Entender el contexto y la influencia de Lebrija en el flamenco no es fácil si no se ha conocido y vivido su época de oro, tiempo que proporciona los valores, ideas y sentimientos que, a la postre, hoy dan fiabilidad a propuestas como ‘Lebrisah’, término musulmán que en este tiempo acuñó quien firma y que nada tiene que ver con lo mollar del montaje, que se centra, por el contrario, en esa Lebrija gitana que permite verificar las afirmaciones y contenidos del flamenco en la baja Andalucía.
Este espectáculo se articula bajo la batuta de Curro Vargas, hijo de Concha Vargas y de Rafael Doblas, y se estrenó el 24 de mayo de 2025, en Lebrija, y más tarde, en el ecuador del mes siguiente, en Sevilla, desembarcando en el Festival de Jerez merced al protagonismo de la propia Concha Vargas, que es la musa y el referente del baile gitano de Lebrija, y la voz de Inés Bacán, que es la conexión cantada con las resonancias de Fernanda la Vieja y Juan Funi.
Las hijas de Quintin y de Bastián son, conforme a la cuna de nacimiento, el poema que relaciona la tierra con las emociones, el territorio con las sensaciones y las vivencias familiares con el exterior, resaltando sus colores, sus formas y sus texturas, como si Concha e Inés se abrazaran a un martinete como cuando los viejos gitanos presentaban sus credenciales.
La presentación no es una excusa, es la antesala a los recuerdos vitales de las protagonistas por soleá, lanzada a la búsqueda de aquellos instantes de privilegio que están obligados a que sobrevivan al olvido, donde el lenguaje corporal no solo provoca alegorías, sino que las convierte en parte del ritual.
Mas el espacio se vuelve niebla, a sabiendas de que nos vamos acercando al resplandor de la tarde. Y ahí está el romance de Concha Vargas. En el pecho de los espectadores se produce un hueco, un vacío que quema. Es la bailaora que provoca un silencio sin ruido, la que restituye al seno familiar del arte de su hermana Carmen, única, y la que nos devuelve a lo vivido.
«Lebrisah, una propuesta que aborda el albedrío de lo que representa, que encadena desde los ríos del diapasón de Curro Vargas, esas formas peculiares que sienten la lumbre que reverbera en las pupilas de Lebrija, y que no son más que la última gota de un baile que absorbemos mezclada en una voz de llanto»
Con Concha Vargas la imaginación regresa a las notas de violines que se escuchaban en la Venta del Caparrós en las calendas de 1781, a ese baile dieciochesco de la zarabanda y que ahora extrapolamos a esa gitanería del quiebro y el movimiento, a esa singularidad de cómo bailarle al cante, que es la credencial que nuestra protagonista conoció desde el calmo de la cuna de la infancia y que en el hecho escénico revuelve los recuerdos que claman en su memoria.
Pero el ser Concha hija de Quintín, y éste compadre de Bastián Bacán, padre de Inés, este hecho propicia un espacio fundamental para el desarrollo de relaciones, donde se cultivan valores y se fortalecen los lazos afectivos entre sus miembros.
Este vínculo lo asocio al romance, el baile que detiene el tiempo en Lebrija, el sello identitario que se alimenta del mismo nutriente que la soleá cantada, ese misterio que ebria del vino blanco de la madrugada y que corta las paredes del viento. Es lo esencial de la bendita tierra donde vieron la luz Diego el Lebrijano, Juaniquín de Lebrija, Pinini, Funi Viejo o El Chozas de Jerez.
Hay pesares sonoros en la garganta de Inés Bacán. Asoman temblores vagos en el martinete. Alumbra la soleá desde el alma honesta. Abisma con el prisma de la juventud los sinsabores de la seguiriya, y su garganta es un cráter de fantasías en la nana, llevándonos al corolario de un discurso expresivo de tersura incierta, con melismas camino de las quimeras y tercios locales en los que se funden el oro de los recuerdos con el tesoro de los ecos.
En tardes merecidas por la pena ante la noche esperanzada, se ha encadenado, pues ‘Lebrisah’, una propuesta que aborda el albedrío de lo que representa, que encadena desde los ríos del diapasón de Curro Vargas, esas formas peculiares que sienten la lumbre que reverbera en las pupilas de Lebrija, y que no son más que la última gota de un baile que absorbemos mezclada en una voz de llanto, la que formula los mismos versos del cante que retenemos en nuestras vivencias, pero con distinta alma.
Ficha artística
Lebrisah, de Concha Vargas e Inés Bacán
XXX Festival de Jerez
Centro Social Blas Infante
23 de febrero de 2026
Baile: Concha Vargas
Cante: Inés Bacán
Guitarras: Curro Vargas y Antonio Moya
Contrabajo: Gal Maestro
Cante y palmas: Juan Juanelo y Moi de Morón
















































































