Al señor Cristóbal Soria, habitual tertuliano televisivo del programa Chiringuito de Jugones (Mega, Atresmedia), según sus declaraciones en Espejo Público, no le sorprenden los acontecimientos «porque convivo con mucha gente de etnia gitana y esto es cultura gitana, claramente, donde el ojo por ojo y el diente por diente se lleva a rajatabla». Se refiere al crimen cometido en Villanueva de la Serena (Badajoz) en el que el cantaor Matías de Paula murió tiroteado.
Lo que no es de extrañar, lógicamente, es que estas bárbaras afirmaciones lo hayan retratado haciéndose viral por las redes sociales. Cristóbal tuvo su etapa de árbitro y, al parecer, como no tocaba el balón, en esta nueva singladura en la que le dan crédito y tiene tribunas en la tele le gusta tocar las pelotas. Por las polémicas que crea, digo. Esta vez se ha metido de lleno en contramano, porque se están estudiando acciones legales para denunciarlo por antigitanismo, expresamente tipificado como delito de odio en España desde la aprobación de la conocida Ley Zerolo, que modificó el código penal en 2022 cumpliendo una deuda histórica con este colectivo y que castiga los actos de discriminación con penas de prisión de 1 a 4 años además de sanciones económicas.
Y la famosa ley del talión, ‘ojo por ojo y diente por diente’, se conoce desde hace más de cuatro mil años, cuando el pueblo gitano aun no existía. Probablemente instaurada en los códigos del rey babilónico Hammurabi, en Mesopotamia. Figura en el libro sagrado de la religión islámica, El Corán. También en La Biblia católica, aunque Jesucristo propuso su ruptura en el Sermón del Monte apelando al perdón y no pagar mal con mal.
Las desafortunadas palabras de Cristóbal han provocado escozor y ofenden a gitanos y no gitanos. Se ha interpretado de su opinión que matar, asesinar, aplicando esta ‘ley’, forma parte de la Cultura Gitana –que escribo apretando los dientes y a posta con mayúsculas– y lo llevan a rajatabla. Nada más lejos de la realidad. Porque generaliza y les atribuye algo que no les pertenece, los desprestigia, estigmatiza y discrimina, posiblemente fomentando el odio y la persecución que los subyuga hasta el día de hoy desde hace 600 años que entraron en la piel del toro.
Más de 250 leyes escritas en su contra llevan pesando sobre las curtidas espaldas y las nobles almas de los gitanos durante seis siglos por el simple hecho de ser quienes son, negándoles su identidad, sus costumbres, sus oficios, acogerse a la Iglesia e incluso a la justicia. Han sido perseguidos, condenados, castigados a galeras, quemados, ahorcados, fusilados, despojados de sus bienes y de su familia, maltratados hasta la saciedad, señalados sin justificación. Y el tufo discriminatorio persiste, desgraciadamente, cuando no, solo se valora a los gitanos desde el folclorismo, mientras se les niegan o silencian espacios en la sociedad desintegrando las enriquecedoras diferencias que suponen las mezclas entre los distintos pueblos y sus particularidades idiosincráticas. No todos los gitanos son flamencos, cantan, tocan o bailan y, qué duda cabe, por el simple hecho de ser gitano no tiene ninguna persona más probabilidades de ser un asesino.
«Payos y gitanos los hay con buena y mala sangre. La venganza es una respuesta emocional del ser humano y adjudicarle a un pueblo profusamente vapuleado de forma general como parte de sus códigos el Talión es un acto deleznable y ruin»
No sé en qué círculos o reuniones gitanas se mueve el señor Soria. Me atrevería a decir con la misma ignorancia con la que profirió él sus declaraciones que en el ámbito de la fiesta, disfrutando del arte. Y si se jacta de convivir con muchos de ellos, se ve que no los conoce bien. Ahora a él sí lo conocen. Desprecio categóricamente y con ímpetu cualquier manifestación que atente contra la dignidad del pueblo gitano como presuntamente lo hacen estas que despachó el comentarista.
La Cultura Gitana es respetuosa con sus mayores. La familia es su eje fundamental. Promueve la solidaridad y el apoyo mutuo dentro de un sentir comunitario de amor, cohesión y pertenencia, protegiendo y ayudando a los desfavorecidos. La constante persecución que han sufrido los gitanos les da una fortaleza inaudita y una asombrosa capacidad de resiliencia. Se sienten orgullosos de su gitanidad, conviven en armonía entre ellos y con el resto de culturas, con quienes no tienen reparo alguno en compartir. Aunque hay muchas formas de ser y vivir gitanas, dentro de la libertad individual de cada uno. No atienden a dogmatismos. Y hay una gran cantidad de ellos entregados a las bondades que predica la Iglesia Evangélica.
La Cultura Gitana tiene por bandera el azul del cielo y el verde del campo. Y una rueda roja en el centro, como la sangre. Como mi sangre, aunque yo sea más gachó que un folio. Nadie me discrimina por ello, tampoco los gitanos, que me incluyen y me llaman ‘primo’, haciéndome suyo. Una rueda que simboliza su origen nómada y se asocia a la libertad. Esa libertad que en cuanto se liga a la opinión parece que le da derecho a cualquiera a escupir atrocidades sin que trascienda legalmente. Payos y gitanos los hay con buena y mala sangre. La venganza es una respuesta emocional del ser humano y adjudicarle a un pueblo profusamente vapuleado de forma general como parte de sus códigos el Talión es un acto deleznable y ruin. Es lo mismo que si se dijera que la violación, la pederastia, el tráfico de blancas o el terrorismo forman parte, claramente, de la cultura de los castellanos. Estamos en el siglo XXI y todavía azota el ‘como gitanos’ tras variadas conductas censurables, inmorales, éticamente reprobadas o ilegales. Y para muestra, un jugón.
Por si acaso el señor Soria lo ha querido decir, le insisto: matar no es Cultura Gitana. El programa debería pronunciarse, aunque no puede hacerse cargo de las opiniones vertidas por sus colaboradores, está claro. Cristóbal debería rectificar. Al menos, pedir perdón. Pero el daño está hecho y su imagen presuntamente racista sigue corriendo como la pólvora.
Yo le recomiendo que cambie el canal para ver los documentales Pendaripén o La Gran Redada, que lea las revistas RRomipén de la Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas Fakali o Gitanos, de la Fundación Secretariado Gitano. O el libro de mi amiga Pastora Filigrana, gitana de ley que publicó El pueblo gitano contra el sistema-mundo: desde una militancia feminista y anticapitalista. Y que escuche al gitano Juan de Dios Ramírez Heredia en sus discursos como diputado del Parlamento Europeo. Y el disco Persecución, de El Lebrijano, del que se cumplen ahora cincuenta años y aún estremece. Así podría citarle hasta aburrirlo una espuerta de recursos para que se instruya y enjuague la boca antes de hablar como lo ha hecho de los gitanos, a ver si se le aclaran las ideas prejuiciosas y se colma de humanidad.
Opre Roma.



















































































