Abril de 2025. El bailaor granadino Manuel Liñán vive un momento dulce de su carrera, agotando entradas en sus espectáculos y siendo aclamado por la crítica y el público, hasta que unas imágenes de una actuación suya en el Festival de la Guitarra de Madrid, viralizada en las redes sociales, desatan la furia homófoba. Hasta medio millar de comentarios se acumulan bajo el vídeo del artista bailando, como ha hecho muchas veces en la última década, en bata de cola.
“De horror ver a este maromo de esa guisa”; “no jodan, esto es lo último que me quedaba por ver, no se le enreden los hue… en el vestido!”; “¿esto es en serio o es alguna broma?”; “prefiero interpretarlo como que fue una reunión de amigos y uno de ellos, el más gracioso con unas copas de más, protagonizó la escena con la bata y el mantón (pobre mantón) prestado de la hermana”; “vicioso, enfermo, degenerado”… Una catarata de insultos que solo se detuvo cuando el vídeo fue retirado, cuando superaba ya las 100.000 visualizaciones.
El espectáculo en cuestión ni siquiera era de Liñán, sino del guitarrista jerezano Manuel Valencia, que había contado con él como artista invitado, y no dio crédito a la reacción de los usuarios. “Yo creo que la sociedad en que vivimos en general es bastante tolerante, aunque siempre va a haber gente que no respete la sexualidad de cada persona”, expresa el músico. “Esperemos que cada vez sean menos los intolerantes. Quiero pensar que hay más gente buena que mala, lo que pasa es que los malos hacen más ruido sobre todo escudándose en las redes sociales que a menudo son como las cloacas de la sociedad donde todo el mundo vierte sus inmundicias. El flamenco no deja de ser fiel reflejo de esa sociedad de la que hablo, aunque hace tiempo que está muy abierto a todo tipo de tendencias y estéticas”.
En todo caso, el incidente ponía en el centro del debate una vieja cuestión. ¿Son los flamencos homófobos? ¿Hay sitio en este arte para la diversidad sexual? O, dando la vuelta al razonamiento, ¿es posible mantener a salvo el flamenco de actitudes que están muy extendidas en la propia sociedad española, como el machismo o la homofobia? Desde siempre ha habido prejuicios que asociaban, por ejemplo, el baile flamenco de hombres a la ambigüedad sexual, aunque también ha habido artistas que han encarnado la virilidad más ortodoxa desde esta disciplina… Y otros que hubieron de ocultar su identidad toda su vida.
“Esta gente, estoy seguro de ello, desconoce completamente la labor que hago, lo que no les impide verter todo tipo de comentarios dañinos y ofensivos”, afirma el propio Liñán. “Siempre me he sentido querido por el público y la crítica, y por una gran parte de la profesión. Esto es un reflejo social que no pertenece a mis espectáculos, viene de gente que seguramente no ha visto jamás ninguno. Y eso es lo grave”.
«Siempre que ocurre recibo mensajes como ‘no pasa nada, tú estás por encima de todo eso’. Y sí, yo sé que estoy por encima de todo eso, pero también creo que forma parte de una realidad social que debemos abordar y examinar»

Liñán recuerda que los ataques homófobos, de los que ha sido objeto desde sus inicios, llegaron a su cota más alta con el estreno de su espectáculo ¡Viva! y una posterior campaña de Nike sobre inclusión social, que tuvo por respuesta un aluvión de emoticonos vomitando porque allí se veían hombres vestidos como mujeres. “Todo esto lleva pasando mucho tiempo, y siempre que ocurre recibo mensajes como ‘no pasa nada, tú estás por encima de todo eso’. Y sí, yo sé que estoy por encima de todo eso, pero también creo que forma parte de una realidad social que debemos abordar y examinar”.
Consultada por ExpoFlamenco, una compañera suya, la gaditana Lucía La Piñona, cree que “en el flamenco existe homofobia, pero ni más ni menos que en el resto de la sociedad, a la que sí encuentro bastante homófoba. Es más, me atrevería a decir que hay menos en el mundo del flamenco que en otros entornos, ya que en el flamenco existe una convivencia muy natural entre homos y heteros”, asegura.
“No sé si las redes sociales lo han agravado, aunque no lo creo, eso sería otro tema, pero sí que dan la oportunidad de cargar en contra desde el anonimato y desde el no diálogo”, agrega la jimenata. “Y que lo que se pone en una red social viaja a una velocidad tan inmediata que no puede competir con la opinión que se da en un café, con lo que tendríamos que tener más cuidado y vergüenza a la hora de esparcir odio con tanta soltura”.
Por otro lado, la cuestión no parece limitarse al ámbito artístico, sino también a todo lo que rodea el mundillo jondo. Lo sabe bien un gestor internacionalmente reconocido como Chema Blanco, quien manifiesta su espanto ante expresiones como la que sufrió Liñán. “Yo no sé si antes de las redes ese odio era tan explícito como ahora. Pero siempre lo hubo, a pesar de tantos artistas homosexuales”, explica. “En mi caso, durante el tiempo que pasó entre que me nombraron director de la Bienal de Sevilla 2022 y el fin de la misma, la mayoría fueron ataques personales con una homofobia velada que servía para proteger a los cobardes. Es un hecho que está ahí, y en todas partes. Y me atrevería a decir que las peñas son uno de los principales centros de homofobia del flamenco”.
¿Es la homofobia una asignatura pendiente? ¿Habrá otros lamentables episodios como el del abril pasado? Manuel Liñán ha seguido bailando con bata de cola y mantón –sin ir más lejos, en el pasado Flamenco Festival de Londres– y no parece dispuesto a dejar de hacerlo. “Estoy tranquilo y emocionado por el cariño que recibo de un montón de gente, cada vez que ocurre algo así. Pero tengo que ser honesto y comprometido, y si tengo que decirle a la sociedad que la homofobia existe, lo voy a hacer, porque llueve sobre mojado”. ♦




















































































