No va a ser esta una crónica al uso con disección de cantes y artistas. La gracia del Potaje Gitano de Utrera pasa precisamente por la convivencia y disfrute tanto como la escucha atenta o el propio entorno y circunstancias que rodean al decano de los festivales flamencos.
En realidad, como bien saben los asiduos, el Potaje empieza unas semanas antes con llamadas y mensajes. Hay que cuadrar la mesa. ¿Somos once o doce? Ya veremos. ¿Quién puede venir este año? Yo tengo la gran suerte de compartir mesa con un grupo de amigos desde hace años y, como en los tramos de penitencia, vamos avanzando filas para estar cada vez más cerca del escenario. Coordinados por Manolo Cordero, que ejerce de anfitrión logístico y emocional, al final, este año fuimos once amigos de diferentes profesiones y lugares (Sevilla, Coria, Las Cabezas, La Campana…), pero unidos por la afición al flamenco y por echar un buen rato. Este año nos acompañaban en la mesa José María Jurado, reciente y brillante ganador del premio Romero Murube, Diego el Marquesito de Utrera y, en la mesa vecina, unos buenos amigos de Marchena comandados por Víctor Morán. Por ejemplo, el año pasado tuvimos la suerte de tener con nosotros a Ángeles Cruzado o la guitarrista Lola Yang. Esta es la gracia de una mesa como esta: casi ninguno tiene silla fija. Cada año las circunstancias mandan, pero nunca faltan candidatos a sentarse.
Lo importante, ¿quién compra la bebida? ¿Y la comida? ¿Llevamos algo de postre? Uno que va a pasar por Sanlúcar estos días compra vino. ¿El pan de Lebrija o de Las Cabezas? Esas son las cuestiones a resolver en los previos. Este festival no va solo de sacar una entrada y sentarse en una butaca a escuchar como en un teatro. Esto va de otra cosa. Neveras con hielo, bolsas con comida y, sobre todo, amistad y reencuentros. Reunirse al menos una vez al año para vernos y ver cómo nos ha ido la vida estos meses y artista a artista, comentar lo que cantan y cómo lo cantan, tocan o bailan. Esa noche pueden pasar muchas cosas, pero casi ninguna de las que llevas previstas. El entorno que presta el magnífico patio del colegio de Los Salesianos de Utrera, la disposición de las mesas y lo arreglada que va la gente pueden confundir al novato. Y sí, en el fondo podría ser una boda. Hay que maridar la vida con el flamenco y, por qué no, celebrarlo por todo lo alto. Si vienes de paracaidista o se te olvida algo, siempre tienes el ambigú a mano para urgencias y así colaborar con la hermandad y sus obras sociales, que, en el fondo, es lo que mueve toda esta gran organización. En general, esto mismo podría aplicarse al resto de los festivales flamencos. Pero es cierto que, en este en particular, llevarte tú tus propias viandas y la forma de sentarse en mesas redondas otorgan una especial singularidad al evento.
El compañero Juan Garrido, un clásico ya en estas lides a pesar de su juventud, presenta e introduce a los artistas, que este año son especialmente de alto nivel. Hasta el punto de que es Jesús Méndez quien abre. A Jesús casi que no le haría falta, pero hay que felicitar a la organización por la excelente megafonía del evento. No es fácil que se oiga bien un evento de estas dimensiones y damos fe de que incluso detrás de la última fila de mesas, todo sonaba bastante bien. Jesús ataca con la potencia y conocimiento que le caracterizan acompañado por Manuel Salado, sobrino del recientemente fallecido y ya añorado Miguel Salado. Comienza por alegrías y cierra por fandangos, siendo el primero de ellos dedicado al homenajeado de la noche: El de la Puebla del Río / el alma a mí se me parte / y me dan escalofríos / cuando torea Morante.
«Recta final para una imperial Marina Heredia que sin duda fue la gran triunfadora de la noche. Por soleá, bulerías y cuplés sedujo al respetable homenajeando como se merece a los cantes y artistas de Utrera que todos llevamos en el corazón, sin dejar de acordarse de su tierra con los consabidos tangos granaínos y Morente siempre en el pensamiento»

Se atempera un poco el ambiente con la voz acaramelada de Antonio Reyes acompañado por la guitarra de su hijo Nono. Siento en este punto no poder dar todo el detalle que quisiera, pero de camino al baño me crucé con el gran Pitín de Utrera y no pude evitar quedarme un rato con él y con mis cinco sentíos en lo que me contaba sobre el pueblo gitano y su descendencia directa de Set, tercer hijo de Adán y Eva o de cómo trabajaban de «mantenimiento en las pirámides». Estas son las cosas a las que me refería y que no tienen precio ni posibilidad de planificación alguna (*).
Juan da paso al baile de José Maya, esperado por las buenas referencias que se tenían de su paso por Torres Macarena. Vino acompañado del cante de Rubio de Pruna y Antonio Villar y la guitarra de El Peli, que nos gustaron también mucho. Bailó con fuerza y para gusto y deleite de los asistentes. Y dejó un gran sabor de boca previo al controvertido homenaje sin homenajeado. Poco más podemos aportar a lo comentado por el compañero Juan Garrido en su crónica #DesdeDentro, a pesar de que todos sabíamos que toreando en León esa misma tarde era casi imposible llegar a tiempo, los aficionados al toreo allí presentes guardaban una pequeña esperanza y, siendo Morante, no se quería renunciar a que apareciese de una u otra forma, aunque fuese para darse una pataíta final. Pero no pudo ser. No entraremos en más disquisiciones. Los hechos son los que son. Manuel Lombo hizo el quite al maestro con la elegancia de la que siempre hace gala.
Recta final para una imperial Marina Heredia que sin duda fue la gran triunfadora de la noche. Por soleá, bulerías y cuplés sedujo al respetable homenajeando como se merece a los cantes y artistas de Utrera que todos llevamos en el corazón, sin dejar de acordarse de su tierra con los consabidos tangos granaínos y Morente siempre en el pensamiento. También magníficamente acompañada por la guitarra de Rubén Lara, palmas y percusión.
Fin de fiesta grupal como es tradición con Remedios y Manuela Reyes, La Turronera y Manuela del Moya, que nos gustó especialmente y en la que pudimos notar en su prometedora evolución. Por todo lo alto, con los clásicos malagueños del cierre festero como son Remache y Cancanilla, que dejaron el mejor sabor para empezar a preparar ya el LXXI Potaje Gitano de Utrera de 2027.
No podemos quejarnos este año de casi nada. Gran cartel de artistas, organización, sonido y hasta el tiempo acompañó. Destacaría solo un par de detalles: la mencionada “no presencia” del homenajeado y, una cuestión que ocurre con demasiada frecuencia en festivales y eventos con múltiples artistas, la repetición de palos y cantes. No es el caso, pero todos los aficionados recordaremos oír incluso mismos estilos y letras en alguna ocasión y, la verdad, habiendo tanta variedad, habría que mejorar este aspecto desde las organizaciones y artistas que van a los festivales. Quizás se haya perdido esa convivencia tan cercana de hace treinta o cuarenta años entre los artistas. ¿El precio de haber ultraprofesionalizado el flamenco?
En cualquier caso, nada de esto empañó la gran noche que pasamos todos el pasado sábado en Utrera. Larga vida al Potaje Gitano de Utrera.
Texto: Fede Calderón
Ficha artística
LXX Potaje Gitano de Utrera
Patio del Colegio Salesiano de Utrera, Sevilla
27 de Junio de 2026
Elenco artístico: Marina Heredia, Antonio Reyes y Jesús Méndez. José Maya y su cuadro. Fin de Fiesta: Cancanilla de Marbella, Remache de Málaga, Manuela del Moya, Remedios Reyes y Rocío La Turronera.
Aforo: 2300 personas
(*) Si no conocen a Pitín de Utrera y tienen curiosidad, no se pierdan la entrevista reciente que le ha hecho El Hombre Descalzo.





























































































