José Méndez jugó el viernes en casa, en la Peña La Bulería de su barrio de San Miguel. La entidad que decidió hace casi cincuenta años –se fundó en 1977– nombrar madrina de honor a La Paquera de Jerez, contó con uno de los descendientes más sonados de esta casta cantaora. José es nieto de El Pili, uno de los más reconocidos festeros de los años 50 en Jerez que no quiso dedicarse al flamenco profesional porque le iba bastante bien con la venta del pescao, oficio de la familia.
La propia Paquera, prima hermana de su madre, lo hizo debutar a lo grande en la Bienal de Sevilla de 1988 cuando José era un chaval. Casi cuarenta años han pasado ya de aquello y ahí sigue luchando el cantaor día a día, «porque yo como de esto». Se fue hace catorce años a vivir a Sevilla, después de darle la vuelta al mundo, y allí está entregado, «porque lo que me ha dado Sevilla no me lo ha dado Jerez». Se mostró reivindicativo, a la par que agradecido por el hueco en el ciclo Noches de San Telmo, comentando al principio que «hay que cuidar el flamenco, desde el Ayuntamiento hasta los propios artistas».
«Fue por seguiriyas cuando José Méndez consiguió poner al público en pie, llevó al límite el Santiago y Santa Ana de Manuel Torre. Es un cantaor cabal, con hechuras y definido. Los tangos nos llevaron a su época con Parrilla de Jerez, a los tercios ligados que hicieron su ancestros»

En primera fila, su tío Antonio Méndez El Chusco, «quien me lo ha enseñado todo». El cantaor volvió a su tierra después de un tiempo y no se dejó nada en el maletero del coche. Salió a escena con todas sus armas: naturalidad, metal y conocimiento. Es caracolero, pero no deja de imprimirle jerezanía a cada estilo. Inicio por alegrías dejándose llevar por la depurada guitarra de Julio Romero, excelente de principio a fin. El compás siguió sonando en las palmas de Tate y Cepa Núñez por bulerías para escuchar. Cantes cortos, rítmicos, con recuerdo a Tío Borrico. Fue por seguiriyas cuando consiguió poner al público en pie, llevó al límite el Santiago y Santa Ana de Manuel Torre. Es un cantaor cabal, con hechuras y definido. Los tangos nos llevaron a su época con Parrilla de Jerez, a los tercios ligados que hicieron su ancestros.
Antes de dar comienzo a la segunda parte, la junta directiva subió al escenario para homenajear a uno de los suyos, Marisa Gallén, fallecida en el mes de diciembre de forma sorpresiva. Tras las emotivas palabras del presidente, José Manuel Rodríguez, salió al escenario su marido, Noli, para recibir la Insignia de Oro de la peña. Marisa era una madrileña afincada en El Puerto de Santa María, dedicada a la hostelería, que por familia llegó a la entidad en 2010, entregándose al cien por cien hasta su partida.
José comenzó la segunda mitad por taranto, siguiendo por soleá con dedicatoria a la maestra Ana María López, allí presente. «Solo bebo agua, me heredaron azúcar, en vez de una cuenta corriente», bromeó. A gusto, toná y martinete, y explosión posterior por bulerías con el sello de su saga. Magistral y con toda la peña tocando las palmas por bulerías al compás de los artistas. Ana María le agradeció la dedicatoria con un sabroso baile por bulerías para cerrar una noche emotiva, con buen ambiente a pesar de que Jerez rugía con el Gran Premio de Motociclismo. ♦





















































































