en la feria del amor/ qué bonito era el juguete/ qué bonito era el juguete/ y qué caro me costó, hasta que Bolita cambió el tono y apareció la tercera de las versiones del Mochuelo, Señora la precaución. La dificultad añadida a la reelaboración de estos cantes está en poder descifrar las coplas de las grabaciones antiguas, trabajo de chinos que ha hecho Alicia.
«Alicia Morales ha mejorado las versiones del Mochuelo aportando temple y tercios alargados muy en las formas trianeras, tirando del cante para arriba, esto es, subiendo los tonos y peleándose con los tercios rematando con un juguetillo entre la solearilla y las alegrías»

La tónica concordante del recital estuvo en la necesidad y valentía de cantar por momentos con medios tonos y hasta cuartos de tonos, con lo difícil que es llegar ahí y no salirse. La granaína, la suya, una creación personal que con el tiempo quedará como una más del acervo cantaor granadino, es la que conocemos de su primer disco con retazos arabescos en la salida, templanza, mesura y gusto en la melodía. De ahí pasó a la granaína clásica en la versión de Manuel Vallejo con esa inconfundible bajada tonal en el sexto tercio para rematar en los altos. Para ahondar en esas lindes metió por fandangos abandolaos la granaína de Morente Por momentos mis martirios.
También nos descubrió la forma en la que Mochuelo cantaba por soleá. No fue ni mucho menos el mejor, pero sí insufló un carácter especial. Y Alicia no se salió del guion original. Por eso gustan, porque suenan distintas a las que conocemos y nos han legado los grandes. De hecho, Alicia ha mejorado las versiones del Mochuelo a mi parecer aportando temple y tercios alargados muy en las formas trianeras, tirando del cante para arriba, esto es, subiendo los tonos y peleándose con los tercios rematando con un juguetillo entre la solearilla y las alegrías.
Dio de sí la presentación del disco, porque pudimos escuchar además tarantas de Fernando de Triana y de Chilares, y unas bulerías creadas ex profeso para el cantaor. Por seguiriyas también rescató la obra del Mochuelo y lo echó todo en los viejos estilos de Curro Durse, Francisco la Perla y El Mellizo en versión Morente, que no podía faltar. A saber cómo cantarían y cuanto aportó de personal el Mochuelo. No obstante, Alicia fue personal y potente en los tercios porque puede sostenerlos cuanto quiera sin desfigurar el cante o haciéndolo a conciencia.
Donde más se explayó fue en los tientos. Hay que escuchar al Mochuelo para entender con qué profundidad y personalidad Alicia abordó los tercios iniciales antes de pasar a los tangos clásicos de los serafines que popularizó Chacón, entre otros. Cerró el recital, como decía, con una bulería personal en homenaje al cantaor aunque con guiños a Bernardo de los Lobitos.
La guitarra de Bolita fue magistral de principio a fin. Jugaba con la armonía como un niño con juguete nuevo. Estuvo disfrutón y tremendamente personal en las falsetas y en el compás.
Invito al lector a que escuche el disco de Alicia a la par que busque las mismas grabaciones en el Mochuelo y aprecie el estudio y el trabajo de chinos que han hecho tanto ella como Bolita para homenajear a tan injusto olvidado que bien se merecía este reconocimiento.
Ficha artística
Recital de cante de Alicia Morales
Peña La Platería, Granada
16 de mayo de 2026
Cante: Alicia Morales
Guitarra: José Quevedo Bolita




















































































