A veces nos referimos a la valentía de ciertos artistas al presentar espectáculos o propuestas, en sus maneras canoras, escénicas o musicales. Pero, ¿qué ocurre cuando esas propuestas vienen directamente de entidades flamencas, ya sean divulgadoras, promotoras o sencillamente sirvan de vehículo de conexión con el aficionado? ¿Valoramos de igual manera esa valentía? Siempre, claro está, que dicha propuesta se enmarque dentro de los cánones que como flamencos nos hemos marcado. No vale con autoproclamarse, de un lado o de otro, vanguardista, renovador, heterodoxo o cualquier otro calificativo de los ya conocidos que quiera marcarse el sujeto individual o colectivo en cuestión.
Al hilo de lo expuesto me gustaría resaltar esa doble visión. Por un lado, un flamenco de pies a cabeza, con una mente y una visión brillante de este arte que va más allá de nuestro círculo de confort. Ustedes lo conocerán porque ya no es un novel, y sus capacidades artísticas van más allá de un simple tocaor de guitarra. Su nombre es Francisco Gómez Cruzado, de Moguer (Huelva), y de todos es conocido como Francis Gómez. Si alguien está esperando un artista al uso, se equivoca. Francis es capaz de cogerte de la mano y llevarte del toque de soleá más ortodoxo al más ecuménico, o viceversa, abriéndote la mente no solo a ritos y geografías del cante, sino a ritos y geografías universales. Ha pasado de propuestas como las de los grupos flamencos Planeta Jondo o Flazz Trío a tocar al baile y al cante de primeras figuras de flamenco. Eso, de una manera discreta y seria –con la valoración que el guitarrista onubense tiene– está a la altura de pocos. No creo equivocarme al decirlo o ponerlo negro sobre blanco. Por otro lado, una entidad como la Peña Cultural Flamenca Femenina de Huelva, que por sí abrió sus puertas porque soñaba con el arte hace algo más de cuarenta años con todo el peso del significado femenina en aquel momento. Así es, unimos sinergias y considero sobresaliente decir que una peña sea capaz de ofrecer a sus socias, invitados y aficionados una clausura de temporada con el buen hacer –en este caso tocar– de Francis Gómez.
Sube Francis al escenario con el percusionista Lito Mánez para entregarnos los primeros compases de su propuesta artística. Su primera interpretación va hilando un mar de toques flamencos donde se dejan entrever levante, rondeñas, peteneras o tangos. Al binomio que forman Francis y Lito se suma la orquesta sinfónica de Los Mellis –Antonio y Manuel Montes Saavedra–, auténtica referencia actual del compás. No hay una nota que no suene flamenca o quede fuera de un compás. El único silencio del pentagrama lo compone el respeto de una afición ávida por empaparse de la música flamenca de Francis, o de su flamenco hecho música.
Seguidamente, el músico moguereño nos introduce en una pieza de danza de composición propia, para llevarnos después a la farruca, otra obra personal, con una afinación propia imponiéndole al toque una suavidad diferente y llena de matices dándole aún mayor grandeza. Mientras las cuerdas de Francis me llevan a esa plástica imaginaria del baile, es Lito quien va marcando el desplante y, también, imaginario zapateado con su percusión elegante y sin más condimento que el necesario para ensalzar la belleza del toque.
La pieza Aires del Atlántico es un zapateado original. Música, compás, ritmo, percusión, la voz de Los Mellis, es parte de un todo: el de la propia composición. Yo no la podría entender mejor sin las aportaciones de los cuatro artistas. Sin el color que cada uno va inquiriéndole. Contrapuntos y voces sin el más mínimo atisbo de desafinación o sinsentido.
«Francis Gómez es un guitarrista que busca en el flamenco su máxima expresión. Rebusca fuera de él y dentro de sí mismo sonoridades que lo engrandezcan. Eso es tener un punto de valentía, de inconformismo, de personalidad. Los recurrentes resultados a su trabajo nos llenan el alma. No somos los mismos al entrar a un concierto de Francis y cuando salimos de él»

Sube al escenario Israel Moro, el cantaor de San Juan del Puerto, y que también es miembro de Planeta Jondo. Israel interpreta llevando a su terreno la Milonga del solitario, obra del artista argentino Atahualpa Yupanqui: Me gusta de vez en cuando / perderme en un bordoneo./ Porque bordoneando veo /que ni yo mismo me mando. Fue uno de los momentos de la noche, sin duda. La guitarra sonando con la delicadeza que se le presume a la milonga, la voz cuadrada al milímetro y al mismo tiempo con las fugas (que diríamos de ser una pintura) propias de un cantaor que imprime a cada nota la flamencura de quien nació para ser flamenco y tiene habilidades interpretativas de otras músicas, sin perder el menor atisbo de lo primero. Al contrario, implementando su valor. Siguió Israel con el cante por soleá. Ahora es Francis quien implementa el valor de la interpretación del sanjuanero. Israel nos regala un ramillete de soleares y la guitarra de Francis Gómez nos recorre la piel hasta ponernos el ole en punta. ¿Las cuerdas de una guitarra pueden cantar? Ya la hicieron cantar los veteranos maestros. Francis sigue haciéndolo porque en él se atisba el conocimiento y la aptitud necesaria para que así sea.
Llegó el momento de la guajira. Y allí estaba Carmen Molina. La cantaora onubense puso ese matiz de voz tan personal que le caracteriza. Su garganta es flamenco cien por cien y su conocimiento incrementa el valor del mismo. Su dominio del cante, del compás y de la técnica engrandecen en todo momento el toque de ida y vuelta de Francis. La guajira pasa del dulce y de la miel a la que nos tiene acostumbrado a momentos rítmicos donde no pierde su esencia. No es la primera vez que disfruto sobre un escenario de Carmen y Francis. No es la primera vez que la música que sale de esta simbiosis me deja sin palabras y atento a no perderme ni una centésima de segundo del momento vivido.
Y para redondear la noche, Juan José Navarro, Juan de Mairena. Quiso Francis que el único artista no nacido en la tierra pusiera voz al fandango. Una composición que el guitarrista onubense puso a disposición del mairenero, quien lo defendió de manera notable.
No deseo terminar esta crónica sin hacer mención a Lito Mánez. Decía el maestro Enrique Orozco que «buena guitarra era aquella que no molesta cuando cantas». Pues le cojo la palabra y se la endoso a la percusión de Lito Mánez, que es calidad suprema. No solo no molesta, es que aporta sin hacerse notar, mas se notaría su ausencia. ¿Recuerdan aquello de que el cante no es para sordos? Pues la percusión tampoco. Lito sabe dar ese toque perfecto, el de ser y estar como valor añadido.
Como he descrito al principio, Francis Gómez es un guitarrista que busca en el flamenco su máxima expresión, mas también rebusca fuera de él y dentro de sí mismo sonoridades que lo engrandezcan. Eso es tener un punto de valentía, de inconformismo, de personalidad. Nadie puede negárselo y menos cuando los recurrentes resultados a su trabajo nos llenan el alma. No somos los mismos al entrar a un concierto de Francis y cuando salimos de él. Porque, entre otras cosas, observamos que el mundo y las formas son diferentes pero complementarias. Si un artista te hace replantearte esto es que algo emerge y algo más, o mucho más, tiene que contarte.
Ficha Artística
Recital de guitarra de Francis Gómez
Peña Flamenca Femenina de Huelva
Clausura de la temporada 2025/2026
18 de junio de 2026
Guitarra: Francis Gómez
Percusión: Lito Mánez
Compás y coros: Los Mellis
Voz: Israel Moro, Carmen Molina y Juan de Mairena




















































































