La idea de que el flamenco está al borde de la extinción es tan antigua como el propio arte. Además, esta profecía de un inminente colapso ha sido defendida públicamente por numerosas figuras destacadas de la cultura española a lo largo de los siglos XIX y XX, entre ellas Antonio Machado y Álvarez, Federico García Lorca, Manuel de Falla, Ricardo Molina, Fernando Quiñones y José Manuel Caballero Bonald. Sin embargo, estos grandes nombres comparten algo más en común: todos se han equivocado de forma categórica. Este es el argumento central de Alegato contra la pureza, un ensayo controvertido e influyente de José Luis Ortiz Nuevo que desde ExpoFlamenco invitamos a releer mientras nos preparamos para celebrar su trigésimo aniversario en la novena edición del Cabildo Flamenco de Archidona (Málaga), los días 3 y 4 de julio.
El libro sostiene como premisa central que el flamenco, como todas las artes, se encuentra en un estado de evolución constante. En consecuencia, las nociones de pureza, tan a menudo reverenciadas por escritores, artistas y aficionados, no hacen sino oscurecer la extraordinaria metamorfosis intercultural que dio origen al arte en la segunda mitad del siglo XIX y que ha seguido alimentando su desarrollo hasta nuestros días.
¿Qué habría pasado si en 1871 se hubiera pulsado un botón mágico para detener ese proceso de evolución constante? ¿Qué habría ocurrido si hubiéramos hecho caso a las palabras de un Antonio Machado y Álvarez de 24 años, que proclamó públicamente que el «cante gitano puro» desaparecería en los cafés cantantes? Como nos recuerda Ortiz Nuevo, de haberse cumplido ese pronóstico, el flamenco tal como lo conocemos hoy no sería más que un recuerdo difuso de algo que nunca llegó a ser.
Lo mismo podría decirse si el mundo del flamenco hubiera tomado al pie de la letra a un igualmente joven Federico García Lorca cuando, en 1922, profetizó el apocalipsis del flamenco. Esta vez, el enemigo ya no era el café cantante, sino los nuevos espacios escénicos asociados a la época de la Ópera Flamenca. No olvidemos que la rondeña de Ramón Montoya, la colombiana de Pepe Marchena, la concepción moderna de la bulería forjada por La Niña de los Peines y una serie de innovaciones y variantes del repertorio flamenco surgieron precisamente después de 1922. Si se hubiera escuchado la advertencia de Lorca, nada de esto existiría. Qué tragedia habría sido.
Afortunadamente, ni las ideas de Machado y Álvarez ni las de Lorca ejercieron una influencia significativa en la sociedad de su tiempo. Lamentablemente, fueron recuperadas en 1963 por el poeta Ricardo Molina y el cantaor canónico Antonio Mairena en su influyente obra Mundo y formas del cante flamenco. Publicado por la prestigiosa Revista de Occidente, galardonado con un premio de investigación flamenca por la Cátedra de Flamencología de Jerez y acogido por una creciente comunidad de aficionados, el libro alcanzó rápidamente un estatus casi sagrado. “Era el evangelio”, recordaba Ortiz Nuevo en una entrevista reciente.
«El libro ‘Alegato contra la pureza’ de José Luis Ortiz Nuevo sostiene que el flamenco, como todas las artes, se encuentra en un estado de evolución constante. En consecuencia, las nociones de pureza, tan a menudo reverenciadas por escritores, artistas y aficionados, no hacen sino oscurecer la extraordinaria metamorfosis intercultural que dio origen al arte en la segunda mitad del siglo XIX y que ha seguido alimentando su desarrollo hasta nuestros días»
Y así, como si proclamaran «hágase la luz», Mairena y Molina introdujeron la noción del «periodo hermético»: una supuesta era dichosa anterior a 1860 en la que el flamenco puro permanecía como un secreto gitano celosamente guardado, preservado en un estado edénico hasta que los intereses comerciales corrompieron su inocencia. Sin embargo, según esta narrativa, esa pureza perdida habría sido rescatada un siglo después por un escritor profesional y un cantaor profesional.
La teoría es elegante y ha demostrado una notable capacidad de permanencia. Sin embargo, como demuestra Ortiz Nuevo en Alegato contra la pureza, el periodo hermético se sostiene más en el mito que en la evidencia. De hecho, autores como Steingress en Sociología del cante flamenco y Mitchell en Flamenco Deep Song también han cuestionado sus fundamentos históricos.
Si tantos intelectuales y artistas destacados se han equivocado de forma categórica acerca de la supuesta desaparición del flamenco, ¿qué razón tenemos para pensar que los puristas actuales son más certeros? Esta es la pregunta que la primera edición de Alegato contra la pureza planteó a aficionados y estudiosos en 1996.
El contexto no era menor. Ese mismo año se publicaron Omega de Enrique Morente y Antología. La mujer en el cante de Carmen Linares. También fue el año en que el guitarrista Niño Josele, el bailaor Israel Galván y el cantaor Fernando Terremoto Hijo obtuvieron primeros premios en el concurso de jóvenes intérpretes de la Bienal de Flamenco de Sevilla. Sin embargo, como señala Ortiz Nuevo, también fue el año en que un manifiesto publicado en el diario ABC proclamó una vez más que el flamenco puro estaba al borde de la extinción.
Y aquí seguimos, habiendo sobrevivido al apocalipsis flamenco al menos cuatro veces (y probablemente muchas más), aún confrontando la misma pregunta que un José Luis Ortiz Nuevo de 32 años se formulaba en 1980, dieciséis años antes de Alegato contra la pureza. Por entonces era un joven periodista, a solo dos años de crear un espacio dedicado a celebrar y dar visibilidad a los innovadores contemporáneos del flamenco: lo que con el tiempo se convertiría en la Bienal de Flamenco de Sevilla.
¿Existe alguna disciplina artística que no haya cambiado con el tiempo?
Esta pregunta se sitúa en el centro tanto de Alegato contra la pureza como de las actuaciones que se presentarán en la novena edición del Cabildo Flamenco de Archidona (Málaga). Otra aportación de El Poeta, José Luis Ortiz Nuevo, a un arte que ha defendido de forma constante como un arte heterodoxo, moderno, en perpetua evolución y naturalmente resistente a los moldes que intentan imponerle quienes afirman estar salvándolo. ♦






















































































