Si para cantar bien hay que pasar fatigas, como mantienen todavía muchos de los aficionados y artistas de setenta años para arriba, lo de Macanita el viernes fue un verdadero lamento porque cantó de una manera tan hiriente como pocas veces. El ambiente así lo requería, un día antes había muerto Miguel Salado, un guitarrista al que la artista quiso dedicar su recital verificándolo desde el minuto uno. La cita iba más allá de un esperado encuentro con una cantaora que apenas aparece en las peñas flamencas. Era también un compromiso con Juana la del Pipa, quien ha recibido en la mañana del domingo una necesaria cuantía económica por parte tanto de Tomasa como de la propia entidad, con el objetivo de que sus necesidades médicas puedan solventarse en estos momentos en los que no pasa por un estado de salud favorable.
El de Macanita sería el tercer espectáculo ofrecido por la asociación flamenca en la 41ª edición del ciclo Don Antonio Chacón y verdaderamente ha sido un gran éxito tanto por parte de los protagonistas como si atendemos al número de asistentes. La de Santiago fue bien arropada como su habitual grupo con Macano a las palmas y siendo sustituido Javi Peña por el clásico Chicharito, pues el primero de ellos por su estrecha relación con Miguel Salado se vio impedido a subir al escenario. Entre el público, cantidad de maestros y artistas como María Vargas, El Gómez de Jerez, Ana María López, Juan Parra, Diego Vargas, Joaquín El Zambo, Coral de los Reyes…
Manuel Valencia estuvo ahí, con un toque serio y profundo, como una jeringuilla llena de duende. Fue el encargado de romper el aire, ese que se respiraba entre alientos y suspiros. Apareció luego Tomasa con pocas pero certeras palabras, pues no es la primera vez que ella asume un espectáculo en un día negro en sus más de cuarenta años en activo. En el escenario era un cuarzo rosa, con sombra azabache. Así se comenzó a entonar por malagueñas, llegando a la seguiriya que tanto supuso para todos. Llegó al extremo del llanto y el público se puso de pie.
«Por bulerías se rindió a Jerez y a sus títulos más sonados en su extensa y pródiga discografía. Esas rosas de pitiminí perfumaron el salón que no parecía dar crédito a lo que Macanita estaba expresando en tan señalada noche junto a su equipo»

Pero la peña se vino abajo con la soleá, esa que ya tiene nombre propio: la soleá de Macanita. Sí, ella bebe de fuentes que todos sospechamos como Fernanda de Utrera, aunque su metal la hace ser única. El silencio se adueñó del ambiente y el respeto se podía masticar. Hay noches que no se olvidan por tantos elementos que se dan la mano para que la piel se vaya llenita de cardenales.
La segunda parte fue también otro motivo más para mandar fuerza y un gran aplauso a Juana, tía Juana. Esta matriarca nuestra lleva tiempo necesitando calor de los flamencos. «Por eso las cosas se hacen en vida», como dijo Macanita para despedirse de la noche. Y me consta que hay algunos movimientos para los próximos meses para que Juana pueda seguir con su tratamiento. Si cada gran aficionado de Facebook diera una peseta… que dijera Lola Flores.
Fue José Zarzana quien dio la bienvenida a la segunda mitad con su son romántico y andaluz, rindiendo honores a través de sus teclas blancas y negras a Antonio Gallardo. Se podía escuchar al público tararear sus coplas más conocidas. Tomasa continuó en esa senda con La Torre, «que tanto me pide mi Juana en los camerinos» o Soleá de mis pesares. Por bulerías se rindió a Jerez y a sus títulos más sonados en su extensa y pródiga discografía. Esas rosas de pitiminí perfumaron el salón que no parecía dar crédito a lo que Macanita estaba expresando en tan señalada noche junto a su equipo.
La familia de Juana salió al final para recoger un ramo de flores y sobre todo el cariño sincero de todos. ♦























































































