Lo que proponen los hermanos Diego Aguilar (Valladolid, 1999) y Hugo Aguilar (Valladolid, 2003) no es la película Cuestión de tiempo de Richard Curtis (2013), que explora un viaje en el tiempo, aunque podrían asemejarse en que ambos hermanos se miran hacia adentro, hacia la memoria que construye el tiempo.
Con este montaje, los artistas vallisoletanos se alzaron el año 2025 con el premio del Certamen Coreográfico de Danza Española y Flamenco de Madrid, y lo que proponen es un viaje que examina el legado paterno, los rasgos familiares y el proceso madurativo de dos hermanos que han moldeado el carácter y el espíritu en el ámbito de la danza.
La exploración de la memoria principia ante la presencia del padre, lo que da sentido a la cohesión y la identidad familiar, estimulándose de este modo el traslado a los recuerdos a fin de ir creando un mundo interesante, tanto a nivel visual como dancístico.
Se ofrecen así muchas capas que describen el lugar entre la infancia y la juventud, acometiendo el primer movimiento con el recuerdo, una remembranza que los autores llaman Lembranza, término ya en desuso para dar forma a la “memoria que despierta”, movimientos singulares que atrapan al espectador desde la cambiante disposición.
La luz que brilla desde la familia no se atenúa. Antes bien, busca la blancura perfecta desde el Albor, segundo movimiento que aborda el comienzo de algo, la “luz que empieza” para alumbrar la flexibilidad de los bailarines, en el que se muestran muy profesionales, activos y motivados.
La tercera secuencia se centra en el momento en que se encuentran los hermanos, la Confluencia, la unión de distintas corrientes en aras de formar un cauce común, donde plantean la posibilidad de diálogo desde la teoría de la recepción, con la intención de abrirse a la eventualidad de descubrir propuestas innovadoras y creativas.
«Los vallisoletanos se desenvuelven como pez en el agua en lenguajes no tan fáciles de perfilar y a los que dotan de enorme sensibilidad y delicadeza, lo que aporta al conjunto momentos muy dinámicos, con una labor espacial impecable, mostrándose algo más inestable en la transmisión flamenca, pero cumpliendo con solvencia en el plano actoral»

El montaje encara así el terreno donde pisar, el suelo donde afirmar la identidad. Y ahí está Soler, un cuarto movimiento inquebrantable y evocador en el que los hermanos Aguilar funcionan con gran eficacia y sin general confusión en el espectador, con una aptitud escénica redonda, gestos flexibles y desplazamientos capaces de brillar en las zonas más oscuras.
Hay, pues, un dominio absoluto de la técnica, extraordinaria flexibilidad corporal y gran belleza en las líneas dancísticas. Los vallisoletanos se desenvuelven como pez en el agua en lenguajes no tan fáciles de perfilar y a los que dotan de enorme sensibilidad y delicadeza, lo que aporta al conjunto momentos muy dinámicos, con una labor espacial impecable, mostrándose algo más inestable en la transmisión flamenca, pero cumpliendo con solvencia en el plano actoral.
La clausura de la propuesta se centraliza en el futuro que se abre, el Umbral, que representa uno de los momentos más audaces de toda la producción, ya que los protagonistas, que dejan gran peso artístico y simbólico, arriesgan para lograr el espectacular efecto, no interrogando al público, pero sí conquistándolo con una fuerza turbadora.
En consonancia con lo expuesto, destaco la farruca, o el diálogo ante la mesa frente al metrónomo, así como el paso a dos a ritmo, la resolución técnica del taranto con la levantica de El Cojo de Málaga, y los tangos en perfecta sincronización.
Es de tal modo como Diego y Hugo Aguilar construyen un espacio escénico altamente simbólico, jugando con el contraste pese a la exigua luz y, sobre todo, con el lenguaje, lo que evidencia el imponente poder ante discursos diversos, con el añadido del dominio de los matices, la atención al detalle expresivo o su notable seguridad, que confieren a su ejecución una indiscutible solvencia.
Hay, por tanto, complacencia expresionista de cara al público que subraya la omnipresencia del control técnico, y se construye un relato a través no de una tensión constante y honda, pero sí desde la revelación nítida de una estructura formal con un correcto desarrollo narrativo, en el que aflora un equilibrio claro y sutil, sin riesgo de convertirse en vulgaridad.
Todo es Cuestión de tiempo, como reza el título de la propuesta, que, guste más o menos, resulta redonda en su concepción y que transita con fluidez entre lo flamenco y los momentos de lirismo introspectivo, como si se quisiera establecer la diferencia entre lo que uno es y lo que sueña con ser.
Ficha artística
Cuestión de tiempo, de Diego Aguilar y Hugo Aguilar
XXX Festival de Jerez
Sala Compañía, Jerez
24 de febrero de 2026
Dirección, coreografía e interpretación: Diego y Hugo Aguilar
Guitarra: Jesús Rodríguez
Cante: Amparo Lagares
Percusión: David Rodríguez alias Chupete
Colaboración especial: Arturo Aguilar



















































































