La actualidad informativa en España pasa este fin de semana por la visita del Papa León XIV a distintas localidades del país. En el flamenco también hay un Papa, así bautizaron a Don Antonio Chacón por su prestigio en la cultura y sus incuestionables influencias durante su carrera artística desarrollada desde la última parte del siglo XIX y la primera etapa del siglo XX. Del barrio de San Miguel era este sumo pontífice que desde la calle Sol lideró una época sin duda gloriosa desde la dignificación del arte jondo. En Jerez hay una peña con su nombre, además de otros reconocimientos como un busto en su barrio o una placa en la casa natal.
En esta entidad enclavada en el casco histórico se está llevando a cabo la 41ª edición de un ciclo primaveral que este año está dedicado a Tía Juana la del Pipa, quien no pasa por un buen momento de salud. Toda la fuerza para esta buena mujer y extraordinaria artista que tantos buenos momentos nos ha brindado. Comenzó con el recital de baile de Gema Moneo, recogido en ExpoFlamenco, al igual que ahora voy a contar lo que ocurrió en la segunda noche con la llegada de El Tolo, un cantaor sin «miedo al precipicio».
Cabe destacar que este cantaor, del mismo barrio de La Plazuela y de una casta de tanto pedigrí como la de Los Carpio (emparentado directamente con los Chalao, Agujetas, Rubichi...), es un alma entregada al público cuando se sube a las tablas. No tiene filtro y eso es precisamente lo que conmueve, no hay dobleces ni medias tintas. Incluso por seguiriyas lo vi llorar, al final, acordándose de su mare Pilar. La peña estaba animada de gente, se consiguió crear un buen ambiente y predominó el respeto en todo momento. Para cualquiera que llegue de fuera es un lujo poder acceder libremente a un encuentro de este nivel, también ha de serlo para los nativos.
«Antonio Peña Carpio ‘El Tolo’ es un alma entregada al público cuando se sube a las tablas. No tiene filtro y eso es precisamente lo que conmueve, no hay dobleces ni medias tintas. Incluso por seguiriyas lo vi llorar, al final, acordándose de su mare Pilar»

El estilo de El Tolo es de hechuras clásicas, de Manuel Torre y Mojama, también de Caracol por su abuelo El Berenjeno y El Garbanzo, con ritmo como su tío El Mijita. No solo bebe de una fuente, tiene varios grifos y eso hace que domine estilos como la malagueña o la soleá, como constató en su recital. También es elegante y cercano, agradecido con el respetable y quienes lo apoyan, así lo refleja en sus escuetas intervenciones habladas. Comenzó con tientos y tangos, calentando una garganta imprevisible pero magnánima. Las palmas de Ali de la Tota y Javi Peña fueron precisas, sin micrófonos, un acierto. La guitarra fue la de Domingo Rubichi, esa que hace cantar. Por bulerías para escuchar es sabroso y su repertorio está lleno de historia y legado. Lo bueno es que llega hasta el final, no se esconde. Así lo demostró nuevamente en los fandangos, en los que incluso se alejó del micrófono para hacerlo a viva voz.
En la segunda parte hirió más todavía, quizás porque encontró recursos para rematar una gran faena en la que por bulerías nos hizo bailar a todos desde la silla. Maneja a su antojo los tiempos y evoca las mejores noches de fiestas familiares en las que tanta personalidad había. Los tiempos han cambiado, pero aún hay poso en según que perfiles como el de Antonio Peña Carpio El Tolo. La maestra Ana María López fue la que bailó por todos en el escenario, con ese minuto de arte que tanto se agradece.
La próxima semana concluirá la edición con la aparición estelar de La Macanita y Manuel Valencia: viernes 13 a las 22 h. ♦























































































