A Lela Soto hay que quererla. Porque sí. Cuando esta gitana abre la boca se le funden a uno los plomos. Tiene carisma y verdá. Todo lo demás, sobra. Es pura. No importa que juegue en el límite de lo flamenco para apoyar sus probaturas. Porque no lo aborda desde la transgresión, ni es provocadora. Hace lo que quiere, lo que le da la gana, lo que le gusta. Y lo suyo sigue sonando flamenco. Se queja moderna, se templa en el XXI, lo adorna con giros inesperados –pero reconocibles– y riza los melismas de una garganta fina y aterciopelá al antojo de quien camina de la mano con los tiempos.
Así viene forjándose una personalidad cantaora que guarda equilibrio por los abismos que se asoman al flamenquito, mirando hacia abajo sin vértigo, porque transita amarrá a una estirpe que la mantiene firme y reverdeciendo las raíces que la empujan a la sangre. Lela es distinta. Y aunque no revuelque ni jinque las uñas a este crítico algo rancio, me gusta. Es el azote suave del fresco almíbar jerezano.
David Cordero prestó su sintetizador para el fondo sonoro y la reverb de El fuego que llevo dentro, quebrando el silencio del proscenio. Lela reinventó la toná. Con hechuras flamencas de este siglo, acarició la malagueña A mi pare Manué, sentía y canónica, acurrucaíta entre los seis cordeles de la guitarra de Rubén Martínez, cada vez más impregnado de los tiempos y cadencias de Jerez, a más de que se le ve progresión constante en el dominio del instrumento. Aun así, Lela pide más guitarra. Como la de Curro Carrasco, que subió a acompañarla en la bulería pa escuchá, con las palmas de Reyes Moreno y Juana Gómez y la percusión extraordinaria, justa y precisa de Ané Carrasco. Lela se acuerda y busca entre los fraseos albarizuelos toda una herencia de arte de la que es digna legataria aunque no cruja en el cante. En otras tesituras querría verla. Estoy seguro que araña.
«A Lela Soto hay que quererla. Porque sí. Cuando esta gitana abre la boca se le funden a uno los plomos. Tiene carisma y verdá. Todo lo demás sobra. Es pura. No importa que juegue en el límite de lo flamenco para apoyar sus probaturas. Hace lo que quiere, lo que le da la gana, lo que le gusta. Y lo suyo sigue sonando flamenco»

Refrescó los tientos con la impronta de nuevas melodías que se pegan al oído como la miel al tragaero. Tiene licencia en el apellido y sabe revalidarla con solvencia. Se queda ahí, sin salirse del todo del tiesto. Y de pronto me desbarató por tangos, espléndida y colmá de gitanería, pa chillarle unos cuantos oles o subirse junto a Manuela Carrasco y Belén de los Reyes a hacerle los coros.
No solo Lela es valiente con la propuesta y los rincones por los que pasea el cante. Ramón se quedó al desnudo con la sonanta para marcarse por bulerías un solo sencillo pero resultón, cuajao de bordoneos calientes y el soniquete de la casa.
Luego fue Diego del Morao el que a su izquierda la arropó por soleá de ella misma. Por más que cuadrara los tercios de Machango y otras variantes, todo se oyó tamizado por los caprichos flamencos de Lela, que siguió subiendo invitados para celebrar el año del lanzamiento de su disco y que «por fin he tenido el placer de presentarlo aquí en mi tierra, Jerez» Le tocó el turno a Antonio Malena hijo con el que a golpe de bulería preludiaron uno de los momentazos de la noche, cuando Lela se derrite a punto de caramelo interpretando la milonga de Chacón dotándola de guirnaldas dulces y brotes de renuevo.
Su padre Vicente Soto cantó solemne a Quevedo por tangos. Perdonó a su hija de oído por algún leve descuadre de afinación al empastar sus ricas voces. Y la bulería al 7 echó el cierre. Se formó la fiesta. La madre de la artista –Luisa Heredia– se pegó su peaso de pataíta. Y luego todos juntos menos Morao, que se najeló por ahí, echaron toda la leña a El fuego que llevo dentro pa que siga la llama viva y candente de lo que arrastra en sus venas esta gitana guapa. A Lela Soto hay que quererla. Por to esto. Porque sí. Y ya está.
Ficha artística
El fuego que llevo dentro, de Lela Soto
XXX Festival de Jerez
Museos de la Atalaya, Jerez de la Frontera (Cádiz)
27 de febrero de 2026
Cante: Lela Soto
Guitarra: Rubén Martínez
Percusión: Ané Carrasco
Palmas: Reyes Moreno y Juana Gómez
Coros: Manuela Carrasco y Belén de los Reyes
Artistas invitados: David Cordero (sintetizador), Curro Carrasco, Diego del Morao y Antonio Malena hijo (guitarras), Vicente Soto (cante), Luisa Heredia (baile)




















































































