Tienen treinta años de media, conocimientos probados y muchas, muchas ganas de hacer música. Se hacen llamar Alborea, han grabado un primer disco titulado Semillas y este viernes lo presentarán en la Sala Malandar de Sevilla. ExpoFlamenco ha querido conversar con su guitarrista, Martín Pruna, sobre el origen de este refrescante proyecto, su momento actual y sus planes de futuro.
“Se puede decir que nuestra sede es San Julián, en los Corrales del Pelícano. De hecho, ensayamos en el mismo local donde lo hacía el rockero Silvio”, comenta. En tiempos prepandémicos empezaron siendo un cuarteto, con el propio Martín, Santiago Alonso al bajo, Tito López a la percusión y el marchenero Vicente Trinidad, “emparentado en línea directa con El Lebrijano”, a la voz. Luego se incorporó Naranjita de Triana, nieta del legendario Naranjito, hasta que finalmente se hizo con el micro Belén de los Reyes, conocida por haber participado en el espectáculo Purasangre de Israel Fernández.
La formación se completó con Carlos Delgado, violista de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS), y un cuerpo de baile integrado por Petete y Emilio Castañeda al compás y palmas, sin olvidar el apoyo y la complicidad de veteranos como el guitarrista y tres Raúl Rodríguez o el saxofonista Gautama del Campo.
“Desde el principio, nuestra idea era hacer flamenco combinado con el bajo eléctrico y la viola”, explica Pruna, para quien las etiquetas más sobadas –nuevo flamenco, flamenquito, fusión flamenca…– no alcanzan a definir el concepto de Arborea. “Nos quedaríamos con la denominación flamenco de autor, que acuñó Dani Bonilla, porque trabajamos sobre una base flamenca muy firme, sin pisar tierras raras”.
En efecto, un vistazo al repertorio de Alborea revela palos bien reconocibles como unas guajiras inspiradas en Marchena, una farruca, una toná, una soleá, unas alegrías de Cádiz… “También tenemos unas bulerías un poco más extravagantes, pero las bases, las estructuras y los patrones armónicos son cien por cien flamencos. Puede haber algún estribillo que recuerde a Ketama en algún momento, el sonido clásico del violín o el eléctrico del bajo, pero no hay más colorantes ni conservantes”.
No obstante, Alborea vive el flamenco de forma natural, sin necesidad de enfatizar su jondura. “El buen aficionado va a entender que todo lo que hacemos respeta el flamenco más canónico”, agrega Pruna. “Lo que intentamos es acercar el flamenco a oídos, no diría jóvenes, sino curiosos. No aplicamos electrónica ninguna, nuestros sonidos son vivos y orgánicos, de madera: esa es la columna vertebral del proyecto”.
«El buen aficionado va a entender que todo lo que hacemos respeta el flamenco más canónico. Lo que intentamos es acercar el flamenco a oídos, no diría jóvenes, sino curiosos. No aplicamos electrónica ninguna, nuestros sonidos son vivos y orgánicos, de madera: esa es la columna vertebral del proyecto»

Tampoco les quita el sueño llegar a las masas. “No es una música deliberadamente popular, no está pensada para las multitudes. Pero gente que para nosotros son grandes personalidades del flamenco, como nuestra amiga Lela Soto, Joselito Acedo o Rycardo Moreno nos han dado un feedback maravilloso. Eso vale para nosotros el equivalente a todos los fans de Bad Bunny”.
Sobre el nombre del grupo, inciden en el detalle de que no contiene tilde alguna, de modo que no se refiere al palo conocido como alboreá, “aunque también nos han llamado Arboleda”, bromean. “La alborea es, según el diccionario, el conjunto de colores que aparece con la primera luz del alba. Buscamos ese homenaje al mestizaje de colores, mezclar esa gama del amarillo al azul, esos colores tan bonitos y tan diferentes”.
Respecto a Semillas, puede decirse con certeza que ha sido un disco de cocina lenta. “Hace un año y pico, lo primero que grabamos fue en Pacífico Estudios, en Mairena, con Panini de Jerez, que trabaja con La Plazuela. Allí grabamos la farruca Hermanica. Pero un amigo técnico que trabajaba en los estudios Punta Paloma nos dio facilidades para ir allí, y decidimos grabar un disco completo”.
Eso, aunque el lanzamiento de los distintos cortes haya sido, como es costumbre ahora, “single a single, para causar el mayor impacto posible, aunque musicalmente no usamos ninguna fórmula para pegar. La demora en el lanzamiento del álbum se debe a que hemos pensado todo tantísimo, que se ha producido ese alargamiento brutal, pero por fin lo tenemos”.
De cara a la puesta en escena del viernes, Pruna asevera que “vamos a ser tan fieles al disco como nuestros recursos lo permitan, trasladando su contenido al escenario con los mínimos recursos posibles. Para conseguir un peso determinado tiraremos de alguna secuencia, para intentar que la experiencia sea lo más inmersiva posible; y al mismo tiempo, tenemos un elemento visual, el baile, que acapara la atención del público”.
¿Y al día siguiente de Malandar? “Vamos a intentar hacer una segunda parte del disco. No tenemos ninguna pretensión económica, solo aportar algo y llegar a gente que no concibe el flamenco como un género de fácil acceso, que respeta sus fundamentos pero al mismo tiempo quiere darle una vuelta de tuerca”, apostilla Pruna. Y concluye con una sonrisa: “Seguiremos en ello lo que nos permita el tiempo, el estrés y la ansiedad”. ♦




















































































