El poeta Francisco Basallote nació en Vejer de la Frontera –Cádiz– en 1941 y falleció el 15 de julio de 2015. Era aparejador y funcionario de la Consejería de Educación. Fue miembro fundador de la Sociedad de Amigos del País de su pueblo natal. Durante doce años fue vicepresidente ejecutivo de la Fundación Aparejadores, donde desarrolló una notable responsabilidad cultural. Creó la colección de poesía Alarife y la de prosa Alicer.
Basallote era un poeta solitario, en el sentido, como él decía, de pertenecer a la «poesía secreta», al margen de cenáculos literarios. Es autor de una extensa obra literaria, con más de medio centenar de libros publicados, con los que ha conseguido importantes premios y reconocimientos. Recuerdo que cada vez que me enviaba un libro casi siempre iba apoyado por algún premio. He reseñado muchos de sus libros.
Paco Basallote siempre me pareció un hombre afable, sencillo, cercano, y, en mi caso, no tengo más que palabras de agradecimiento para él, pues me apoyó en varias iniciativas como la publicación de libros sobre Javier Salvago y Rafael Porlán. Vayan mis palabras de recuerdo y amistad hacia su persona, en la memoria, así como para su familia.
Inicia su andadura con el libro Frontera del aire –Vejer, 1988–, cuyo título procede de un poema de Dionisio Ridruejo dedicado a ese bellísimo pueblo gaditano. Aquí la arquitectura y la geología de Vejer es el pretexto o motivo de su propia biografía:
Qué fácil despeñarse
abandonado a la llamada de la Tierra,
como sueño
uncido a su ineludible fin.
Qué mejor vértigo
que la ciega obediencia
a esta sima,
roca abierta
en labios insinuantes,
como sediento vórtice
que en el poniente
extingue fulgores
en exacta victoria
del destino.
Qué fácil,
rodar o morir
en nuestra propia sima.
Aquí podemos ver un vídeo sobre la preciosa villa de Vejer de la Frontera, con imágenes de la misma y comentarios sobre los versos que le dedica:
Uno de los ejes temáticos de sus obras es el tiempo. En Fragmentos y tasa de destrucción –La Cuerda del Arco, Sevilla, 1991–, consigue versos como estos que cierran «Plenitud» –p. 3–:
Sólo lo eterno
exhala tanta plenitud
en un instante.
Pero nos interesa acercarnos, por el carácter de nuestra revista, a su obra más próxima al flamenco. En Como nieve de estío. Haikus –Sevilla, Bienal de Arte Flamenco, 2002–, Basallote encontró en el haikús –estrofa de origen japonés, rescatada por la generación del 27, de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente, sin rima– un referente magnífico, idóneo para plasmar su visión de la poesía: síntesis silábica y fuerte sentido de la naturaleza y de lo visual. No es una estrofa flamenca, aunque guarda ciertas similitudes con la seguidilla, ni el libro tiene una impronta flamenca, pues la misma ausencia de rima del haikús dificulta el parangón. No obstante, un ramillete de haikús «flamencos» podemos aportar, siquiera por su trasfondo temático o emocional:
Por libertad,
solamente por ella
canta el jilguero.
Vienen las olas,
con ellas tu recuerdo
pero se van.
En tu bahía,
perdido el derrotero,
quisiera anclar.
Está tu nombre
en mi palo besana
como bandera.
Como luceros,
en medio de los mares,
tus ojos negros.
Excepcionalmente, como en este último, hay rima asonante, lo que lo acerca más a la lírica del flamenco.
En este vídeo podemos escuchar y disfrutar de algunos de estos versos junto a sus hermosas acuarelas y ambientación musical. Página de Gonzalo Díaz-Arbolí, mayo de 2028:
Por suerte, su obra y significación ha sido recuperada por el profesor Jesús Cárdenas –Alcalá de Guadaíra, 1973– en un libro, un ensayo dedicado al poeta. En Peregrino de luz. Espacio y tiempo en la obra de Francisco Basallote (1988-2015) estudia la creación poética, y pictórica, pues es acuarelista de sensibilidad, durante ese periodo de tiempo indicado. Se nos acerca, en palabras de la solapa, a un poeta humanista, reflexivo y hondo. Además del profundo análisis, se añade al final un epílogo de afectos –poemas y textos críticos de amigos y críticos, entre los que tengo el honor y el placer de estar– y una galería de imágenes con fotos y selección de acuarelas de Basallote.
Precisamente, el capítulo «La soleá. Las seguidillas» –pp. 133-134– estudia el uso que hace de la estrofa de la soleá, como antes, como indica, autores como Lorca, Villalón, Manuel Machado, Rafael Montesinos, o, más actualmente, dice, José Luis Blanco Garza o el paradeño Juan Peña –de los dos he escrito reseñas de sus libros de letras flamencas–.
Cárdenas dice que el poeta busca en la soleá «el néctar de la poesía, la poesía verdadera» con «versos colmados de emoción, misterio y sentencia», con temas como «el amor, la soledad, el paso del tiempo y la incertidumbre ante la muerte». Señala algunos ejemplos, como este de En las Colinas de Bashir:
Cuando me vaya quisiera
entre tus paredes blancas
ser sombra de tus almenas.
Veamos, con montaje y voz de Gonzalo Díaz Arbolí, estas imágenes de su pueblo natal con la belleza de sus versos:
De Tiempo deshabitado, de 2006, el poema «Soleá»:
El día que yo me vaya
sólo quedará la sombra
de alguna de mis palabras.
También en Gotas de lluvia –2012– hay algún ejemplo:
En los ojos de la luna
he descubierto una lágrima
que deja la noche a oscuras.
O, para terminar, en el poema «Serranía» de Cuadernos del nómada –2012– vemos la estrofa de la seguidilla en el poema dedicado a Setenil de las Bodegas –Cádiz–:
Tanto prodigio,
siete veces cercado
en sus bodegas
siete veces gozado.
Como ven, un poeta interesante, con algunos poemas que se acercan a nuestro flamenco y que, ahora, con este estudio de Jesús Cárdenas, se muestra renovado, vivo, presente. ♦
→ Jesús Cárdenas, Peregrino de luz. Espacio y tiempo en la obra de Francisco Basallote (1988-2015), Sevilla, Ediciones En Huida, 2025.



















































































