Díganme ustedes si no es cosa de admirar. Que en estos tiempos de ruido y de prisa, de festivales que se apilan como sardinas en lata y de carteles donde lo jondo aparece como adorno entre tanto estruendo, haya quien conciba un encuentro con un espíritu y unas formas diferentes, creatividad como bandera, en las formas y en el fondo como podrán comprobar en lo que les paso a contar.
De eso va esta crónica. Del IX Cabildo Flamenco de Archidona. Obra y gracia del inefable José Luis Ortiz Nuevo —JLON en lo sucesivo, también conocido por El Poeta—, inclasificable personaje que es parte inseparable ya, no lo duden ustedes, de la propia historia del flamenco. No es objeto de estas páginas hablar de su gran obra investigadora, creadora o productora —si no la conocen, métanse en faena—, pero su alargada sombra e invisible mano aderezarán, de manera ineludible, toda la narración que sigue, incluso en las formas que adquiera este humilde narrador, como sincero homenaje al genio. Perdóneme undibé la osadía y el atrevimiento, y, sobre todo, el homenajeado Poeta y genio.
Archidona, pues. Y el Hotel Escua como cuartel general, y las instalaciones del Sunset Pool Club como escenario de luces. Un espacio a dos alturas, cada una con su tablao. Arriba la piscina, las carpas de diseño y las hamacas balinesas —que el flamenco, señores, no ha de estar reñido con la comodidad del cuerpo—, y abajo la barra y las mesas donde picar mientras se escucha, y las sillas para quienes prefieren el frente del escenario principal. Club de playa en pleno corazón de Andalucía, a quinientos metros de altura, con la Peña de los Enamorados a un lado y Archidona al otro. Verlahí lo que se diría un paisaje único.
Llegamos terminando la tarde, y lo primero fue la cerveza con el compañero Tyler Barbour, el guiri de Cadi que ya les ha contado todo con el detalle que necesiten los entendíos. Que así han de comenzar todas las cosas buenas. Y esta historia que sigue versa más de las vivencias que de lo visto u oído.
Del viernes y sus verdiales electrónicos
Abrió la noche Rocío Boterita junto a Alejandro Lévar con sus verdiales electrónicos, y no ha de ser casualidad este empaste. Que ya lo han explorado, con notable ventura, Los Voluble con El Niño de Elche en Raverdial, o Rocío Márquez con Bronquio en su Tercer Cielo. Aquí la hibridación funciona también, y a fe que ese puchero está bien cocido. Al proyecto que Alejandro lleva años fraguando con una panda de verdiales al completo se ha unido Rocío en parte como homenaje a su padre y a su herencia y vivencias. No han terminado de grabar aún por la actividad que tienen este verano. Así que no se los pierdan mientras llega su nuevo cilindro de sílice.
Continuó la noche con Kiki Morente, apoyado en la guitarra de David de Ana, hijo de la omnipresente Ana Pastrana que, junto a José Luis Solís y el mencionado Ortiz Nuevo, son sin duda la santísima trinidad del proyecto. No debe ser empresa fácil cargar con un apellido como el de los Morente. Que a cada cante, quiebro o quejío el oyente recuerda inevitablemente el eco de Enrique, que era mucho Enrique. Incontestables la entrega y el bonito color de voz de Kiki, aunque tiene encima un techo doble demasiado alto. En cuanto a David de Ana, apunta alto a pesar de su juventud, hay toque propio en ese muchacho.
Cerró primera la jornada Carlos Emblemática con su sesión. Homenaje vivo, según sus propias palabras, a su compañera Alicia Acuña. «La base de Alicia siempre fue el tablao», me dijo en un aparte el propio Carlos, a pesar de lo que pueda transmitir su innovadora y arriesgada obra. Y qué pena que el público más joven no se quedase, porque los que quedamos —veteranos y veteranas de pro— gozamos de una magnífica sesión en la línea de la de muchos DJ que hoy mezclan ritmos sintéticos con folclore, flamenco o copla. Que esa es ya tendencia, y bienvenida sea.
Unos diez grados menos que en Sevilla la Llana. Tertulia en la barra hasta las tres de la mañana. Kiki Morente y su grupo cenando en mesa al fondo, pero a la vista de todos y charlando con quien se les acercaba. A mí me dio la mano cuando se acercó a la barra solo por saludarle con la mirada. Eso es condición suya y esta es la esencia del Cabildo. Sencillez y convivencia sin aglomeraciones. Cercanía real entre artistas y público. Llámese Festival Boutique si se quiere poner etiqueta según las tendencias culturales modernas. Que el Cabildo lo es, se haya buscado o no.
De la mañana de sábado y sus molletes de Archidona
Mollete de Archidona, que no de Antequera —la rivalidad entre vecinas daría para un artículo mucho más largo—, y JLON relatándonos la historia de la Peña de los Enamorados a partir de sus investigaciones, para privilegio de los allí presentes. Paseo por el municipio y sus, para mí, desconocidas arquitecturas y pequeñas joyas como el Salón de la Radio, con su excepcional colección de equipos fonográficos. La colección de Ortiz Nuevo custodiada en la biblioteca no pudo verse —era sábado—, pero queda pendiente para la próxima edición, que no duden, se intentará repetir. Baño en la maravillosa piscina mientras ensayan Soleá y Kiko en ambos escenarios, para el recuerdo las sensaciones vividas.
El almuerzo con Gualberto García, que con la mayor naturalidad del mundo te cuenta sus aventuras con Jimi Hendrix, Frank Zappa o Mick Jagger con la misma pasión con que te habla de sus hijos, nietos y hasta bisnietos americanos. ¡Qué vértigo de vida la de ese hombre! Nos dijo que algo había en marcha, pero si no es así, es menester que alguien escriba ya su apasionante biografía.
«De esto se trata, señores y señoras. Esta es la esencia del Cabildo. Estar unos días en una burbuja de relax, buena música, cercanía, conversaciones y paseos. Un menú distinto. ¿Será este el primer Festival Boutique del flamenco? Pues según las tendencias del mercado así parece: espacios singulares, aforos reducidos, experiencia íntima y cercana hasta con los artistas, sin colas ni saturación de sonido, sin el acoso del merchandising y la propaganda»

De la mesa redonda y el Alegato
Por la tarde, mesa redonda en torno al leitmotiv de esta edición: el trigésimo aniversario de Alegato contra la pureza. Obra principal de Ortiz Nuevo. Con el propio autor, Gualberto, Paco Hidalgo, Antonio Molina, Lluis Cabrera y Norberto Torres, moderados por Ángeles Cruzado, y con la ausencia a última hora de Kiko Veneno.
Opiniones variadas sobre lo que ha supuesto y supone ese rompedor libro. Gualberto reconoció, con la mayor honestidad del mundo, que no se lo había leído, ¡que age más grande! Los padres de la criatura (autor, editor, promotor) recordaban los hechos y entre medias, el prometido pregón de apertura acabó imbricándose en la propia conversación, con aportaciones al cante de Antonio Campos y al baile de Ana Pastrana, que entraron y salieron al compás de las palabras de Ortiz Nuevo. Lujos que vive uno…
De la noche del sábado
Comienza la tarde noche con algún retraso y cambios en el programa, pero que compensamos gustosos con un poco de alterne en la pequeña barra de la piscina. A eso de las 21 h y tras la espectacular caída del sol, Ravecalé y Soleá Gatica suben al escenario del fondo bajo las carpas que simulan moreras. Techno minimalista acompañando el cante de Soleá y su flauta travesera. Homenajes a Camarón, a La leyenda del Tiempo, a Morente y a la Marelu que proporcionan disfrute a los primeros asistentes, cabales y no tan cabales. Síganles la pista y escuchen sus canciones mientras ultiman su disco.
Continúa, ya caída la noche, Raúl Cantizano en recital de guitarra con su sound box, sus samplers y su pedalera de loops. Evidente su dominio. Bien es cierto, sin embargo, que Raúl no necesitaría esos extras para tocar por derecho como muestra jugando al gato y el ratón con lo clásico y lo experimental. Precisamente esto es lo que conforma su conocida identidad musical, aquella misma en la que tantas veces le acompañó Alicia Acuña, a quien recuerda en el tramo final con la incorporación de Carlos Emblemática.
Gualberto con sus sitares —los más archiconocidos, ojú, que hayan pisado estas tierras del poniente euroasiático—, acompañado del baile de Ana Pastrana y de los recitados del conocido y nombrado poeta. No se pué soná más flamenco tocando un cacharro tan raro y tan difisi de cogé, con un pie debajo de lo que sería su cuerpo, que no es más que una calabaza. Como quien guisa una Olla Gitana mientras canta…
Sigue Kiko Veneno en trío acústico, desgranando canciones que todos conocemos y que en la recta final todo el mundo corea con entusiasmo. ¿Quién no se va a saber a estar alturas la letra de Joselito, El Mercedes Blanco o Volando Voy? Momento cumbre del festival, ¿imposible de superar estas emociones convividas? Pues no se crean, que mientras se preparan los siguientes sale José Luis al escenario y nos relata y teatraliza la famosa y divertida historia del Cipote de Archidona. Que no es cuestión de reproducirla aquí, pero quienes la escucharon ya saben. Y los que no, tienen una razón más para apuntarse al próximo Cabildo.
Cerró Chiveca, que debería haber abierto la jornada pero que un ajuste de última hora relegó al cierre. Fusión de lo flamenco con música celta, rock progresivo y bossa, propuesta de Sara Holgado y sus paisanos de Olvera. Puede que fuera ya el cansancio, pero la verdad es que no le acabamos de coger el punto a esa mezcolanza. Nada que reprochar a la interpretación de estos excelentes músicos. Fallo mío, seguro…
Del domingo y de la esencia
La mañana del domingo, desayuno con José Luis y Antonio Molina, que comentaban historias de Pastora y de cómo sentía ella «el duende en sus cuerdas vocales» o de Chaves Nogales y sus vicisitudes editoriales. De esto se trata, señores y señoras. Esta es la esencia del Cabildo. Estar unos días en una burbuja de relax, buena música, cercanía, conversaciones y paseos. Un menú distinto. ¿Será este el primer Festival Boutique del flamenco? Pues según las tendencias del mercado así parece: espacios singulares, aforos reducidos, experiencia íntima y cercana hasta con los artistas, sin colas ni saturación de sonido, sin el acoso del merchandising y la propaganda.
Y bueno, esta que les cuento fue la experiencia de quien les narra. Si quieren algo distinto, apúntenlo para el año que viene. Que el Cabildo, por si no ha quedado claro, debe continuar. Y un servidor, desde luego, ya se considera «cabildero». Lo reitero agradecido. ♦
Texto: Fede Calderón























































































