Desde hace algunas semanas, los días tienen para Borja Cortés más de veinticuatro horas. De diez a cuatro atiende sus ensayos en el Ballet Español de la Comunidad de Madrid, y a partir de esa hora corre a preparar el que será su primer espectáculo, Centro, paso, que estrena este jueves 21 de mayo en el Festival Flamenco de Esch (Luxemburgo). “Me da miedo someter al cuerpo a esta presión, pero el cansancio es más mental que otra cosa. El cuerpo responde bien de momento”, comenta. “Trato de comer bien y de descansar, y la ilusión hace el resto”.
No es para menos: después de una larga trayectoria militando en distintas compañías, desde el par de años que pasó en el Centro Andaluz de Danza –bajo la tutela de Rubén Olmo, Miguel Ángel Corbacho, Rocío Coral y Ana María Bueno–, unos meses con Carmen Mota, el Ballet Flamenco de Andalucía –primero con Estévez y Paños, luego con Úrsula López y Jesús Carmona–, a este bailaor de Torremolinos le ha llegado, a sus 32 años, la hora de dar el gran salto.
“He tenido la suerte de trabajar con gente muy buena, con muy buen gusto, y todo lo que me han enseñado se ha ido impregnando en mí, aunque nunca he tenido un modelo a imitar”, agrega Cortés. Con nueve añitos, recuerda, vio un espectáculo de Carmen Mota, “que empezaba con la música de Carmina Burana y con focos, cañones y aquellos tíos con mantones, y le dije a mi madre: ‘Mamá, yo quiero estar ahí’. Pues bien, un día estaban buscando a un niño para incorporarse a una antología de la propia Carmen Mota, y allí que me vi… Años más tarde, en El Palacio Andaluz, el primer tablao sevillano en el que trabajé, un guitarrista me dijo que yo había hecho algo que le recordaba a Jesús Carmona, ¡y yo no lo había visto todavía! Hasta que un día suena el teléfono y era Jesús: ‘Hola, Borja, ¿qué tal el verano? Quiero que trabajes conmigo’. Todo se ha dado así en mi vida”.
Claro que en Centro, paso la responsabilidad recae, más que nunca, sobre sus hombros. “Hice una cosa pequeña en La Chumbera hace algunos años, y la repetí en Sevilla, pero se quedó en eso. Siempre me han salido las oportunidades, yo no he buscado nada, aunque el impulso de crear me ha acompañado desde el principio”, asegura Cortés. “Así fue como un día me llamó Miguel Betegon, del Festival de Esch, y me dijo que quería contar conmigo, que pensara algo para el festival. Desde ese momento empezó mi cabeza a funcionar, ¡pum, pum, pum!, y empezaron a rodar las cosas”.
«Lo que subyace en ‘Centro, paso’ es una química muy poco común entre cuatro artistas –el propio Cortés, la cantaora y guitarrista Teresa Hernández, el cantaor Juan Debel y el guitarrista Ángel Flores–. “Ni queriendo habría salido todo tan bien”, celebra el malagueño. “Hemos ido probando cosas, descubriendo cómo nos miramos unos a otros, emocionándonos»»

“¿Qué hago? ¿En qué momento estoy? ¿Qué quiero decir?”. Las preguntas se acumulaban en la cabeza de Borja Cortés. “Julio Ruiz me recordó una residencia que yo había hecho tiempo atrás en La Gomera, sobre Tántalo, los dioses, etc. Pero no me apetecía meterme ahí. Entonces di con un texto del dramaturgo Pablo Messiez que me iluminó y dio título al montaje. Messiez habla de contradicciones, y nosotros también jugamos con ellas. Al final, el espectáculo es un espacio escénico donde nos encontramos cuatro amigos que nos queremos y que queremos disfrutarnos”.
El bailaor insiste tanto en el carácter casual y natural del proceso, que por momentos pareciera referirse a un accidente. No obstante, lo que subyace en Centro, paso es una química muy poco común entre cuatro artistas –el propio Cortés, la cantaora y guitarrista Teresa Hernández, el cantaor Juan Debel y el guitarrista Ángel Flores–. “Ni queriendo habría salido todo tan bien”, celebra el malagueño. “Hemos ido probando cosas, descubriendo cómo nos miramos unos a otros, emocionándonos. Cada uno tiene su momento, sin la presión de que tenga que salir todo perfecto. No buscamos el efecto, sino un sitio donde estar tranquilos, donde el ensayo y el error se permite, donde hacer danza desde lo bruto, desde lo esencial”.
Una de las cuestiones que se impone a cualquier coreógrafo joven como Borja Cortés es la necesidad o no de subrayar la flamencura. Algo que él resuelve sencillamente afirmando que “cuando eres flamenco, cuando te has dedicado a esto en cuerpo y alma, el flamenco va a estar ahí hagas lo que hagas. Lo llevas en tu cuerpo, por mucho que quieras hacer cosas distintas. Y eso te quita la presión de tener que remarcarlo”.
Profeta en su tierra, como prueba el hecho de que lo hayan requerido en su ciudad natal junto al maestro José Losada, Carrete, para la campaña promocional Tremendo Torremolinos, Borja Cortés sabe que lo difícil vendrá después del estreno de Esch, cuando tenga que mover su espectáculo. “Mucha gente me ha escrito diciéndome que me he ido muy lejos a estrenar, que quieren verlo por España, pero no es sencillo. En mi Ballet se creó una convocatoria para dar una oportunidad a jóvenes creadores, aproveché para presentar una de las piezas de Centro, paso, y ha sido seleccionada, de modo que podré hacerla en la Sala Negra de los Teatros del Canal”, adelanta. “Por otro lado, hace falta mucha gente que distribuya espectáculos como este. Yo una vez hice la producción a un espectáculo de Sara Jiménez para el Festival de Jerez, y me di cuenta de cuántas horas de ordenador requiere eso, mientras que yo lo que quiero es bailar. Creo que todo sería más fácil si en las programaciones se nos abrieran las puertas, un fifty-fifty para la gente nueva, o que la gente no repita dos años seguidos en el mismo festival. Todo eso ayudaría”.
A la hora de valorar el momento actual del baile, Cortés no tiene dudas: “Al baile flamenco lo veo en un momento extraordinario. Hay mucha gente bailando muy, muy bien, cada vez mejor y con la información más a mano que nunca, aunque esto sea un arma de doble filo. Pero la técnica está por las nubes, así como la afición. A quienes crean que esto se está perdiendo, les invito a darse una vuelta simplemente por la escuela de Amor de Dios en Madrid, o por los tablaos de Sevilla, para que se den cuenta del nivel y la afición que hay”. ♦





















































































