Alberto López, director del sello Air Music Spain, haciendo las veces de presentador de la velada, afirmaba que Curro Carrasco se encuentra en la fértil encrucijada de una raíz flamenca que mira al horizonte sin complejos ni etiquetas. Una guitarra que tiene la virtud de sonar, al mismo tiempo, a patio y a polígono, a terruño y a urbe cosmopolita. Un concepto actualizado y con perfil propio del toque de Jerez.
El viernes 26 de julio, la puesta de largo del disco Sarmiento de Curro Carrasco reunió todas y cada una de estas premisas. El histórico marco de Los Claustros de Santo Domingo de Jerez fue testigo de un encuentro familiar y cercano pero con una cuidada y limpia puesta en escena.
Una vez sacudida la tensión inicial que representó el exigente toque por tarantos, el guitarrista se sintió arropado por un nutrido cuerpo de voces y compás. Con Brisa fresca, composición original de José Soto Sorderita en alarde de creatividad, encontró en las voces de Zambullo y Enrique Remache el cauce idóneo para su expresión. Acordes salpimentados de bossa nova para dar paso unos tangos que contaron con el contrapunto armónico del violín de Bernardo Parrilla. Completaron el elenco, la percusión de Isidro Suárez y las palmas de Diego Montoya y Curro Carrasco hijo.
Fue entonces cuando apareció de blanco, como la cal que adorna la calle Marqués de Cádiz, el tate Diego Carrasco. Artistazo máximo de la personalidad, sones de ayer, de hoy y de siempre entrelazados en el bilibirloque de su compás. Su sobrino Curro sonreía gracias a la complicidad más absoluta sobre los maderos. Diego interpretó Oliva y naranja sobre aquel poema que sirvió a Salvador de Madariaga para narrar la muerte de Lorca.
«Curro Carrasco fue el sarmiento, la vid y el pámpano verde en su gran fiesta. Y allí en Los Claustros de Santo Domingo, entre los majestuosos arcos góticos, cada nota resonó alunarada en una noche ya para el recuerdo»

Lela Soto hizo gala del cante que es emblema de su casa Sordera, la bulería para escuchar. Con esa afinación natural que trae de serie hizo guiños a El Gloria y también a María Bala, esos respiros desde el ayer entre Juaniquí y Frijones que hiló con el hoy de su tío José Soto Sorderita. De seguido, el experimentado Juañares, hermano de Curro, tiró del carro en homenaje a su madre Currita, presente en el estreno del disco. A continuación una majestuosa Fabi interpretó con enjundia el bolero Se me olvidó olvidarte conectando por la vía directa con los sentires del guitarrista. El trío de altos vuelos femeninos lo culminó Felipa la del Moreno, luciendo ese eco ahíto de romero y albahaca en la versión en forma de bulería Soy de ti de Parrita.
Ya en la recta final, Curro Carrasco ejecutó una airosa soleá, Rojo de amores, con reflejos a esa patria común que une Lebrija y Jerez en la cadencia pero adobada por el ingenio que Diego Amador le prestó en la compostura del corte. Ángel Dorao, a la percusión, unió ese camino que antes era viña mediante la autopista del sonido electrónico.
Sería el baile por alegrías De San Fernando a Cai protagonizado por Marco Flores el colofón perfecto a una gran noche. Inconfundible en su gestualidad flamenca, el de Arcos de la Frontera deleitó en su aparición contagiando su felicidad sobre el escenario a un público entregado a su baile. Pero aún quedaba la sorpresa final. En el fin de fiesta, Tía Yoya animó el baile de Currita, la madre del guitarrista, quien sentada bajo el escenario dejó volar las muñecas como dos palomas de las que beben en la fuente de Santiago.
Curro Carrasco fue el sarmiento, la vid y el pámpano verde en su gran fiesta, que también lo fue del equipo de Air Music Spain con la presencia de Esperanza Fernández y Pedro María Peña, entre bastidores, con Susana Coya en la comunicación. Y allí, entre los majestuosos arcos góticos del claustro, cada nota resonó alunarada en una noche ya para el recuerdo. ♦




















































































