Jerez y sus noches flamencas. Un binomio impagable que se conforma gracias a la entrega de los socios de las peñas y de los artistas, muchos de ellos demostrando cierta generosidad adaptándose a los «cachés» que pueden ofrecerles. Así, si hace una semana comentábamos en DesdeDentro el derroche de calidad ofrecido por La Macanita en el CCF Don Antonio Chacón, ahora hay que hacer lo propio con la matrícula de honor obtenida por Dolores Agujetas en la ACF Las Cadenas.
La jerezana, hija del genio Agujetas, echó el cierre a la temporada de esta entidad joven y alternativa que tanto ejemplo está dando a muchos de la élite jonda de Jerez, a los que por cierto se les ve muy poquito en los mentideros del compás. Ellos se lo pierden, porque aquí es realmente donde el flamenco se realiza en su máximo esplendor, como en su día confirmó Caballero Bonald, al que por cierto están preparando una gran cantidad de actos en su ciudad natal por el centenario de su nacimiento (1926).
Dolores es el perfil que más encaja en estos encuentros de Las Cadenas, pues la mayoría de socios de esta asociación buscan la experiencia, el abrazo con la expresividad, el flamenco menos convencional, el quejío de la parte por el todo, la estampa decimonónica, la trascendencia del cante, huyen de lo mediático. Dolores es un manantial de recuerdos, de lo que su padre cantó y ella, sin pretenderlo, recogió con tanta naturalidad. Es por eso que esta mujer vale un imperio, nos acerca a los más jóvenes a formas expresivas en desuso y llena de matices singulares. Es reivindicativa y cuando habla también sentencia.
«Dolores Agujetas es un manantial de recuerdos, de lo que su padre cantó y ella, sin pretenderlo, recogió con tanta naturalidad. Es por eso que esta mujer vale un imperio. Nos acerca a los más jóvenes a formas expresivas en desuso y llena de matices singulares. Es reivindicativa y cuando habla también sentencia»

El entorno era el propicio: una sala oscura, acústica y llena de gente que respeta el silencio. Los esquemas se quedaron fuera del Teatro La Gotera de Lazotea, un rincón de especial intimismo en el corazón del barrio de San Miguel. He de reconocer que en estas reuniones de cabales es donde más disfruto. Cabe destacar la predisposición con la que el respetable acude a la cita, al igual que habría que resaltar la entrega de la cantaora en esta noche de viernes que abre la temporada del verano, esto es, cierran las peñas y abren los festivales.
Domingo Rubichi es la otra parte del plano, de negro como su guitarra, seguiriyera si pudiera cantar. No le hace falta, pone sus cuerdas al servicio de quien se duele. «No te corte las uñas», le dice ella a él. Conectan en lo personal, son primos. Dolores es luna creciente, energía en ascenso. Tanto sube a la solemnidad de la soleá como sonríe en los tientos y tangos. Su repertorio fue el habitual en sus recitales, con esa soleá hablada, la bulería para escuchar tan valiosísima, fandangazos por arriba (de Cepero), seguiriya traspasada… Fue, quizás, la malagueña reclamada por su nuera la que más nos impactó, será porque «no la practico» y le echó más calor si cabe, como en esa jabera tan original de cierre. Las bulerías de su casa, y acompañada por la familia en el pequeño escenario presupuesto para la ocasión, sirvieron para despedir el recital, y no la noche, que la continuamos en la casa de su hijo Perico hasta la marugá, una calle más abajo de donde empezamos el recorrido.
A la ACF Las Cadenas solo nos queda animarla a que sigan construyendo puentes entre generaciones y entre aficionados de distintos orígenes. Que sigan luchando de la manera que lo hacen sin ningún interés añadido: todo por el flamenco, con los flamencos. ♦























































































