Nos recibe La Fuenlonguilla con el gran portón abierto, como un abrazo infinito. La noche promete ser fría a decir por alguna persona del público que llega con una mantita para cobijarse en el patio de la hacienda cuando empiece a caer el relente. Ya sabe dónde viene, se ha hecho asidua de este festival que puede presumir de ser una gran reunión. Este año la ola de calor se fue dejándonos pocos grados para la noche veraniega del cante jondo en La Puebla de Cazalla (Sevilla). Cincuenta y siete ediciones corona el cartel que preside un hermoso dibujo de Francisco Moreno Galván. “Cada año son más bonitas las entradas”, alcanzo a escuchar en la taquilla.
La afluencia de público es calmada pero continua, hasta completar el patio de sillas dispuestas delante del escenario. Con el pisar de la gente se ha perfumado el aire con las hierbas aromáticas que disponen en el suelo como una alfombra de la campiña morisca. El éxito de público se repite en cada edición, atraído por la singularidad de un encuentro flamenco que mantiene el sabor, el gusto y el buen hacer que Francisco Moreno Galván supo imprimir en el paisaje de los festivales de verano. Muchas caras conocidas entre la gente y muchas otras que han llegado nuevas seducidas por la popularidad de la Reunión de Cante Jondo. El público busca vivencias propias y en estas tierras pueden encontrarse con algunas. Los saludos y abrazos se suceden mientras van buscando acomodo.
Para este año la organización se ha decidido por un elenco de figuras destacadas y muy consolidadas en el panorama flamenco: Mayte Martín, Rubito hijo, Paqui Ríos y Ezequiel Benítez pondrían la voz al cante, junto con David el Galli y Sergio el Colorao, mientras que el baile vendría de Granada entre los volantes de Fuensanta La Moneta. Las guitarras de exquisito gusto sonarían en las manos del maestro Antonio Carrión (recién nombrado embajador de La Puebla de Cazalla), Antonio de Patrocinio hijo, José Gálvez, Paco León, Rafael Rodríguez ‘el Cabeza’ y Domingo Rubichi; las palmas y jaleos en las manos de Naín Real con Tate Núñez, y Miguel Heredia con Luis Dorado. Todos ellos fueron presentados por la flamenca, comunicadora y conductora de la velada Sara Arguijo.
Como es habitual, abre la Reunión un solo de guitarra que, como tantas veces, protagoniza Antonio Carrión. Se diría que la vinculación del guitarrista con José Menese fijaría al guitarrista en el paisaje de La Puebla de Cazalla. Él mismo afirmaría lo agradecido que está a este pueblo y que se siente como en su casa. Por soleá para llenar de dulzura y cadencia flamenca la noche de la Reunión morisca.
Pronto se van a cumplir diez años del deceso de Menese y es plausible que su nombre y su recuerdo vayan pronunciándose durante las actuaciones. El siguiente artista en suertes fue el jerezano Ezequiel Benítez, quien con su inmensa humanidad tuvo la gracia de acordarse del añorado Pepe el Cachas, con quien compartió amistad y a quien dedicó la soleá. Ezequiel es un cantaor con buena sabiduría de los cantes que, además, sabe cómo meterse a la gente en el bolsillo. Hizo un repertorio variado con auténtico sabor jerezano que continuó con alegrías, malagueñas, fandangos y bulerías. Momento distendido cuando pidió a la organización que encendiera luces sobre el público “para verles las caritas”, aunque realmente su intención era poner a cantar al respetable con una letra que decía Cua, cua dicen los patos / kikirikí la gallina cantó / y yo te sigo bailando / el baile del gorrión. Ciertamente, el prestigio de La Puebla como festival serio no entiende bien que se hagan estas propuestas burlescas, pero parece que el público lo aceptó de buen grado. Una pataíta por bulerías de Ezequiel es saborear todo el arte de Jerez que lleva en las venas. Lo acompañó su habitual guitarrista Paco León.
«Es Fuensanta La Moneta de las bailaoras favoritas de La Puebla de Cazalla y siempre deja contento a su público. Esta poderosa mujer se sabe querida y siente el cariño que se le profesa. Con su baile y su cuadro de artistas llenaron de flamencura y gitanería el espacio en La Fuenlonguilla»

A continuación llegó el turno de Paqui Ríos. Pequeña, menuda, pero de gran corazón flamenco y plena de conocimientos sobre lo jondo. Paqui es pureza, cante sin artificios, es volver al seno flamenco donde todo se fraguó. Ríos ocupó la silla con una seriedad que me trae al recuerdo al Gallina. No hay ojana en sus actuaciones, parece parar el tiempo y darle marcha atrás cuando ejecuta los cantes. Estilo gitano de los que llamamos soníos negros y quejíos bien colocados para transmitir aquello que parece desgarrarle las entrañas cuando canta. Sobre los acordes jerezanos de Domingo Rubichi, hizo con brillantez la malagueña, soleá, fandangos por soleá y seguiriya.
Y una parada para cambiar el escenario. La decoración de la Reunión de Cante Jondo es un diseño que encierra todo un mensaje de sobriedad y elegancia. No se entiende muy bien que la siguiente cantaora cambie las sillas negras de enea por dos sillones de oficina, requisito que Mayte Martín exige, no sabemos muy bien por qué, y que despierta el murmullo entre el público, además de parar innecesariamente el discurrir del evento. Mayte es una cantaora que ha abierto las puertas a nueva afición y artista que tiene su mirada puesta en el futuro y en sí misma. Ella busca entre sus mismos reaños otras maneras de expresar el flamenco con más lírica, poniendo el brillo de su voz en las tablas. Con ella terminó la primera parte, dando lugar a un breve descanso mientras se preparaba el escenario para el baile que abriría la segunda parte.
Pero antes de seguir, un sólo de guitarra de Carrión por soleá acompañado a las palmas por Concha Carrión y Ángel Peña.
Rafael Rodríguez llama a los cantaores con su guitarra, David el Galli y Sergio el Colorao arroparán a Fuensanta La Moneta que con su fuerza vuelve a pisar el escenario de esta LVII Reunión. Es La Moneta de las bailaoras favoritas de la Puebla de Cazalla y siempre deja contento a su público. Esta poderosa mujer se sabe querida y siente el cariño que se le profesa. Con su baile y su cuadro de artistas llenaron de flamencura y gitanería el espacio en La Fuenlonguilla. Los arabescos en la guitarra de Rafael Rodríguez se enredaron con la seguiriya y la soleá que con tanta energía nos brindó la artista. Fuensanta sólo sabe bailar entregando el alma y dibujando con su cuerpo ecorzos imposibles que en ocasiones evocan a Carmen Amaya y su fuerza indómita.
El broche de oro quedó en manos del artista local Rubito hijo, quien llegó al escenario con el ánimo triste por las dolorosas circunstancias que está atravesando el cantaor Rubito de Pará, su padre, y que él mismo nos contó en el escenario. Desde ExpoFlamenco le deseamos una pronta y buena recuperación. Con el dolor en el pecho, Rubito entregó todo lo que tenía dentro, para cerrar la noche. Acompañado de la maravillosa guitarra de Antonio de Patrocinio Hijo, inició su actuación valientemente por petenera, grande y chica, tientos con sus tangos, cantiñas y seguiriyas, cantes adobados por las incomparables letras de Francisco Moreno Galván, que dejaron un gusto morisco en los oídos del público que aún abarrotaba el patio de la Fuenlonguilla.
No se puede cerrar la noche de la Reunión sin una buena ronda por tonás que sonaron en las gargantas ya heridas de Ezequiel Benítez, Paqui Ríos y Rubito de Pará. Y aquí debió terminar la noche como es tradición en La Puebla de Cazalla, pero se ha puesto de moda un fin de fiesta por bulerías que más que terminar de cuadrar el círculo resulta metido a calzador. ¿Se puede hacer algo más después de una ronda de tonás que han crujido el azogue de la noche? ♦
























































































