Conversamos con Rafael Chaves Arcos (Madrid, 1966), reconocido investigador flamenco, autor de importantes trabajos históricos y biográficos, entre ellos una de las obras de referencia dedicadas a Juan Breva y un estudio impresionante sobre los cantes mineros. Su labor destaca por el cuidado en el manejo de las fuentes históricas, el análisis crítico de la documentación y una permanente voluntad de acercarse al flamenco desde el rigor y la honestidad intelectual. Con él hablamos no solo de investigación, sino también del estado actual del flamenco, de los grandes cantaores y de los retos que afronta este arte en pleno siglo XXI.
– Rafael, ¿cómo nace su afición al flamenco y en qué momento decide dedicar una parte importante de su vida al estudio del mismo?
– Mi primer contacto con el flamenco llegó de una manera inconsciente. Mi padre, gaditano, no es que fuera un gran aficionado ni nada de eso, pero me acuerdo que escuchaba el flamenco con deleite y le encantaba Manolo Caracol. De él tenía una serie de grabaciones que ponía constantemente. Y yo de niño escuché mucho a Caracol sin saber siquiera nada de esto. La afición de mi padre empezaba y terminaba en Caracol. Luego, de adolescente, me aficioné mucho a la guitarra, escuchando primeramente a Paco de Lucía. Quise abarcar todo lo que había grabado Paco. Y Paco, lógicamente, me llevó a Camarón, a Lebrijano y a Fosforito. Y ahí ya empezó todo.
Con respecto a mi dedicación al estudio del flamenco, no fue una decisión meditada, sino que fue fraguándose poco a poco. En mi época universitaria en Madrid, conviví con el ambiente de afición que había en el San Juan Evangelista. Asistí a muchos de los recitales que aquel colegio mayor organizaba. Por ese tiempo también frecuenté muchas peñas, conocí a muchos y buenos aficionados, y a personas entendidas y escritores del tema como José Blas Vega, Luis Maravilla, Félix Grande o Ángel Álvarez Caballero, entre otros muchos, y fui de aquí para allá aprendiendo e incorporando a mis lecturas todo lo que de flamenco caía en mis manos. Todo ello ocurría al tiempo en que lógicamente ampliaba la escucha de cantaores de mi tiempo y las grabaciones de los antiguos. Cada nueva voz que escuchaba abría para mí como un arcón de sonoridades nuevas. Fue una época muy interesante en la que mi afán por aprender de esto iba algo dislocada a la vez que descubría nuevos acentos y la diversidad en cuanto a conceptos del cante. Con algo de preparación, llegué incluso a intervenir en alguna emisora de amigos y escribí con menos conocimiento que entusiasmo en alguna que otra modesta publicación a nivel peñístico.
– Su nombre está especialmente ligado a la investigación histórica. ¿Qué debe tener una investigación flamenca para que pueda considerarse rigurosa?
– Depende del campo desde el que se pretende investigar, por ser distinto el método desde un plano musicológico, sociológico, antropológico o de la lírica tradicional. El acercamiento del flamenco desde el punto de vista histórico requiere tener en cuenta todos esos aspectos para no desubicarse y localizar mejor lo que se busca. Lamentablemente, el flamenco a lo largo de la historia ha sido un arte muy desatendido, cuando no denostado, por la mayoría de intelectuales que pudieron haber escrito sobre esta manifestación en sus distintas épocas y no lo hicieron, debido a una idea preconcebida sobre el mismo que lo tildaba a grandes rasgos de “música de gitanos y gentes de mal vivir”. Idea sin duda heredada del pensamiento ilustrado y que aún persiste. Es por ello que incluso de un texto abiertamente antiflamenquista se pueden y se deben sacar conclusiones. Si dicha corriente cultural denostaba igualmente el campo de lo taurino nos encontramos con la paradoja que, comparativamente, los textos históricos descriptivos de lo taurino ganan mil a uno a los que abordan el flamenco. De ahí que la historia de la tauromaquia esté mucho más y mejor trazada en casi todas las épocas, lo que ha podido traducirse en que un tratado como El Cossío, publicado en 1943, fuese impensable en el campo del flamenco. La historia flamenca, en comparación con la taurina, se podría decir que aún está haciéndose con mucha dificultad, y comparativamente con aquélla, aunque se pueda pensar lo contrario, abarca pocos, muy pocos capítulos.
Haciendo un símil, de la historia del flamenco necesitamos conocer el mayor número de piezas posibles que nos permitan vislumbrar el puzle a pesar de que éste aun se muestre incompleto. Esto tiene la dificultad añadida de que muchas de esas piezas se han perdido y otras hay que comprobar que son las genuinas y saber colocarlas, pues los puzles varían según las épocas. Lógicamente, a mayor antigüedad más difícil es hallar piezas y más difusa queda la imagen del puzle.
Estas piezas no son sino elementos lo suficientemente relevantes con los que podemos hacer un dictamen bien argumentado sobre el desarrollo de un cante o la trayectoria de un artista. A mayor falta de datos, en el peor de los casos, hay que contar con elementos claros para proponer una hipótesis razonada sobre lo que se aborda. En la mayoría de los casos no se puede pretender cerrar líneas de investigación, sino dejar trazado un camino lo suficientemente expedito para seguir perfilando la investigación, ya que certezas hay muy pocas e incertidumbres muchas. Es por ello que en el plano flamenco hay que huir siempre de afirmaciones o negaciones categóricas sobre algo en concreto y ponerse en guardia sobre quien las pronuncia, porque tales manifestaciones son más indicativas de ignorancia que de un estudio meditado.
Muy especialmente para el flamenco, dado que es un arte con un gran peso en la tradición, hay que huir del presentismo histórico y desterrar cualquier prejuicio sobre lo que se indaga para no fallar en la objetividad de lo que se pretende. Es necesario igualmente haber escuchado mucho cante y, qué duda cabe, tener una buena memoria musical ayuda mucho en la comparativa y a la hora correlacionar estilos de cantes que se han dado a través del tiempo.
«A lo largo de la historia, el flamenco ha sido un arte muy desatendido, cuando no denostado, por la mayoría de intelectuales que pudieron haber escrito sobre esta manifestación en sus distintas épocas y no lo hicieron, debido a una idea preconcebida sobre el mismo que lo tildaba a grandes rasgos de “música de gitanos y gentes de mal vivir”. Idea sin duda heredada del pensamiento ilustrado y que aún persiste»

– En su trayectoria ha trabajado con numerosas fuentes documentales. ¿Cuáles han sido los hallazgos que más le han sorprendido o emocionado?
– Cada descubrimiento siempre ha tenido su dosis de alegría. Si hablamos de personajes importantes de este arte podría señalar lo que supuso encontrar al malagueño Villegas –Francisco Paredes Villegas–, cantaor perchelero, un año más viejo que Silverio, el primero al que se le adjudica un estilo de soleá; la verdadera identidad de la cantaora Teresita Mazzantini –Teresa Loreto Seda–, jerezana nacida en 1873 y prima hermana de Manuel Torre (dado a conocer en el capítulo dedicado a Currito de La Geroma); el verdadero nombre de Macaca –Miguel Cruz Rodríguez–, cantaor de Carmona nacido en enero de 1854, y su esposa, casi once años menor que él, la sevillana Enriqueta Jiménez Mateos conocida, como Enriqueta La Macaca.
Si hablamos de hechos relevantes, he de mencionar el registro del dato de que en la temprana fecha de 1857 ya se cantaba, bailaba y tocaba la soleá por gitanos en tierras de Jaén asociada a un ritual funerario (en la primera entrada dedicada a José Yllanda). También el hecho de dar a conocer (en la tercera entrega dedicada a las rondeñas) que la melodía de un conocido fandango atribuido a Paco Isidro –Aunque me voy, no me voy…– se encontrara en una de las melodías populares recogidas por Julián Arcas e incluida en su Gran rondeña para guitarra allá por el año de 1860.
– Su libro sobre Juan Breva ha sido muy valorado por especialistas y aficionados. ¿Qué descubrió del personaje que le llamara más la atención la atención durante la investigación?
– Descubrí sin duda su gran categoría humana. En el plano artístico, en mi opinión, Juan Breva es el eslabón de la cadena del cante que introdujo en su tiempo el flamenco a un público muy alejado de esta manifestación musical. Es por ello que el arte de Juan Breva trascendió el flamenco. Creo sinceramente que ese mérito lo tuvo en primicia Antonio Ortega Escalona, porque su época discurrió por unos derroteros mucho más complicados de los que luego vivieron Chacón o Niño de Marchena, de los que se dice, y no es falso, que ayudaron a dignificar el cante. Pero mucho antes, Juan Breva había dejado el camino trillado para que eso se reconociera, más aún en aquella época y sin menoscabo de que su arte fuera también elogiado y aclamado por la afición más exigente de entonces.
– ¿En qué momento se encuentra actualmente la investigación flamenca? ¿Vivimos una etapa especialmente fértil?
– Qué duda cabe de que el acceso a las nuevas tecnologías ha ayudado mucho y hoy en día existen muchas personas que con mayor o menor acierto nos dedicamos a la investigación. No obstante, dentro de los mismos que escriben sobre este tema se nota los que han escuchado e interiorizado el flamenco o abarcan un mayor número de conocimientos y vivencias en torno a este arte de los que no. Y se nota especialmente por el diferente tratamiento que se puede dar respecto a una misma noticia. Sobre un mismo dato se puede discrepar, y es lógico y bueno hacerlo, pero siempre desde el conocimiento. Lógicamente, es imposible abarcar todos los campos de datos, disciplinas y conocimiento que presenta este arte desde sus distintos ámbitos de estudio, por lo que hay que tener la suficiente humildad para pedir ayuda sobre los aspectos que se dominan menos. Debemos ser conscientes de que es necesaria la ayuda interactiva entre los investigadores para avanzar más y mejor en el estudio que cada uno desarrolle.
– ¿Por qué cree que no recibe el apoyo necesario por parte de las administraciones?
– Queda claro que desde que desde que el Flamenco fue declarado Bien Inmaterial de la Humanidad de una manera u otra la política ha intervenido y no para bien. Se nota a la legua que muchas personas que retoman la organización de festivales periódicos o preparan ciclos de flamenco no saben absolutamente nada de este arte y suelen estar muy mal asesorados. Del dinero que se destina a estas actividades apenas nada va a la investigación. Creo que la mayoría de los que investigamos lo hacemos por verdadero amor al arte y el afán por aprender y nos autofinanciamos nosotros.
«Se puede ser muy mediático sin ser buen artista, pero el problema es que hay muchos que con el cante solamente no les da para seguir en el candelero y se reinventan constantemente. Existen otros que tienen prisa por terminar su carrera sin haberla empezado. Como no dominan el cante, dicen que lo “transgreden” y que con ello afirman revolucionar algo para lo que Dios no les ha llamado»

– Su blog Aventureros del Flamenco se ha convertido en todo un referente de la flamencología actual. ¿Cuánto tiempo hay detrás de este trabajo y que le ha aportado personalmente durante estos años?
– Como portal gratuito sobre investigación histórica del flamenco simplemente trata de sumar en el conocimiento de este arte, como también lo hacen o han hecho los magníficos blogs de Faustino Núñez, Manuel Bohórquez, José Luis Tirado Fernández, Antonio Barberán, Javier Osuna, Alberto Rodríguez Peñafuerte, Ángeles Cruzado, Antonio Conde González-Carrascosa, Kiko Mora, Miguel Ángel Fernández Borrero, Antonio Cristo, Rafael Steve y Andrés Raya, por exponer los que, también a plena gratuidad, comparten noticias y sirven de reflexión al estudio. Algunos de ellos en una línea parecida a la mía, la mayoría surgidos antes que Aventureros y de los que he de reconocer he aprendido con su lectura, por lo que hay que agradecer el gran trabajo de sus autores.
El blog ofrece la inmediatez en la divulgación y pretende afianzar lo posible esa historia del flamenco, inconclusa en la mayoría de sus capítulos. Es cierto que el blog tiene mucho trabajo detrás acrecentado por cierta obsesión mía de tratar de cerrar o concluir temas siempre dentro de las posibilidades que cada capítulo ofrece, de ahí que pase tanto tiempo de una publicación a otra. No obstante, es inevitable la habitual corrección merced a noticias que tanto por algún compañero como por mí mismo se descubren con posterioridad.
El blog me ha aportado la libertad de escribir sobre lo que me gusta, la independencia en los temas en los que deseo indagar y compartir con la afición y sobre todo ha constituido un vehículo de intercambio con otros compañeros con el que seguir aprendiendo.
– Si tuviera que señalar tres figuras imprescindibles para entender la historia del cante flamenco, ¿cuáles elegiría y por qué?
– Elegir sólo tres figuras es muy difícil. Aún así, citaría en primer lugar a Silverio, por ser el primer gran divulgador del flamenco y llevarlo a unas cotas de grandeza que quizá antes que él no tenía. Por ser descubridor y protector de artistas, empresario y cantaor por y para el arte y el verdadero impulsor del profesionalismo flamenco. También, a Chacón, por ser la excelencia en el cante, explorador de las capacidades de su arte y arquitecto melódico de todo lo que cantaba. Con él el flamenco se dignificó. Y La Niña de los Peines, por llevar sus capacidades únicas al servicio de su arte sin escatimar nada. Dejó grandeza en todo lo que cantaba, llevó la genialidad a su máxima expresión y fue sin duda la cantaora más completa de todos los tiempos.
– ¿Qué temas o figuras del flamenco considera que aún necesitan investigaciones profundas y rigurosas?
– Se están haciendo importantes aportaciones musicológicas a través de autores como Faustino Núñez, Guillermo Castro Buendía, Gregorio Valderrama, Pepa Sánchez Garrido, José Miguel Hernández Jaramillo, José Francisco Ortega Castejón o Fernando Sanjuán sobre los cantes y la música flamenca que deben continuar. Creo que hace falta completar en la medida de lo posible la historia del flamenco en aquellos lugares que quedan fuera del núcleo tradicional de Cádiz, Los Puertos y Sevilla. Se han hecho aproximaciones importantes a las provincias de Málaga, Almería, Murcia, Córdoba, Extremadura, Madrid y Barcelona, pero faltan otros muchos lugares por inspeccionar que sin duda tenderán a completar la historia de este arte.
Toda investigación que se haga sobre figuras flamencas menos conocidas, siempre dentro del rigor, tendrá su cuota de importancia, pues vienen a articular esas miles de piezas que aún faltan por descubrir y encajar para concretar mejor la historia del flamenco. Han de suscitar el mismo interés tanto aquellos que por sus capacidades fueron destacados aficionados como aquellos otros menos conocidos que formaron filas en el escalafón de los profesionales.
– ¿Cómo ve el estado actual del cante flamenco? ¿Estamos viviendo un buen momento artístico?
– Soy algo pesimista con respecto a esta época. Veo una pérdida de calidad en lo que se canta. En esta época, por desgracia, la mayoría de los verdaderos cantaores no suelen ser muy conocidos o mediáticos. Hay muy buenos cantaores, que conocen el oficio y lo dominan, pero no hay figuras de cante que creen ni siquiera tendencia y menos aún escuela. En mi época, y puedo decirlo pues acabo de cumplir sesenta años, escuchabas a un cantaor, te podía gustar más o menos, pero tenía su “sello”. Ahora no. También veo falta de afición en general, sin afición es imposible “distinguí”.
Lo del momento artístico hay que aclararlo. Se puede ser muy mediático sin ser buen artista, pero el problema es que hay muchos que con el cante solamente no les da para seguir en el candelero y se reinventan constantemente. Existen otros que tienen prisa por terminar su carrera sin haberla empezado. Como no dominan el cante, dicen que lo “transgreden” y que con ello afirman revolucionar algo para lo que Dios no les ha llamado.
«Tuve la inmensa suerte de conocer a Fosforito y hablar con él en varias ocasiones. Era un deleite aprender de este maestro. Como figura, ha tenido lo que han tenido los grandes: voz, capacidad, corazón, inteligencia, sello propio y creatividad. Rescató algunos cantes del olvido y en todo lo que cantaba ponía su impronta personalísima, además de ser autor de la mayor parte de sus letras»

– Recientemente ha visto la luz Fosforito. Desde el principio del tiempo, una ambiciosa obra coordinada por el ya fallecido Luis Soler. ¿Qué valoración le merece este trabajo y qué lugar ocupa Fosforito en la historia del cante flamenco?
– Ante todo me gustaría destacar la figura del gran Luis Soler Guevara. Tras mi etapa madrileña reconozco en Luis a un excelente maestro y gran amigo. Con él mi conocimiento del flamenco creció exponencialmente. Su compromiso con este arte y su generosidad han sido importantes para una generación de aficionados y estudiosos. Cualquier persona de nuestro tiempo que haya indagado en esto o lo practique, sea profesional o aficionado, ha conocido a Luis Soler.
Con respecto a la obra doy fe de que estamos ante un trabajo rigurosísimo y de una calidad bárbara. Los restantes coautores de esta obra, Francisco Cabrera, Paco Roji, el mencionado Fernando Sanjuán y Ramón Soler, son el claro ejemplo de esa interacción de la que antes hablaba para la consecución de unos objetivos. Con obras de esta magnitud es como se va consolidando también la historia reciente del cante. Es una pena que tanto Luis como el propio Fosforito no hayan podido disfrutar de esta obra, cuya publicación ha sido muy importante.
De Antonio Fernández Díaz me ahorro calificativos, todos buenos, que se han dicho de él y con los que estoy plenamente de acuerdo. Tuve la inmensa suerte de conocerlo y hablar con él en varias ocasiones y era un deleite aprender de este maestro. Como figura, ha tenido lo que han tenido los grandes: voz, capacidad, corazón, inteligencia, sello propio y creatividad. Rescató algunos cantes del olvido y en todo lo que cantaba ponía su impronta personalísima además de ser autor de la mayor parte de sus letras. De ello va el libro y recomiendo fervientemente su lectura porque una figura tan grande es menester estudiarla con una obra de estas características.
– A veces se escucha que el flamenco atraviesa una crisis de creatividad y otras veces que vive una etapa de enorme riqueza. ¿Cuál es su visión?
– La propia premisa ofrece una dualidad muy dispar. Vuelvo a lo de antes. Creo que padecemos una auténtica falta de afición que anida incluso en los profesionales. ¿Cómo se puede crear teniendo un bagaje pobre del arte al que uno se dedica? A veces un porcentaje justo para salir del paso, comparado a lo que abarca el cante. La afición tiene que estar por encima del gusto personal. Y es ahora cuando precisamente tenemos toda la información a un golpe de clic cuando menos informados estamos o queremos estar. Y si no se conoce una buena porción de soleares, malagueñas, cantiñas, tientos o tarantas, ¿cómo diablos se va a poner personalidad en algo que no se canta? Esto prueba lo primero, que atravesamos una crisis de creatividad. Y con respecto a esa enorme riqueza, no la veo por ningún lado.
– En su opinión, ¿qué es cantar bien, más allá de los gustos y las fobias de cada uno? Es sorprendente cómo muchos aficionados, con un bagaje importante en cuanto a vivencias y conocimientos, no se ponen de acuerdo sobre esto…
– Yo creo que el cantar bien, en términos flamencos, es saber transmitir. Si no se transmite el cante formalmente podrá estar perfecto, pero no comunicará nada y por tanto no llegará a emocionar. Porque el flamenco más allá de lo que se canta es cómo se canta. La disparidad de criterios puede venir del concepto de cante que se tenga: buena vocalización, respirar bien, tener facultades… Pero eso no es muy distinto a las cualidades de otras disciplinas de canto. El buen cante flamenco se distingue por su capacidad de transmitir e incluso de doler.
– ¿Qué opinión le merece el papel de la divulgación flamenca en la actualidad? ¿Estamos sabiendo acercar el flamenco a las nuevas generaciones?
– La divulgación del flamenco es necesaria y muy importante. Cada uno a su nivel y en la medida de sus capacidades es una labor que debemos hacer. Traer el conocimiento del flamenco a las nuevas generaciones es una espada de doble filo, pues, si es cierto que se tienen más medios, hay que luchar por otro lado contra las distracciones vacías que los más jóvenes tienen a su alcance, por lo que debe ser una tarea ardua. De eso, Álvaro, usted sabe muchísimo más que yo por sus logros y avances por inculcar a los niños desde el colegio los valores del flamenco, por lo que aprovecho para darle la enhorabuena por su labor.
«Yo creo que el cantar bien, en términos flamencos, es saber transmitir. Si no se transmite el cante formalmente podrá estar perfecto, pero no comunicará nada y por tanto no llegará a emocionar. Porque el flamenco más allá de lo que se canta es cómo se canta. La disparidad de criterios puede venir del concepto de cante que se tenga: buena vocalización, respirar bien, tener facultades… Pero eso no es muy distinto a las cualidades de otras disciplinas de canto. El buen cante flamenco se distingue por su capacidad de transmitir e incluso de doler»
– Las redes sociales han cambiado profundamente la forma de hablar y difundir el flamenco. ¿Cree que estamos haciendo un buen uso de ellas? ¿Qué han aportado y qué riesgos observa?
– Toda herramienta depende del uso que se haga de ella. Puede ser una manera magnífica de introducir al flamenco poco a poco. Existen muchos portales que hablan de flamenco, aunque lamentablemente no todos presentan el rigor requerido. El hecho de que todo el mundo exponga su opinión lleva aparejado el que cada reflexión esté mejor o peor fundamentada. Las opiniones son libres incluso sin datos que las avalen y si se les da pábulo pueden llegar a cuestionar sin base alguna lo que con datos tanto ha costado indagar. Por poner un ejemplo, se ha puesto de moda una corriente de pensamiento, reforzada con la publicación de algún que otro libro, que retoma la vieja idea de Blas Infante e insiste en la influencia directa de lo árabe en el flamenco. Esto no aguanta el más mínimo análisis. Su argumentación versa únicamente en una etimología forzada de ciertas palabras árabes con otras habituales del flamenco y este tipo de hipótesis de vía muerta han logrado financiación con programas televisivos que nada nuevo aportan y mucho confunden.
– Defíname con una frase a estos artistas:
- Juan Breva: la quintaesencia del cante malagueño.
- Don Antonio Chacón: el más serio candidato hacia la perfección del cante en mayúsculas.
- Manuel Torre: el dueño absoluto del duende en todo lo que cantaba.
- La Niña de los Peines: lo dicho, la mejor y más completa cantaora de la historia.
- Tomás Pavón: la perfección gitana en el cante.
- Cojo de Málaga: calidad y personalidad cantaoras y la sublimación de la taranta.
- Cayetano Muriel: el mejor cantaor cordobés que escucharon los tiempos.
- Ramón Montoya: el revolucionario de la guitarra antigua y la exquisitez del toque.
- Pepe Marchena: la creatividad del cante llevada a su máxima expresión.
- Caracol: el cante que o bien pellizca o duele.
- Juanito Valderrama: la maestría y el conocimiento al servicio de la creación.
- Fernanda de Utrera: la última gran solearera de la historia.
- Juan Talega: la esencia del cante antiguo que no pasa nunca de moda.
- Antonio Mairena: el cantaor que siempre hay que escuchar; el recopilador, el difusor, el recreador, el maestro.
- Fosforito: el ejemplo a seguir, la personalidad, la honradez y la entrega de toda una vida al servicio del cante.
- Paco de Lucía: la perfección y las mejores capacidades de la guitarra jamás conocidas y no superadas.
- Camarón de la Isla: la genialidad de un superdotado del cante demasiado imitado en sus formas, no en su fondo.
- Enrique Morente: el conocimiento mezclado con el ingenio al servicio de la evolución del cante desde la base.
- Rosalía: el claro ejemplo a tener en cuenta para saber que lo que parece no siempre es.
– Para terminar, después de toda una vida estudiando y escuchando flamenco, ¿qué sigue buscando Rafael Chaves cuando escucha un cante?
– Que me sorprenda. Porque un mismo cante, aunque lo hayas escuchado muchas veces, dependiendo de tu estado de ánimo, te puede sorprender como si lo escucharas por vez primera. A un recital de cante hay que ir con la mente muy abierta para poder ser receptivo a lo que se escucha. El flamenco de verdad siempre sorprende. ♦

















































































