Víctor Jiménez –Sevilla, 1957–, poeta galardonado con los premios de poesía Paul Beckett, Florentino Pérez Embid o Rosalía de Castro, entre otros, ha publicado en colecciones tan prestigiosas como las de Adonáis o Renacimiento. Puede consultarse con detalle su trayectoria en la web de Wikipedia.
Se arrima a la tradición de la soleá en su último libro, cuyo título recurre a uno de los recursos que más frecuenta, la ruptura de frase hecha, Tiros al aire, publicado por la editorial Libros de la Herida en 2026.
Ya hizo lo mismo en el anterior Con todas las de perder, de 2019, un libro que comenté, como prácticamente todos los de su trayectoria, en este caso en Diario Digital Luz Cultural, y cuya reseña titulé «Una entrega más con todas las de ganar», siguiendo el juego de palabras, pues, a tenor de la calidad que siempre, y ahora, demuestra el autor, tuvo, como se dice en el teatro o en el cine, éxito de crítica y público, y creemos que también de venta.
Editado pulcramente, con elegancia, por la colección Canto y Cuento que dirigía desde Jerez de la Frontera el también poeta José Mateos, la obra se acompañaba de una serie original y atractiva de collages de otro poeta reconocido, Juan Lamillar. Todo quedaba, pues, y qué bien, entre poetas, en estas tres distintas facetas.
Todas las composiciones eran, como ahora, soleares. Un clásico no solo de la lírica tradicional del flamenco, donde hace de soporte estrófico y literario del cante de la soleá –que usa otras estrofas también–, sino de la llamada poesía culta o de autor, tan inspirada en lo popular en muchos de los grandes autores. Cómo no recordar las aportaciones de los Machado, Rafael Montesinos, Manuel Alcántara, Caballero Bonald, Fernando Quiñones, Félix Grande, Antonio Murciano, Moreno Galván, o más recientemente Javier Salvago, José Luis Rodríguez Ojeda, José L. Blanco Garza, Juan Peña y tantos más. Prologué en el año 2000 Colección de soleares, coordinada por Antonio Luis Baena, Emilio Durán y Francisco Vélez Nieto, y editada por la Diputación de Sevilla, con la aportación de muchos autores, entre ellos el propio Víctor Jiménez, con la soleá:
Desde que no estamos juntos,
llevo en el pecho un reloj
que da las penas en punto.
Con todas las de perder reunía ciento doce soleares –inéditas ciento dos– y se dividía, acertadamente, en seis partes, dedicadas a temas variados y esenciales en la poesía y en la vida: infancia, vida, amor, tiempo, muerte, poesía. A mi parecer, destacaban las que producían ese impacto centrado en el paso de los años y daban en la médula de la poesía, con el «latigazo», como dice Antonio García Barbeito en el prólogo, propio de la soleá en el cante flamenco. Tres versos que deben contener un mundo poderoso, como estas soleares de infancia y tiempo:
Los trenes, aquellos trenes,
siempre por aquellas vías…
Y el niño por los andenes.
Supo el niño, con los años,
que las riadas de la vida
lo arrastran todo a su paso.
Si no sabes qué es el tiempo,
ve y pregúntale a ese extraño
que te mira en el espejo.
Si todo lo cura el tiempo,
qué hago yo con esta pena
con los años que ya tengo.
«Como en ‘Todas las de perder’, en ‘Tiros del aire’ vemos una alta calidad lírica, dominio métrico y rítmico y mucha sensibilidad, marcas de la casa de Víctor Jiménez en toda su poesía, una de las más ricas de su generación y, personalmente, una de las que más valoro, pues me llena y alcanza muy adentro»
El poeta no quería, como ahora tampoco, mostrar sus soleares necesariamente para ser destinadas al cante, sino para que se lean como cualquier otro poema de corte popular o no. Sin embargo, muchas de ellas serán cantadas, como ya fueron algunas en la presentación exitosa en el Ateneo de Sevilla en octubre de 2019, porque no le van a la zaga a las mejores de la tradición del flamenco:
Por aquella Calle Ancha,
hay quien sigue viendo al niño
caminito de su casa.
En definitiva, Con todas las de perder es otro libro maduro y redondo de Víctor Jiménez, un libro fundamentalmente elegíaco y, quizá, con un poso de tristeza y desencanto, como confesaba el autor en esta soleá:
Alguna gente me dice
que cómo, siendo yo alegre,
escribo versos tan tristes.
Aunque… todo tiene su excepción. Y he aquí algunas con esa ironía, esa agudeza y ese fino humor tan necesario en la lírica del flamenco y en la poesía en general:
En caliente, muy dispuesta.
Pero fue pensarlo en frío
y ni empezamos la fiesta.
Amaba tanto los libros
que, lo mismo que a una amante,
al final les puso un piso.
Pero centrémonos ya en el libro que acaba de publicar, Tiros al aire. Este título nos trae a la memoria la letra de alegrías: «Yo pegué un tiro al aire, / cayó en la arena, / confianza en el hombre, / niña, no tengas». A esta alusión amorosa, no a la bélica o violenta, hay que atenerse.
El magnífico prólogo lo firma otro poeta y, sin embargo, como suele decirse, amigo del autor, Lutgardo García, con el que forma, junto a otros poetas como Juan Lamillar, José María Jurado, José Julio Cabanillas, José L. Rodríguez Ojeda, etc., un verdadero grupo de amigos poetas y poetas amigos de elevada calidad, conjunción de médicos, ingenieros y profesores.
Lutgardo recuerda el valor de la soleá, esa brevedad mágica:
«Y es que las soleares tienen un acabado especial, ya sirvan para la lectura o para el cante, concentran la sabiduría y la conservan en un cofre mágico. Nada puede añadirse y nada puede restarse porque en tres versos cabe todo. Tres versos que son como una trinidad donde las distintas personalidades del alma –la alegría, la pena o el amor– se expresan con una atmósfera de profundidad y de misterio. Ese cantaor luminoso que fue Naranjito de Triana nos dejó algunas soleares levantadas en barro y cocidas en el alfar de su voz que sabía a pan de oro: Alguna vez he bebío / en los charquitos del suelo, / mira la sed que he tenío. […] Alguna vez, me han preguntado qué palo del flamenco es mi favorito. Y siempre he respondido que la soleá. Este cante reúne profundidad –eso que los cabales llamamos hondura– y gracia».
En esto coincido totalmente. También es mi cante, baile, toque e incluso letra de mi preferencia.
Se añaden a la obra doce sutiles aguadas del excelente poeta y pintor José Mateos, de bella factura y de títulos sugerentes: La rosa, Casa en ruinas 1, Bolonia, La campiña, El huerto ameno, Tejados, La torre, La alberca, Corral de muertos, Las macetas, Casa en ruinas 2 y La espera.
Tiros al aire se estructura o divide en cinco partes, de hermosos títulos y dedicadas a diferentes enfoques o aspectos de la vida y de la poesía. Iremos viéndolas y seleccionando y comentando algunas soleares.
De entrada, en el pórtico, y como explicando el título, nos encontramos con esta:
Le pego tiros al aire.
Siempre habrá versos perdidos
que, si estás cerca, te alcancen.
Y, por capítulos o secciones, vemos lo siguiente:
1. LA LUZ A CUESTAS –sentencias, avisos para el vivir, reflexiones…–
Igual que la soleá,
la vida tiene tres versos.
Ni uno menos ni uno más.
No te vengas tan arriba,
que, de bajarte los humos,
siempre se encarga la vida.
2. CANTOS DE SIRENA –amor, desamor, deseo…–
Otro gallo cantaría
si me dejaras llevarte
hasta las claras del día.
El agua puso la música
y nuestros labios la letra
aquella tarde de lluvia.
3. RELOJ DE ARENA –tiempo, recuerdo, infancia…–
Adónde, aquellos veranos
que duraban una vida
con el tiempo entre las manos.
Ya lo decía mi padre.
Aunque se pare el reloj,
al tiempo no hay quien lo pare.
4. DE SOMBRA Y SUEÑO –más desengañado, muerte, olvido…–
Las nubes de la memoria.
Y el tiempo que nos arrastra
hasta la última sombra.
Cuando te busca las vueltas,
por más lejos que te escondas,
la muerte siempre te encuentra.
5. DE MI PULSO Y LETRA –sobre la creación, metapoéticos…–
¿De qué fuente son los versos
que a tu vida le dan agua
cada vez que estás sediento?
A veces, menos es más.
Y basta con los tres versos
de una buena soleá.
Buen cierre del libro y de esta reseña esa soleá que resume la esencia de esta estrofa, y del cante por soleá, que usa, no lo olvidemos, no solo la estrofa que aquí Víctor ha utilizado, sino también la de cuatro versos, asonantes o consonantes los pares, llamada copla, cuarteta asonantada, cantar o tirana.
Como en Todas las de perder, en Tiros del aire vemos una alta calidad lírica, dominio métrico y rítmico y mucha sensibilidad, marcas de la casa del autor en toda su poesía, una de las más ricas de su generación y, personalmente, una de las que más valoro, pues me llena y alcanza muy adentro.
Enhorabuena, pues, al poeta, a los editores, al pintor, al prologuista, y a los aficionados a la poesía y a la lírica del flamenco, que disfrutarán con esta obra.
→Víctor Jiménez, Tiros al aire, Sevilla, Libros de la Herida, 2026.





















































































